La solución al desempleo

rebaño humano

La solución al desempleo está ahí fuera. Crear empleo no es tan difícil como se empeñan en hacernos creer nuestros gobernantes y representantes sindicales. Entablar una guerra entre empresarios y trabajadores no es la solución. Tampoco elevar más la carga impositiva a la clase trabajadora superviviente, con el fin de que sea posible hacer frente al pago de los numerosos subsidios por desempleo.  Sería cuestión, en todo caso, de forzar al gobierno a tomar medidas serias, mostrándole el camino que debe tomar. Pero, ¿Cuáles son?

La solución fácilmente deducible pero difícilmente aceptable (por los políticos y la gran empresa) es una solución fácil de explicar, realmente mucho más fácil de explicar – y de comprender –  que la necesidad de subir impuestos o de mantener el elevado gasto del dinero público.

Podemos quizá considerar a nivel macroeconómico el trabajo, la producción y la demanda, y si lo hacemos con la necesaria precisión ya habremos encontrado la respuesta evidente y por ende la solución ( me fascina cómo la mayoría de los genios de la economía simulen tan bien no darse cuenta).

O podemos dejarnos de jerga economicista, pues a fin de cuentas estamos hartos de que esta sólo sirva para justificar los mayores desmanes, y emplear el lenguaje llano de la calle (no barriobajero).

Optaré por una explicación de ciencia económica eminentemente práctica.

Definamos el desempleo como la situación en que, en una sociedad determinada, en mayor o menor medida se da un exceso de tiempo de trabajo (y/o productividad) para producir los bienes y servicios consumidos. (a corto plazo se producirá una acumulación de Stok). Es decir, habrá paro cuando no se equilibran el tiempo de trabajo global, ni quizá la productividad, con las necesidades de tiempo-trabajo para que una población global obtenga los bienes y servicios necesarios para alcanzar un nivel optimo de calidad de vida. Luego no es aceptable el argumento de que el desempleo sea debido a una falta de preparación profesional, aunque algunos empleadores tienen muchas fantasías respecto a la capacidad de sus empleados. Sencillamente no hace falta producir más, por mucho que los expertos en marketing se empeñen en que sus clientes vendan.

estabilidad del desempleo

Llegados a este punto ya tendremos que hacer una importante consideración, la cual ya nos aporta una de las soluciones. El tiempo de trabajo global es el producto del número de trabajadores por las horas trabajadas por cada uno de ellos. Si se precisa menos número de horas de trabajo global (por la caída de demanda, pero también por incremento de la productividad) y a la vez las horas por trabajador se mantienen inflexibles, la otra variable – esta sí flexible – será el número de trabajadores empleados. (ciertamente, los trabajadores somos mucho mas flexibles que el Estado, e incluso que el aguante de los empresarios ante un decreciente beneficio). Es evidente que la flexibilidad del número de horas/trabajador es relativa, pero hoy por hoy nos movemos en la rigidez total.

Otra consideración objetada por muchos es que dados los salarios mileruristas de la mayoría, no parece que quede mucho margen de maniobra para reducir jornadas y sueldos. Aparentemente, porque en realidad mil euros equivalían a nada menos que 166.386 pesetas, y hace no tantos años una familia podía vivir con ello sin demasiados problemas. ¿Qué ocurrió, pues? Pues que el Estado nos empobreció año a año con la inflación con la que financia el gasto público; que hizo la vista gorda con la burbuja inmobiliaria (pues le convino, por los ingentes ingresos fiscales); que se han creado muchos gastos nuevos (e incrementado los impuestos), que los profesionales del marketing hacen muy bien su trabajo (creando necesidades estrafalarias), etc.

Un Estado tan rígido que prefiere no bajarse del burro a la hora de cobrar impuestos de país de primera (pero con servicios de segunda), ni si se trata de reducir el gasto público de la Administración ( o administraciones), de las grandes obras públicas y los gastos en seguridad y defensa desproporcionados, entre otros muchos.

También existen rigideces en cuanto a la creación de nuevas empresas, contratación, etc, (puede que también de despido, en algunos casos) que dificultan una dinámica ágil del mercado de trabajo. Quizá también cabría considerar el dispendio de mantener unos sindicatos que no cumplen ya ninguna función útil en cuanto a la protección del trabajador, sino mas bien todo lo contrario.

presidente_del_desempleo

Comparando el nivel de vida de la década de los 80 con el que tenemos 20 años después, veremos que la nueva generación de jóvenes familias necesita dos sueldos de empleo a jornada completa para pagar la hipoteca y poder “vivir” un poco. (eso se lo debemos también a la “ceguera” de los sucesivos gobiernos, que no supieron o quisieron ver la burbuja inmobiliaria a tiempo).

Posteriormente se ha incrementado la población activa y se ha multiplicado la productividad. Pero a la vez (o en parte como consecuencia) hemos vuelto a niveles anteriores de desempleo, inseguridad y  precariedad laboral.

Y además estamos mucho más endeudados, el medio ambiente se halla más deteriorado, y han proliferado enfermedades tan graves y/o masivas como el Alzeimer, la Diabetes o el Cáncer, mucho más frecuentes que antes (y no es cuestión de explicarlo -hipócrita o ingenuamente- por la mejora en el diagnóstico o el incremento de la esperanza de vida). Consecuencia: se ha disparado el gasto sanitario a niveles pronto inasumibles. No me cabe ninguna duda de que esta clase de enfermedades son el precio a pagar por el desarrollo, igual que lo es el propio desempleo, la destrucción de la diversidad biológica…, quizá incluso el cambio climático sea antropogénico, quien sabe. De ésto no estoy tan seguro, pero parece que los medios lo tienen más fácil para demonizar un efecto cuyas causas son responsabilidad de todos nosotros, y no de unas pocas megacorporaciones sin escrúpulos.

Pero vayamos por partes y al grano. Hemos de ser capaces de entender que es una soberana estupidez pretender que el pleno empleo es algo alcanzable con jornadas a tiempo completo y con la elevada productividad actual, a menos que una nueva forma de medir el desempleo pueda maquillar convenientemente las cifras reales, o que la precarización infinita sea considerada como más deseable (para el Estado y en concreto para el fisco) al desempleo con protección.

También sería bueno que se ordenaran las ideas, las premisas y los razonamientos que derivan de éstas.

Por ejemplo: No es necesario para nadie trabajar 40 horas a la semana. No se va a resentir la salud de los trabajadores por reducir sus jornadas a 5 horas diarias si tuvieran acceso a los bienes y servicios necesarios para llevar un nivel de vida satisfactorio. El trabajo no es tan saludable como cuentan algunos malintencionados (al menos tal como hoy se plantea), y de ser cierto los ricos lo acapararían todo, como hacen con todas las cosas buenas que se pueden comprar.

Si no es tan saludable trabajar tanto, y además resulta que nuestra productividad elevada acaba haciendo innecesarios algunos puestos de trabajo adicionales, ¿Por qué no reducir las jornadas y repartir el escaso empleo? Hay infinitas fórmulas: Reducción de la jornada diaria, semanas más cortas, años sabáticos, puestos compartidos, jubilaciones anticipadas. ¿Qué cómo se compensa?  Por ejemplo reduciendo los impuestos de las empresas derivados de la contratación (SS, IRPF) Ingresos que el Estado ya no precisaría porque se eliminaría el derroche de éste; aligerando la administración, reduciendo el número de funcionarios, aplicando sentido común en al gasto público, idem en salud ( especialmente en medicamentos), lo mismo que en defensa y seguridad, etc, etc. La productividad hora se mejoraría sustancialmente.  Y por supuesto, los perceptores de subsidios por desempleo serían mucho menos numerosos. Imaginación.

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Hablando de imaginación: pensemos en lo que podría acarrearnos la loca idea de trabajar menos y  reducir el gasto del Estado. Pero para ello antes deberíamos aceptar que el crecimiento económico no sólo no es deseable sino que es algo que debe evitarse, y que el desarrollo sostenible no existe y no puede existir porque va contra toda lógica, igual que las máquinas de movimiento perpetuo,  fantasía de inventores de mentes febriles que presuponían que era posible saltarse los principios universales de la termodinámica.

Igualmente, el crecimiento sostenido dentro de un sistema cerrado como es el ecosistema de la Tierra, e impulsado por una energía crecientemente escasa (al menos marginalmente), unas materias primas de creciente carestía por su escasez, y un sistema monetario basado en el crédito y por consiguiente en la creación de deuda, es algo inconcebible si se dispone de un mínimo de sentido común, del que parecen carecer sin embargo los economistas acríticos de la corriente de “pensamiento “ dominante y los políticos profesionales de todo el mundo.

Si trabajaramos menos estaríamos más descansados, menos tensos, seríamos más creativos, sociables, saludables… y más productivos… también en el trabajo, por supuesto. Podríamos ir arrinconando la comida precocinada, hacer más ejercicio, tener más contacto con familia y amigos, cultivar aficiones artístico-creativas, etc. El Estado gastaría menos en seguridad social (pues hoy la prevención en salud brilla por su ausencia), habría menos bajas laborales por enfermedad y absentismo injustificado, depresiones, problemas de espalda y otros de carácter psicosomático.

Para que ello fuera posible el Estado debería cambiar ciertas cosas. Debería permitir a la ciudadanía que pudiera vivir bien con “menos ingresos”, pero a costa de que el dinero recuperara su antiguo valor, es decir, que ciertas cosas como el derecho a una vivienda digna volvieran a ser una realidad y no palabras huecas. Si se revienta la burbuja inmobiliaria y la vivienda recuperara su valor de utilidad que le corresponde, un trabajador medio no necesitaría pasarse la vida entera pagando un sencillo piso de ciudad. El Estado también debería gestionar adecuadamente el urbanismo, reduciendo las necesidades de desplazamiento, especialmente con vehículo privado. Los impuestos deberían ser preponderantemente indirectos (salvo quizá para los más ricos), pero repercutiéndose según los bienes o servicios sean más o menos necesarios. El coste salarial de los trabajadores debería facilitar la contratación, por lo que debería reducirse al mínimo la carga que impone el Estado.

Sólo influyendo sobre vivienda, transporte y seguridad social, la reducción de gastos que ello supondría permitiría que con un tercio menos de los ingresos actuales la mayor parte de los trabajadores ya podrían vivir con más calidad de vida que hoy. Sobre todo porque dispondrían de más tiempo libre y por tanto podrían disfrutar de todas las ventajas enumeradas anteriormente.

Olvidaba mencionar que no sería necesario dedicar tanto dinero a una formación superior que hoy por hoy crea mayoritariamente titulados superiores frustrados y mal pagados. Y es que quizá la universidad tiene como función oculta (secundaria) reducir las cifras de parados, manteniendo ocupados a cientos de miles de jóvenes que quizá preferirían estar trabajando y ganando un sueldo si tuvieran realmente esa posibilidad.

Todo esto supone el “adelgazamiento” del Estado, por si no lo han advertido.

Una solución genial, ¿no?: barata, sin sacrificios para los trabajadores, fácil de llevar a cabo, y con múltiples variantes. Lástima que presupone la casi desaparición del Estado como nido-incubadora de burócratas (altos funcionarios) caros, innecesarios e incompetentes, lo cual lo hace ganarse muchos enemigos a la idea y a sus defensores.

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6 comentarios el “La solución al desempleo

  1. Hola.

    La entrada es muy imaginativa y tal como la planteas me parece no solo coherente, sino deseable. Sin embargo, tengo una duda: ¿las pensiones también correrian a cargo del Estado o se dependería del ahorro propio?

    • Las pensiones deberían correr a cargo del ahorro, tanto própio como colectivo (del Estado, si lo prefieres), pero además, el planteamiento de la economía debería integrar el concepto de decrecimiento y de eficiencia económica, con lo cual el gasto podría reducirse en muchos frentes, sin tener que repercutir en la calidad de vida de los mayores, y especialmente en la de los menos favorecidos.
      Las pensiones tal como están planteadas no tienen muchos años por delante, dado que suponen una solidaridad intergeneracional que depende de que número de cotizantes siempre sea muy superior al de perceptores de pensión. La pirámide de edades y el própio sistema piramidal explica por qué la seguridad social no durará mucho años, tal como es ahora. Mira si no como acabó el negocio de Madoff y asociados, muy similar al funcionamiento de la seguridad social, en el que los mas antiguos “inversores”, en este caso cotizantes, se benefician de las aportaciones de lo más recientes. Pero como lo hace el Estado no sólo no hay “delito, sino que ni siquiera se reconoce el grave error de planteamiento.

  2. Completamente de acuerdo.
    Son tantas cosas las q diría…. haré referencia a varios párrafos del libro “utopía”, pues creo q viene al caso….

    1
    Moro parte del supuesto de que el único factor productivo en la sociedad es el trabajo manual; éste es, por consiguiente, el único título legítimo para acceder a los bienes de consumo. Ahora bien, una simple mirada a su contorno le convence de que la clase de los obreros es la más desposeída y despreciada, mientras los ociosos acumulan riquezas y se les tiene por nobles. La causa de ello es que existe un medio, el dinero, que abre camino a la adquisición de todo cuanto se produce, sin que el dinero sea preciso obtenerlo trabajando. Concluye entonces que el oficio cumplido por la moneda es el que le corresponde al trabajo y sólo a éste. En Utopía no hay dinero; el instrumento generalizado para adquirir bienes es el trabajo. El dinero da lugar a una disfunción intolerable: él y los que lo tienen dan la impresión de ser los sostenedores de la sociedad, cuando ni uno ni otro son necesarios,antes perjudiciales. Si desaparecieran, no se notaría su ausencia (a no ser por lo que mejoraría); en cambio, si los agricultores, los carboneros, los cocheros, etc., faltaran, en un año se hundiría la sociedad.

    El dinero es causa de los robos, crímenes, tumultos, sediciones, muertes y todos los demás males de una ciudad. El dinero, inventado para ayudar al hombre, es la causa de todas sus miserias y de su pobreza especialmente.

    2
    Los alimentos se han vuelto mucho más caros en muchos sitios. Incluso el precio de las lanas ha subido hasta tal punto que nuestros fabricantes de paño no pueden en absoluto comprar lanas más finas, siendo muchos los que por esta causa pierden el trabajo y pasan a la ociosidad. Y es que, así que ampliaron los pastizales, una epidemia diezmó brutalmente el número de ovejas, cual plaga lanzada por Dios contra las ovejas para vengar la codicia de sus amos, aunque hubiera sido más justo si la hubiera dirigido contra las mismísimas cabezas de ellos. Por otra parte, por mucho que aumente el número de ovejas no por eso disminuirá su precio, pues están bajo el control si no de un monopolio, porque no se puede llamar así cuando no es uno solo el que vende, ciertamente de un oligopolio. Cayeron, en efecto, casi exclusivamente, en las manos de unos pocos, justo de los ricos, los cuales no tienen prisa alguna en vender antes de que les parezca oportuno, y no les parece oportuno antes de que el precio se lo parezca.
    (ESTO SE VE CLARAMENTE CON LA BURBUJA INMOBILIARIA, Y CON TODOS LOS PISOS QUE TIENEN LOS BANCOS, QUE DEMORARÁN SU VENTA TODO LO Q PUEDAN).

    3
    Aquí, empero, es preciso analizar más de cerca un extremo para que no os llevéis a engaño. Porque es posible que pienses que, como consecuencia de trabajar úncamente seis horas, habrá cierta escasez de las cosas necesarias. Lo que está tan lejos de ocurrir que ese tiempo no sólo es suficiente sino que sobra incluso para producir en abundancia cuanto se requiere así para el sustento necesario de la vida como para su comodidad. Esto lo veréis vosotros también si reparáis en la parte tan grande de la población que, en otros países, pasa la vida inactiva. Lo primero, casi todas las mujeres, la mitad de la suma total; o si, en alguna parte trabajan las mujeres, allí roncan los varones el día entero en vez de ellas. Ítem más, de los que dicen ser sacerdotes y religiosos, ¡qué turba tan grande y tan ociosa! Añade los ricos todos, máxime los dueños de las tierras a los que vulgarmente llaman hidalgos y nobles, entre los que has de incluir su famulicio, esa jarcia, se entiende, de pelafustantes embroquelados. Suma, finalmente, a los mendigos robustos y sanos que pretextan una enfermedad cualquiera para su pereza. Te darás cuenta que aquéllos gracias a cuyo trabajo existe todo eso que consumen los mortales son, a buen seguro, muchos menos de los que habías pensado. Toma razón ahora de qué pocos entre ellos desempeñan oficios necesarios, pues donde todo lo medimos con el dinero es necesario ejercer muchas artes fútiles y superfluas por completo, al servicio no más del lujo y la sensualidad. Porque si a esa multitud que ahora trabaja se la repartiera entre unos pocos oficios, los pocos que requiere una explotación adecuada de la naturaleza, con la abundancia tan grande de bienes que entonces se seguiría necesariamente los precios bajarían a tal punto que los artesanos no podrían vivir de ellos. Ahora bien, si todos éstos que están ocupados en oficios improductivos y la masa entera que languidece en el ocio y la desicia, de los que uno solo cualquiera consume de los bienes producidos por las fatigas ajenas lo mismo que dos de sus productores, si a todos ellos se les pusiera manos a la obra, y a una obra útil, fácilmente advertirás qué poquito tiempo sería bastante y de sobra para suministrar todo lo que reclama la necesidad o la comodidad (añade, incluso, el placer, uno que sea, por supuesto, verdadero y natural). Y esto es precisamente lo que los hechos ponen de manifiesto en Utopía. (CABE DESTACAR QUE EL AUTOR VIVÍO ENTRE LOS SIGLOS 15-16, AHORA, EN EL SIGLO 21, EL AVANCE TECNOLÓGICO HA SIDO TAL, QUE LAS MÁQUINAS NOS HACEN MUCHO MÁS FÁCIL EL TRABAJO, POR LO QUE NI SIQUIERA HARÍAN FALTA ESAS 6 HORAS DE TRABAJO, SI NO MENOS. CABE DESTACAR, TAMBIÉN, COMO ACTUALMENTE ESTAMOS EN UN PARO TAN ALTO, DEBIDO EN PARTE, A QUE LA RIQUEZA ESTÁ EN SÓLO UNOS POCOS. HAY TRABAJO DE SOBRA EN EL MUNDO SI EL DINERO ESTUVIERA BIEN REPARTIDO, SI SE PENSARA MÁS EN EL BIEN COMÚN QUE EN EL DE UNO MISMO. QUÉ POCO HEMOS AVANZADO, ENGAÑADOS POR EL CONSUMISMO, POR EL DINERO, POR LA INFELICIDAD)

    Todo lo q propones me parece mucho mejor que lo que tenemos en la actualidad. Lo complicado es q es casi imposible. Quizás dentro de infinidad de años, pero ahora, con todo como tienen controlado, lo veo prácticamente imposible.

  3. La solución definitiva al desempleo

    Subir el nivel de salarios provoca desempleo y al contrario bajar ese nivel aumenta el empleo. Esto que se dice muy pronto habría que argumentarlo. Se me ocurren muchas formas de llegar a esa conclusión, pero para no perder el tiempo me iré a una rápida y concluyente.
    Si ahora mismo en España elevásemos el nivel de salarios hasta el que disfruta Alemania probablemente ahogaríamos a la mayor parte de las empresas nacionales y las plantas de producción que mantienen aquí las multinacionales volarían a otros países. En cambio si el nivel de sueldos de España descendiese al nivel que tiene ahora China manteniendo los medios y la formación de que disponemos, no habría personas España para cubrir la oferta de empleo que se generaría, ya que todo lo que fabricamos ahora en China volvería a fabricarse aquí y las multinacionales aumentarían sus plantas de producción en España. Ni un extremo ni otro, pero entre ambos tendrá que haber un punto de equilibro en el que la oferta de empleo se equipare a la demanda y por supuesto no es el que tenemos ahora. La solución al desempleo pasaría entonces por encontrar ese punto de equilibrio, tarea que podría ser más o menos compleja y lo verdaderamente complejo implantarlo y mantenerlo en el tiempo. Para llevar a cabo esas tres tareas sin que para ello haya que dedicar un ministerio completo a esa labor propongo una solución.

    Se trataría de establecer un coeficiente corrector de salarios y pensiones que afectaría al cobro de toda nómina, pensión, prestación por desempleo o cualquier otra cantidad que perciba cualquier persona física que tenga origen en la prestación de un trabajo y cuya cuantía esté fijada por contrato, convenio colectivo o cualquier otra fórmula que impida a una de las partes exigir libremente la modificación de dicha cuantía en el momento que lo desee. Este coeficiente tomará valores por debajo de 100%, igual que 100% o por encima de 100% y afectaría al líquido a percibir no al nominal del salario que permanece intacto.
    De esta forma habrá periodos de bonanza en los que se cobre más que el salario nominal, periodos de crisis en los que se cobre menos que el salario nominal o periodos neutros en los que se cobre exactamente el salario nominal.
    Las negociaciones colectivas así como las revisiones por el IPC se harán sobre el salario nominal y seguirán su curso exactamente igual que hasta ahora con independencia de este coeficiente.

    Una fórmula objetiva para calcular ese coeficiente podría ser la siguiente aunque por supuesto se puede discutir:

    Coeficiente corrector = 115 % – 2 x Tasa de desempleo en %

    Estableciendo un límite inferior en 90%

    Con lo cual el coeficiente sería = 100 con un tasa de paro del 7,5%, tomaría valores por encima de 100 con tasas de paro inferiores al 7,5% y bajaría por debajo de 100 con tasas de paro superiores al 7,5%, si bien no bajaría de 90 para tasas de paro superiores al 12,5%.
    El cambio de coeficiente se haría por semestres o años para darle cierta estabilidad.
    La idea en definitiva, es ligar los salarios con la tasa de desempleo de una forma objetiva y sencilla provocando así su autoeliminación.
    En principio dicho coeficiente puede ser el mismo para toda España aunque se podría estudiar discriminarlo por regiones para impulsar las regiones con más desempleo.
    La fórmula puede ser esta u otra similar lo importante es que con ella queden satisfechos los sindicatos, la patronal y los partidos políticos y una vez establecida debe respetarse en el tiempo.
    Alguien podrá decir que esto beneficia a los empresarios, nada más lejos de la realidad, para los empresarios los salarios son un gasto más que repercutir en el precio y si bajan los salarios bajará los precios porque sus competidores los van a bajar.
    Otros podrán decir que esto se aplique sólo a las empresas con pérdidas, craso error, con ello premiamos a las empresas peor gestionadas cuando lo que habría que hacer es todo lo contrario, lo justo es mover todos los salarios en la misma proporción para no afectar al equilibrio entre unas empresas y otras y entre unos trabajadores y otros.
    Los más dirán que no se consienten a que le bajen la paga mensual, a estos hay que decirles que cuando hay desempleo el Estado coge parte de su salario y lo reparte entre los desempleados, ¿no sería mejor que esos desempleados sigan en sus puestos produciendo bienes y servicios aunque sea bajandonos un poco el salario?
    Una de las últimas propuestas es ligar los salarios con la productividad. ¿La productividad de quien? del trabajador, de la empresa y ¿como se mide? Entre otras cosas sería injusto y desde luego complicadísimo de implementar en la mayoría de los trabajos y probablemente al final los salarios seguirían siendo rígidos.
    No hacer nada también es una solución, sólo hay que esperar que caigan un número suficiente de empresas incapaces de pagar los salarios actuales volviendo a abrir otras que contraten a los mismos trabajadores pero con salarios inferiores o bien a base de ERES despedir a empleados fijos para que igualmente terminen cambiando de empleo con remuneración inferior, todo ello a base de subvenciones y exenciones fiscales. Solución lenta, costosa y sobre todo injusta porque al final los que se sacrifican son sólo una parte de los trabajadores, aquellos a los que les cogió en empresas más débiles, mientras todos aquellos que tuvieron la suerte de estar en la administración o en las empresas que no cayeron, siguen con sus sueldos intactos. Con esto último lo que quiero decir es que el final es el mismo si queremos subir el empleo hay que bajar el nivel medio de salarios de una forma o de otra y mientra antes se haga menos tiempo durará el desempleo.
    En el mercado de materias primas cuando la oferta de un producto excede a la demanda, no se tira a la basura el excedente, sino que se ajusta el precio automáticamente para elevar la demanda volviendo al equilibrio. Si los salarios cotizasen en el mercado diario de materias primas no existiría el desempleo pues del equilibrio entre oferta y demanda surgiría diariamente el nivel de salarios ideal. Evidentemente es impensable un mercado como el de materias primas para el empleo no obstante el juego entre oferta y demanda de empleo sigue las mismas leyes que aquel la principal diferencia es la velocidad de ajuste. El precio de una materia prima estándar como el petróleo o el acero se reajusta en cuestión de horas o minutos, en cambio el mercado del empleo tiene varias características que lo hacen excesivamente lento comparado con la velocidad que hoy tiene la economía, una es que no es una materia prima estándar pues no todos los trabajadores sirven ni están formados para todos los trabajos. Otra característica que hace lento el mercado del empleo es la rigidez de los salarios, como muy rápido se renuevan anualmente y normalmente su variación obedece poco al estado real de la economía, sobre todo si se trata de bajarlos. Esta rigidez se podría solventar en parte con la solución que propongo.
    Lo que hay que tener claro es que mientras mas personas vayan a su puesto de trabajo más bienes y servicios se producen, bienes y servicios que al final nos repartimos entre todos (empleados y desempleados) y esto es lo que nos da riqueza, el salario es sólo un instrumento, no es un bien en si mismo.
    La receta anterior sólo puede luchar contra el desempleo coyuntural no puede hacer mucho contra el desempleo estacional, el desempleo friccional o el desempleo estructural.
    El desempleo estacional es inevitable si existen sectores con actividad estacional, en el caso de España no son pocos, siendo el turismo y la agricultura los que aportan el grueso del desempleo estacional y para colmo el empleo que apartan es de malísima calidad (poca cualificación por lo tanto bajo sueldo y mucha inestabilidad). ¿Como se lucha contra este desempleo? Lo primero que se nos puede ocurrir es eliminar estos sectores (curioso que llevamos años y años empeñados en ampliarlos a base de subvenciones), por supuesto erradicaríamos el desempleo estacional para siempre, pero bueno, igual no hay que ser tan drásticos. Lo que si hay que procurar es que estos sectores sean rentables por si mismos y no haya que andar haciéndolos rentables a base de subvenciones y exenciones fiscales, y en esas subvenciones incluyo las prestaciones por desempleo que se les paga a estos desempleados, que no quedan cubiertas ni por asomo con sus cotizaciones. Así pues las empresas con actividad estacional deben conseguir ser rentables y pagarles a sus empleados sueldos altos que compensen la eventualidad, de forma que no necesiten apoyarse en las prestaciones por desempleo, en caso contrario deben desaparecer y dejar su sitio a otro tipo de empresas.
    Ya que he nombrado las subvenciones quiero reflejar una cuestión que siempre me he planteado. Cuando se subvenciona o incentiva alguna cosa al cabo del tiempo tendremos más cantidad de esa misma cosa, entonces ¿Porque siempre subvencionamos a las peores empresas en vez de subvencionar e incentivar a las mejores?

    Estepa a 12 de marzo del 2011
    Manuel José Sánchez Fernández
    menchuman@eresmas.com
    torremol@wanadoo.es
    (Se admiten mejoras)

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