Reconozco que soy un entusiasta de las metáforas, aunque también he de reconocer que éstas se pueden usar abusivamente , como quizá haga yo mismo; no puedo evitarlo, después de todo.
Las primeras metáforas que evoca mi incontrolable mente al hojear un periódico abandonado de ayer se deben a la noticia de que el famoso y rentable director de cine James Cameron ha anunciado en Japon su interés en un nuevo proyecto económico-artístico basado en las consecuencias de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagaski. Bravo por él, pues aunque gana dinero -y mucho- lo hace al menos con historias entretenidísimas y visualmente muy atractivas que, por si ya fuera poco, aportan mensajes aleccionadores. Ya me explayé abundantemente sobre una de sus famosas películas en el post “El hundimiento del Titánic”, que recomiendo leer a los visitantes (accidentales o no) de este humilde y ecléctico blog.













