¿Televisión? No. Gracias

Existen buenas razones para no ver la TV. Todo lo que nos exige el televisor es encenderlo y sentarnos frente a él.. Mientras vemos la televisión no nos relacionamos con los demás, no leemos, no realizamos ninguna actividad creativa, no resolvemos ningún asunto pendiente, no jugamos, no pensamos por nosotros mismos y perdemos de vista lo que nos rodea.
La televisión utiliza trampas para atraernos. Se aprovecha de nuestra capacidad instintiva para estar alerta. Cualquier movimiento, cualquier cambio, atrae nuestra mirada. Nos engancha con una continua sucesión de acontecimientos y la consecuencia es que permanecemos quietos ante ella, a la espera de lo que va a suceder dentro de un segundo. Entrar en el extraordinario mundo de la televisión tiene consecuencias negativas. Una de ellas es el aislamiento. Mientras permanecemos callados y sentados nos hacemos la ilusión de que nos relacionamos con los cientos de personas que aparecen tras el cristal. ¿Y para qué viajar si ya vemos paisajes y curiosidades de todo el mundo? La televisión fomenta la pasividad. Vemos las noticias políticas y las tertulias, donde supuestamente está reflejada nuestra opinión, y nos creemos que participamos en la marcha de la sociedad. Pero también nos atemoriza: nos tiene al tanto de todos los crímenes y accidentes y así nos convence de que el ser humano es malo por naturaleza (infundir miedo siempre ha sido una táctica del autoritarismo). Despierta esperanzas e ilusiones falsas. Los agotados espectadores ven cómo se gana dinero sin trabajar en los concursos. La publicidad, además, les quiere convencer de que comprando objetos serán mejores y más felices. A fin de cuentas, la televisión ofrece sustitutos para las necesidades reales, es decir, una vida falsa que aleja de la auténtica.
13 años de una vida
Si nos fijamos en la gente que nos rodea, nos daremos cuenta de que muchas personas viven más en ese mundo creado por la televisión que en la realidad. Según encuestas realizadas, las personas de 25 a 44 años permanecen ante la televisión una media de 3 horas diarias. Las personas de 45 a 64 años la ven durante 4 horas y las mayores de 65 durante 5 horas diarias. Los niños, hasta la edad de 12 años, la ven durante más de 3,5 cada día, pero nuestra experiencia nos dice que pueden ser algunas horas más. Si tomamos esas cifras por correctas, resulta que una persona de 81 años ¡habrá pasado 13,5 de su vida ante la pantalla! La distribución de los muebles en el 99% de las viviendas demuestra que la televisión es el objeto sagrado de nuestra sociedad. Para la tele, cada vez más grande, se reserva el mejor rincón del salón y en torno a ella se dispone el convencional tresillo. Al mediodía, a la hora de comer, se disponen los platos de forma que todos puedan ver la televisión, y mucha gente ha adquirido la costumbre de cenar en el sofá ante el aparato.
¿Por qué esta dependencia? ¿Es voluntaria esta fuga de la realidad? El escritor estadounidense Jerry Mander escribió en 1978 un libro titulado Cuatro buenas razones para acabar con la televisión. En uno de los capítulos explica las características de la extraña conexión entre el cerebro y el tubo de rayos catódicos, que expone nuestras retinas a una luz directa parpadeante que produce una especie de efecto hipnótico. Según Jerry Mander, por la forma en que las imágenes son procesadas por la mente, la televisión inhibe los procesos mentales por los cuales nos relacionamos con el entorno: \“La televisión parece ser un instrumento para el lavado de cerebro, la inducción del sueño y/o la hipnosis y no un medio que estimule los procesos de aprendizaje consciente\”.
Los lectores recordarán una noticia que se produjo en el mes de marzo de 1997. Cientos de niños japoneses sufrieron un ataque de epilepsia mientras veían su serie preferida de dibujos animados. El desencadenante fue una idea del creador de la serie: una intensa luz blanca que parpadeaba de forma regular. Aunque los efectos no lleguen a estos extremos, se puede decir que todos somos víctimas potenciales de las artimañas de la televisión si nos postramos pasivamente ante ella. ¿No os habéis preguntado nunca por qué casi siempre se enciende el aparato con un gesto automático, sin que se desee ver un programa concreto? Lo podéis llamar fuerza de la costumbre o necesidad de proporcionar a un cerebro adicto su dosis diaria de televisión.
Efectos negativos
Los más perjudicados son los ojos. Si miramos durante muchas horas una imagen que está siempre a la misma distancia, nuestros ojos se acomodan y pierden flexibilidad para enfocar otras distancias. Los niños que miran demasiado la televisión y más cerca de lo debido, acostumbran a tener problemas. Los médicos reconocen que ver la televisión a menos de 3 metros de distancia resulta claramente perjudicial, sin embargo pocas veces se respeta esta distancia. Además si el aparato está cerca estamos bajo la influencia de un campo electromagnético que afecta a nuestra salud produciendo estrés, dolores de cabeza e insomnio.
Otro efecto de la televisión es que limita nuestra sensorialidad, es decir, nos ofrece una experiencia bastante pobre. Es una imagen cuadrada de unos cuantos centímetros de ancho, sin la dimensión de la profundidad, y con unos colores más o menos acertados. Si nos acercamos con una lupa veremos cómo la imagen se descompone en cientos de puntos. No hay olor, ni tacto, ni temperatura… Mientras permanecemos ante la pantalla dejamos de utilizar al menos el 90% de nuestra capacidad para percibir y sentir. El comportamiento también se ve alterado por la televisión. Muchos expertos señalan que provoca hiperactividad, tanto en niños como en adultos, porque en la televisión no dejan de suceder cosas, mientras el espectador debe permanecer quieto. Cuando la televisión se apaga, los televidentes, niños o adultos, buscan la acción. El problema es que los hiperactivos quieren hacer muchas cosas pero nada en concreto, lo que en definitiva significa pasividad. Los niños especialmente, pero también los adultos, basan buena parte de su comportamiento en la imitación. Los niños quieren imitar a sus héroes de dibujos animados, que a menudo se comportan de forma muy violenta cuando luchan contra sus terribles enemigos. Si tenemos en cuenta que un niño menor de 4 años es incapaz de distinguir entre la realidad y la ficción,
¿qué imagen se formará sobre el mundo en el que le ha tocado vivir? Pesan en el platillo negativo de la balanza la visión de miles de asesinatos, escenas sexistas y modelos de comportamiento indeseables. La violencia más atroz está descaradamente presente incluso en los programas infantiles. Por no hablar de las películas para adultos (pero también vistas por los pequeños), casi todas basadas en un único argumento, repetido hasta la saciedad, de \”persecución del asesino persecutor\”. Otro de los efectos negativos de la televisión es que limita la conversación. Los miembros de una familia pueden comentar lo que están viendo, pero los temas les resultan ajenos. Es difícil hablar de lo que uno ha hecho a lo largo del día, de los asuntos que nos importan o de las preocupaciones personales.
La mala calidad de la programación
A pesar de que la gente ya ve demasiado la televisión, se pide que la calidad de la programación mejore. ¿Para verla aún más? Lo más acertado que se haya dicho sobre cómo debe ser una buena programación lo sugirió un director de la televisión pública británica en los años setenta. Aseguró que su intención era hacer una televisión tan educativa y tan suscitadora de intereses intelectuales, que los espectadores dejarían progresivamente de verla para dedicarse a cultivar sus aficiones. Este director duró muy poco en el cargo y, desgraciadamente, los responsables de todas las televisiones actuales no tienen los mismos objetivos. La televisión nos desinforma. Es sorprendente la cantidad de gente que está convencida de que no se puede estar al tanto de las cosas sin ver la televisión, como si no existieran fuentes más rigurosas y más ricas de información. Habría que decirles a estas personas que existen miles de temas y puntos de vista que casi nunca aparecen en televisión y sobre los que es muy enriquecedor pensar. Todos estos temas forman parte de la realidad. Pero es que la esencia de la televisión no es la formación ni la información, sino la publicidad. Los programas luchan para concentrar el mayor número de espectadores en el momento que aparece la publicidad. Ésta no se limita a los tradicionales anuncios, sino que se cuela en los programas de entretenimiento e incluso en los decorados de los programas de ficción. En realidad, la publicidad no sirve para financiar los programas sino que los programas se hacen para que veamos la publicidad. Parece un punto de vista cínico, pero es así como funciona una empresa de televisión. Sólo los canales de pago podrían romper esta dinámica. La consecuencia de todo esto es que se promueve desaforadamente el consumismo y, lo que es peor, desde la más tierna infancia (los niños ven una media de 18.000 anuncios al año). Para hacerlo, la publicidad, mediante mensajes cargados de intenciones e ideas estereotipadas, despierta el deseo de comprar. Por ejemplo, la publicidad de coches suele llevar el mensaje implícito de que los hombres compradores resultarán más atractivos a las mujeres y se distinguirán socialmente por encima de los demás. El resultado de este tipo de publicidad es que la gente acaba comprando por comprar y, la mayoría de las veces, adquiere productos totalmente innecesarios.
La gran decisión
Si no quremos pasar por lo menos 13 años de nuestra vida ante la pantalla, debemos empezar a cambiar las costumbres. El primer objetivo debe ser recuperar el tiempo para gozar de otro tipo de experiencias más enriquecedoras. El segundo objetivo será poner la televisión en el sitio que le corresponde como electrodoméstico y utilizarla sólo cuando nos interese de verdad. Pero romper con esta relación absorbente no es fácil. Son muchas las personas que lo han intentado y han fracasado: enseguida han encontrado argumentos para convencerse de que estaban exagerando la maldad de la televisión. Este fracaso está más relacionado con la pérdida de la capacidad de emprender iniciativas que con los maravillosos contenidos de la televisión, que nos ha acostumbrado a no hacer prácticamente nada. La relación con la televisión suele presentar todos los síntomas de una adicción y para superarla es necesario tomar una decisión firme. Lo mejor que puedes hacer es plantearte un verdadero desafío; ¿seré capaz de prescindir de la televisión durante un mes? Para empezar, se hace necesario que tomes medidas radicales: hay que desactivar el aparato. Desenchúfalo y guárdalo encima de un armario, en un altillo o, mejor aún, dejáselo a un amigo. Un amigo nuestro tomó la decisión de esconderlo en el rincón de su casa más olvidado. Al contrario de lo que suele suceder, que la distancia aumenta el cariño, nos comentó que a él le aumentaron \”las ganas de no volver a verlo nunca más\”. Una vez que te hayas deshecho de la pantalla, te darás cuenta de que su ausencia te obliga a reordenar el espacio de la habitación donde se encontraba, su altar central. Cuando nosotros nos vimos en este trance decidimos crear un espacio circular en torno a una mesa baja. Pensamos que era la mejor forma de propiciar el encuentro y la comunicación. Lo más difícil es superar ese momento en que simplemente encendemos la televisión y nos disponemos a pasar unas horas delante de ella. Muchas personas tienen la costumbre de encenderla unos segundos después de haber entrado en su casa. Aunque no se sienten a mirarla, necesitan oir su murmullo, precisan su compañía. Necesitamos tener claro que es preferible cualquier otra actividad en la que haya contacto humano, actividad mental creativa o sensaciones placenteras. Para que resulte más fácil tomar la decisión de hacer otra cosa en ese fatídico instante, proponemos 365 ideas alternativas. En el índice puedes consultar el tipo de actividad que más te interese realizar, desde ejercicios al aire libre hasta trabajos de artesanía. O simplemente puedes abrir el libro al azar. Al final del libro hemos indicado algunas obras o instituciones de referencia por si quieres profundizar en algunas de las propuestas. Las ideas recomendadas te acercarán a la naturaleza y a los demás. Siempre será mejor una excursión por una montaña cercana que ver los bosques de Canadá en televisión. Siempre es preferible hablar con los amigos a escuchar los ingeniosos diálogos de una serie acompañados de risas enlatadas. Hemos pensado en ideas útiles para mejorar la salud y enriquecer y amenizar la vida cotidiana, en dar pistas para superar la pasividad y sustituirla por la creatividad y el libre vuelo de la imaginación. ¡Que estas ideas y todas las que se te puedan ocurrir te ayuden a disfrutar de las habilidades personales, a utilizar los cinco sentidos y a pensar por ti mismo! Esperamos que a partir de las propuestas puedas encontrar las actividades que más te satisfagan y contribuyan a tu crecimiento personal. Con el paso del tiempo irás reforzando la capacidad de iniciativa y saldrán a la luz intereses personales. Entonces no encontrarás tiempo para hacer todo lo que deseas y mucho menos para ver la televisión. ¡Suerte en el intento!
Claudina Navarro y Manuel Núñez.
Barcelona, 30 de junio de 1998 Fuente: Introducción del libro “365 ideas para vivir sin TV” de Claudina Navarro y Manuel Núñez. Editorial Integral.
Pobredumbre, putrefacción y hediondez.

Siempre me ha gustado lo de buscar sinónimos a las palabras; a veces eso es útil para redescubrir los significados adormecidos, pues los significados de las palabras, a base de repetirlas mucho, pierden su fuerza, pudiendo llegar a no significar casi nada. Por eso al oir tanto la palabra de moda de estos días, en los que vamos de “sorpresa” en sorpresa en el ámbito de la política y los “negocios”, me ha venido a la cabeza la relación de la palabra en cuestión con sus sinónimos y derivadas. Y es que no podemos ignorar que la pobredumbre produce putrefacción (sinónimo de corrupción) y ésta a su vez produce hediondez. Claro, que como ya he recordado en algún post anterior, los políticos dominan a la perfección lo de mirar a otro lado, como lo de taparse la nariz cuando huele muy mal. Y como parece haber focos de materia nauseabunda en las diversas facciones del poder político, nadie se atreve a tirar de la manta del todo para destapar la maloliente basura que ésta oculta, por el temor de que la mierda acabe salpicando también al destapador, más que por consideración.
Pero yo no me sorprendo en absoluto por los descubrimientos, y no porque tuviera información privilegiada, qué va. Yo no me sorprendo porque ya vengo notando el tufo a podrido desde hace mucho tiempo. Porque hace mucho que descubrímos que los políticos hacen buenas migas con los empresarios -y viceversa – y si bien eso no tendría que ser necesariamente malo, aceptemos que es una relación muy, muy peligrosa: hay más tentación en ella de la que podamos imaginar a primera vista. ¡Ay!, la carne es débil.
Pero no sólo es eso. También es fácil deducir las innobles motivaciones de nuestros políticos a partir de su comprotamiento en el parlamento (y no me refiero a sus voces destempladas y otros signos de poca contención de las formas). Me refiero a lo que votan y dejan de votar en sus sesiones parlamentarias. Y me refiero a sus silencios y su comportamiento de borrego de partido que tanto asco me producen. Comportamiento que explica, por ejemplo, que en el Parlament de Catalunya se pasen por el forro las firmas de mas de cien mil personas que pedían en iniciativa legislativa popular un debate parlamentario sobre la limitación a los transgénicos. Rechazado sin explicaciones, porque no podrían haberlas proporcionado. Hasta los verdes traicionaron la causa; y no digamos los socialistas. Y es que donde hay Patrón (multinacionales) no manda Marinero (diputados, parlamentarios). O la avaricia desmedida que supone el asunto del famoso impost de succesions de la Generalitar de Catalunya al que ya me referí en el post anterior. Son casos que no se asocian, a primera vista, a corrupción, pero que denotan una ausencia total de honestidad. De ahí a la corrupción sólo hay un paso: la oportunidad.
Menciono casos catalenes porque vivo en Catalunya, pero me consta que en todas partes se cuecen habas, y con un estilo ibérico inconfundible. Nuestros casos de corrupción nacionales (hispánicos) tienen un aroma característico; chapuceril y descarado, propio de un lugar a medio camino entre una república bananera y un país recién salido de la pobreza, donde los políticos se venden por regalos caros, y no sólo por maletines repletos de euros. Un lugar donde los empresarios pueden comprar sin temor a políticos sedientos de riqueza; un lugar donde en caso de ser pillados, buena parte de sus ciudadanos mostrarán una indulgencia propia de santos, una comprención y una fe a prueba de bombas, especialmente cuando se les ha votado a ellos.
Ya no son suficientes ni las pruebas documentales mas contundentes para convencer al pueblo llano de que son culpables de delitos graves como cohecho, tráfico de influencias, delito fiscal, etc.

Si nos caen simpáticos todo se lo perdonamos, siempre que no dejen de sonreirnos en su apariciones públicas, aunque sea esposados. Si se acaba demostrando por un tribunal y un sumario de 4000 páginas que hay un delito comprobado que afecta fundamentalmente a un determinado partido político, a muchos les parecerá que se debe únicamente a que existe un interés de la oposición en derribar a su oponente, todo lo demás es puro humo, según ellos; nada sólido. “Es que nos tienen manía” faltaría que dijeran. ¿O lo dicen?
Igualito que los otros cuando son ellos los corruptos. Porque los otros no se quedan muy a la zaga, en absoluto.
Y es que en el fondo el color (azul o rojo) no importa. Cualquier político es corruptible, y más cuando la própia carrera política ya incorpora el estímulo del ego, la ambición y el poder, y cuando el poder atrae a quienes necesitan usarlo a su conveniencia. Y todo ello es tan peligroso para la integridad moral… que nos acabamos acostumbrando al mal olor, por narices.
El trágico hundimiento del Titánic
Hace unos días, durante un visionado parcial y repetido de la película “Titanic” del director James Cameron, me sorprendió advertir cómo de la brevísima historia del famoso barco pueden extraerse multiples paralelismos con el “hundimiento” del sistema económico (¿y político y social?) actual; realmente fascinante.

El Titanic fué concebido para satisfacer a los viajeros mas exigentes -en cuestión de lujo al menos-. Fué diseñado como el barco más seguro posible en su época, tanto que se permitieron dejar la cubierta más despejada en beneficio de la estética, pues creían que los botes salvavidas eran un elemento de seguridad relativamente superfluo en un barco así y afeaban demasiado la cubierta, por lo que no se instalaron todos los necesarios.
Su gran tamaño y su aspecto de hotel de lujo hacia creer a sus pasajeros – y lo que es peor, quizá a la tripulación- que su universo era el barco, y se olvidaban “casi” de que navegaban por un inmenso océano que podía albergar numerosos peligros. Un mar en calma facilitó avanzar a toda máquina, aunque precisamente la falta de olas dificultaría el avistamiento del fatídico iceberg, ya que éstas no rebotarian en ellos creando nuevas olas desde su base.
Pusieron al frente a un experimentadísimo capitán, de historial impecable, y contrataron oficiales de lo más competente que pudieron, reforzándo la sensación de que estaba todo perfectamente controlado; una vez más, se ignora la existencia de cisnes negros.
La gran potencia de los enormes motores de vapor impulsaban a enorme masa del barco a gran velocidad, y no dudaron en exprimir su potencial en busca de pulverizar los “records” de otros transatlánticos, buscando la notoriedad de la compañía naviera. Parece ser que prácticamente se ignoraron los repetidos avisos de avistamientos de icebergs y la misma señal del enfriamiento súbito que ya indicaba la cercanía de un banco de hielo.
Pero todo ello se volvió en su contra. No tuvieron la suerte de encontrar el camino completamente despejado; un iceberg se interpuso en su rumbo y los vigias -desprovistos de prismáticos por un descuido- no lo avistaron a tiempo. La gran velocidad y masa del Titanic impidieron el viraje para esquivar completamente el enorme obstáculo. Para mayor fatalidad, el impacto lateral fué más dañino aún y terminó afectando una parte importante del casco, lo que produjo la entrada de agua en varios de los comartimentos estancos, los suficientes para que la proa se inclinara tanto como para permitir que continuara entrando agua al resto de compartimentos estancos. El barco estaba ya sentenciado, pero curiosamente, a bordo los pasajeros de primera clase, más alejados de la realidad física del choque, pues su cubierta estaba mucho más alejada, apenas percibieron el brutal impacto como una leve vibración que interrumpió la calma de la fría noche. Aún así, el orgullo se trasnformó en poco tiempo en desesperación.

Ahora llegaría lo peor. El barco ya estaba perdido, pero al menos las vidas de los pasajeros no hubieran corrido peligro gracias al mar en calma y a que dispusieron de tiempo suficiente para arriar los botes…de haber habido botes salvavidas para todos.
Pero como las desgracias parecen no venir solas, tampoco ningún barco pareció recibir a tiempo los mensajes de auxilio.
Además, se infrautilizó notoriamente la capacidad de los botes salvavidas, y lo que resulta mas terrible: parece ser que la mayoría de los botes semivacíos no regresaron al lugar del barco hundido a recoger a los supervivientes, que poco después morirían de frío en las gélidas aguas del Atlántico Norte. Otro hecho destacable: a todos los niños de primera clase se les buscó sitio inmediatamente en los botes de salvamento; con los demás niños no tuvieron tanta consideración y fueron bastantes los que morirían ahogados.
Parece que el mundo rico sigue sin prestar la debida atención ni a los icebergs ni a disponer de suficientes botes salvavidas; y que cuando surgen casos de emergéncia ( hambrunas, sequías, guerras ) tampoco emplea los pocos salvavidas que tiene con todo su potencial. Y menos aún para salvar a los de tercera clase.
Creo también que no se ha prestado atención a los sutiles pero repetidos avisos de la catástrofe que se avecina, (quizá porque seguimos sin creer en los cisnes negros) y probablemente sólo lo veamos claro cuando ya sea demasiado tarde, en parte por el efecto de la inercia de los sistemas pero también por la realimentación positiva que todo lo acelera cuando menos te lo esperas. (tampoco nos tomamos en serio el poder del crecimiento exponencial, pero eso es otra historia no reflejada en la metáfora del Titánic)
Y también parece que se continúa demostrando que la vida de los que pagan el billete de primera parece ser más valiosa que la de los que poco o nada tienen. Las diferencias sociales siguen vigentes, aunque más enmascaradas, y el orgullo sigue siendo nuestro mayor defecto.
Una metáfora impresionante. ¿Preparados para un poco más?
Los icebergs están formados por agua (helada, claro), el mismo elemento que mantiene a flote los transatlánticos. Del mismo modo que el dinero mantine a flote la economía y también puede destruirla si no se actúa con sensibilidad suficiente para detectar concentraciones de dinero “peligrosas”, dinero “congelado” en manos de los ricos.
Los icebergs son en realidad mucho más grandes de lo que aparentan, pues debajo de la superficie del mar se encuentra una proporción mucho mayor de su masa (pues el hielo es menos denso que el agua líquida). Igualmente los peligros que representan los agujeros de deuda de la economía global son muchísimo más grandes de lo que se ha puesto en conocimiento público, pues la deuda es de dimensiones colosales.
Cuando el daño en el casco es tan importante las bombas de achique apenas sirven para retrasar el hundimiento unos minutos. Volviendo a comparar este desastre con el del sistema financiero: puede que las masivas inyecciones de capital que han realizado los principales bancos centrales del mundo sólo sirvan igualemente para ganar algo de tiempo antes del colapso definitivo. Igualmente los políticos suelen tomar medias poco eficaces si se considera su impacto sobre las problemáticas de fondo, pero muy eficases si se considera su finalidad de permitir agotar mandatos y legislaturas.
El agua fría, casi helada supone una muerte certera en muy poco tiempo, pero aparentemente menos dramática, pues las víctimas de hipotermia mueren perdiendo fuerzas y abandonando las llamadas de auxilio en pocos minutos. Lo más trágico es que un mar en calma hubiera permitido un rescate fácil. Quizá la oscuridad de la noche facilitó la indiferencia de los que evitaron exponerse al peligro rescatando a las vísctimas. La indiferencia es la peor tragedia, que agrava e incluso causa, todas las desgracias que padecemos los seres humanos.
Los mismos peligros que pueden acabar con civilizaciones enteras, o incluso con gran parte de la humanidad, son en sí mismos poco llamativos para el común de los “especialistas”. No se producen violentos “estallidos,” sino que se trata de procesos muy paulatinos y silenciosos, que sólo se manifiestan en toda su potencia en su etapa final. Son procesos “fríos”, como un “gemido” de queja apenas perceptible en la lejanía.
Quizá ya se produjo el choque pero aún no hemos analizado los daños y por tanto no conocemos nuestra suerte; o quizá sólo hemos recibido un pequeño aviso y aún estemos a tiempo de reducir la velocidad, o de parar incluso.
Desde luego, hoy sabemos que los pasajeros hicieron mal en confiar en la compañía naviera, en la seguridad del barco, en su experimentadísimo capitán y su muy profesional tripulación.
En cualquier caso, no podemos confiar ciegamente en las autoridades, ni en los expertos a sueldo, ni ningún tipo de institución gubernamental. También se han de buscar soluciones a título particular, no queda otra. Quizá es demasiado esperar de la gente que antes de embarcar se informe sobre si hay o no botes suficientes para todos, aunque entonces hubieran podido decidir con fundamento si cogían o no el billete y a qué se exponían si finalmente lo hacían.
Quizá los pasajeros de comportamiento menos “educado”, cuando los oficiales y tripulación distribuían a los pasajeros en los botes salvavidas, tuvieron más oportunidades de ocupar uno de estos botes, aunque fuera por las malas y a riesgo de ser tachados de cobardes (un mal menor, dadas las circunstancias).
Quizá hoy, los que no confian en el sistema y deciden vivir “a su aire”, sean los que tengan más posibilidades de seguir de una pieza cuando esto acabe por hundirse y no queden botes para los de tercera clase.
Muy recomendable enlace a una certera narración de la breve historia del Titánic:
Resistencia

Pobres de nosotros. Somos víctimas y verdugos a la vez. Y no somos conscientes de ninguno de los dos papeles. Es más: creemos que tenemos cierto control sobre nuestras vidas. Bueno, algunos quizá sí, pero no la mayoría. Ésta se tiene que conformar con vivir una fantasía de libertad, de placer sintético, de satisfacción física más bien; algo así como la satisfacción del ganado estabulado al que se le infla de pienso, hormonas y antibióticos, y al que probablemente ésta satisfacción primordial (o saciedad) le produce endorfinas, procurándole una tranquilidad necesaria para que engorde y crezca, se desarrolle y se convierta finalmente en un producto estandarizado, de peso adecuado, listo para su transformación en productos cárnicos que serán introducidos en la cadena de comercio de nuestro mundo desarrollado.
Algo parecido sucede con el género humano: somos educados para competir, producir, adaptarnos y aguantar. Nuestro talento se deberá prostituir (ni siquiera sacrificar) por el mezquino dogma libremercantilista, por el credo del desarrollo sostenido (e insostenible, pero qué más da) que está dispuesto a acabar con la dignidad humana a cambio de un poco más de crecimiento económico.
Peor aún. Los humanos no somos simplemente víctimas: muy a menudo también somos verdugos de nuestros congéneres, pues aceptamos participar en el juego impuesto en el que le competencia del todos contra todos se toma muy en serio. Si para ello hemos de actuar, participar, colaborar, callar, aceptar, o simplemente fingir que aceptamos, todo ello a sabiendas de que dañamos a alguien o a muchos, lo haremos con tal de que recibamos nuestra nómina mensual. Lo haremos por nuestros hijos. O por nosotros mismos, no seamos tan hipócritas.
Pero tampoco nos hagamos las víctimas. Podemos enfrentarnos a la dura realidad con algo más de coraje. Reconozcamos que nos quieren dominar unos malditos bastardos, y que éstos han convencido a muchos zombies para que participen en el juego y les apoyen.
La buena noticia: no son necesarias armas de fuego para enfrentarse. Ejerzamos la resistencia con el intelecto; el arma más poderosa y temida por los gobiernos tiranos ( me pregunto si los hay que no lo sean ).
Quizá si nos atrevemos a desenchufar la tele cuando emitan estúpidos realitys, los gallineros de las noticias rosa, los espacios desinformativos o cualquier otra bazofia habitual. Quizá si dejamos de hacer caso de los medios de comunicación y su adulteración de la realidad, ya sea por medio de radio, prensa o televisión; o si dejamos el cine para ocasiones especiales. Quizá entonces tengamos alguna oportunidad de empezar a pensar con la cabeza clara, despejada, lista para que entren ideas de verdad, para que la creatividad se dispare, para que podamos aprender a ser libres. Porque la libertad, la auténtica libertad, nace en nuestras mentes, no nos quepa duda.
Os invito a ser libres por medio de la resistencia. El esfuerzo valdrá la pena.
DICCIONARIO Indispensable para POLÍTICOS y Altos FUNCIONARIOS
Aunque a primera vista podría parecer rico y variado, en realidad el lenguaje de los políticos y altos funcionarios sólo es especial por su peculiar quasi-jerga de burócrata especialista en derecho, salpicadísima de pseudo ciencia económica de la peor clase, excesivamente impreciso y ambiguo como para ser realmente útil (a los ciudanos que se supone que representan).
Por otra parte, su lenguaje es pobre (pero resultón para el común de la ciudadanía), con poco color y tono, apenas contenido útil y significado de poco valor.
Hasta aquí no hay demasiado problema, aparte de que resulta mortalmente aburrido escuchar las exposiciones verbales de cualquier orador político).
El verdadero problema es que su ignorancia manifiesta de los temas realmente serios es un grave peligro para los ciudadanos del país en el que gobiernan, y para el mundo entero dada la globalización de la política y dado que los políticos del orbe son cada vez mas parecidos entre ellos.
Insisto: que no se les entienda no es tan grave; en cambio, su silencio o ignorancia sobre los asuntos verdaderamente trascendentales nos podría llevar a la conclusión de que nos gobiernan unos completos incompetentes, lo cual es realmente grave.

Estaremos de acuerdo, pues, con que no sólo el lenguaje sino el nivel cultural en general de los profesionales de la política adolece de cierta limitación (si bien según los parámetros mas convencionales pueden alcanzar un resultado suficiente, o incluso algo más que eso). Una limitación consistente en un pobrísimo conocimiento de áreas tan necesarias para interpretar correctamente el mundo como la ciencias (nivel elemental), las matemáticas básicas (de bachillerato), la sosiología (sólo les interesa la parte que les sirve para manipular al electorado), o incluso la ética y la filosofía (no la historia de ésta sino el arte de pensar mismo), entre otras materias.
Pero como tampoco puede decirse que sean unos zopencos, y tienen un potencial mas que notable de aprendizaje (y mimetismo, transformación y adaptación), y además, como tengo un corazón de oro, les voy a regalar una fácil lección de vocabulario, para que puedan continuar aparentando que saben de lo que hablan y así continuar en sus cargos… sin perder del todo la dignidad (porque continuar continúan, con dignidad o sin ella).
Este Vocabulario indispensable para Políticos y Altos Funcionarios, se recopila con el fin de enriquecer culturalmente a nuestros representantes electos y no electos, de forma que puedan comprender un poco mejor porqué suceden las cosas en el mundo real, qué es necesario para atajar los graves problemas a los que nos enfrentamos, y porqué las explicaciones convencionales de la “mala” ciencia económica no sirven mas que para ocultarles la realidad, con el fin de que no sientan remordimientos, lo cual sucedería (cabe dentro de lo posible) si fueran conscientes de que sus acciones contribuyen a hacer del mundo un lugar mas inseguro, desequilibrado y tenso (y cobrando por ello un pastón, salido del bolsillo de los sufridos votantes y no votantes).
Preparado por Bertiel
Utópico sin complejos, si bien algo menos optimista que hace un par de años.Desde el país del optimismo desenfrenado, dónde los brotes verdes (imaginarios) no dejan ver el bosque, el batacazo inmobiliario se veía como aterrizaje suave, y confiamos (ciegamente) en la recuperación económica a partir del 2010.
Julio de 2009
DICCIONARIO indispensable para POLITICOS y Altos FUNCIONARIOS
Versión abreviada ( para más información cliquen sobre las palabras resaltadas.
(entrega por capítulos, según la inspiración del autor)
Abstracción: capacidad de sintetizar y extraer lo esencial de los hechos, de modo que se puedan analizar e interpretar éstos más coherentemente.
En política se hace demasiado politiqueo y poca abstracción y análisis de los problemas, por lo que el resultado es una cacofonía de palabras huecas.
Entropía: Principio físico universal según el cual la energía de un sistema se degrada con cada transformación, creando un creciente desorden. La civilización y la tecnología producen un creciente desorden, acelerando la entropía al eliminar las barreras que la naturaleza coloca al caos. La política del crecimiento* sostenido es una condena de la humanidad (que empezamos a cumplir las actuales generaciones) por haber roto el pacto (equilibrio) con la naturaleza al intentar burlar la entropía por la vía rápida. Entropía (Jeremy Rifkin)
Límite: es el máximo (a veces el mínimo) valor que puede llegar llegar una trasnformación, sucesión o función. Si bien éstos son a menudo valores desconocidos, no por ello dejan de ser muy reales. Y además se llega a los límites con velocidad creciente (ver crecimiento exponencial), por lo que a menudo los límtes nos pillan por sorpresa.
Son ejemplos las reservas de hidrocarburos y el ritmo de extracción de crudo, la población humana máxima que puede albergar el planeta, las reservas de minerales, el endeudamiento máximo de un país o la producción de alimento del planeta. También tiene límite la paciencia de la gente (y la mía misma) y el aguante de los esclavos y parias del siglo XXI
Reacción: es sabido (¿o no?) que toda acción produce una reacción. Por lo que los abusos y extravagancias cometidos acabarán pagándose, mas temprano que tarde. Las huelgas son una pequeña reacción a tensiones laborales colectivas, pero puede llegarse aún mucho más lejos. Individualmente, la reacción a la mierdadevida que llevamos la mayoría es un estrés psicológico que origina enfermedades psicosomáticas. La contención salarial y creciente precariedad e inseguridad produce como reacción que nos volvamos mucho más precavidos a la hora de gastar el poco dinero que no nos haya quitado aún el Estado; o sea que nos volvemos unos supertacañones. Y la economía se hunde aún más. Podría decirse que es una reacción en cadena, o una realimentación positiva.
Realimentación positiva: Cuando una acción produce un efecto que a su vez produce un incremento en otros efectos que alimentan la acción. Por ejemplo: algunos efectos del cambio climático pueden tener (o tienen) realimentación positiva, como cuando un incremento en las temperaturas produce un incremento en la fusión de los hielos, que al desaparecer provocan que la reflexión solar se reduzca por lo que se retine mas calor en la tierra, las temperaturas suben aún más y se deshace más hielo. Afortunadamente también hay efectos que se retroalimentan negativamente.
Esto no sólo se da en el clima sino también en otros campos como… la economía (sí, acertaron).
Es el origen del pánico bursátil, el derrumbe de las pirámides en general, y el estallido de burbujas financieras en particular. No creerían que por ser “positiva” fuera buena, ¿no?
La magia de pensar a lo grande.

Texto extraido del libro de mismo título de DAVID J. SCHWARTZ.
Cree en ti mismo y las cosas buenas empezarán a pasar.
Tu mente es una “fábrica de pensamientos”. Es
una fábrica muy ocupada que produce innumerables
pensamientos cada día.
La producción en tu fábrica de pensamientos está
a cargo de dos capataces. Uno se llama Señor Triunfo y
el otro Señor Derrota. El primero está a cargo de la
fabricación de pensamientos positivos. Se especializa en
producir razones que te digan: tú puedes, tú estás cualificado,
tú podrás.
El otro capataz, el Señor Derrota, produce pensamientos
negativos y depresivos. Es un experto en desarrollar
razones que te digan: tú no puedes, tú eres
débil, tú eres inadecuado. Su especialidad es la cadena
de pensamientos del “no lo lograrás”.
Ambos son obedientes. Prestan atención inmediatamente.
Lo único que tienes que hacer para captar
su atención es estar a su disposición y enviarles señales.
Si las señales son positivas, el Señor Triunfo empezará
a trabajar. Si por el contrario son negativas, el que se
pondrá manos a la obra será el Señor Derrota.
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La superación inevitable

Estamos entrando en una nueva época, mal que les pese a algunos. Nueva, a pesar de que se venían adelantando acontecimientos desde hacía algunos años. Pero hasta la fecha sólo parecían pequeños elementos aislados; en cambio ahora es algo mucho más importante y amplio, probablemente sea inevitable un auténtico Cambio con todas las de la ley.
De momento lo llamamos “crisis” pero terminará siendo mucho más que eso. Será una época de ajuste severo de la forma en que nos relacionamos con nuestro entorno, así como de las relaciones sociales y económicas, de eso no me cabe duda,…si bien también puedo equivocarme.
Llegar a “solucionarlo” requerirá entenderlo mejor, mucho mejor que ahora. Y no será fácil, pues los medios de comunicación de masas difundirán información con poco o ningún valor, quizá con el efecto de crear una confusión aún mayor, lo cual, desde luego, es lo que han venido haciendo siempre. Entender supondrá un importante esfuerzo y apertura mental.
En el aspecto económico se pretenderá salir del atolladero iniciado por la sinrazón de las finanzas globales con dosis mayores de la misma medicina macroeconómica y monetarista de siempre. Igual de absurdo es que se trate de combatir el paro con mayor productividad (que es en esencia lo que destruye el empleo), compitiendo en el mercado global con los países cuyos ciudadanos son poco más que esclavos. O que se pretenda incrementar el consumo fomentando un endeudamiento creciente, reduciendo a la vez la carga salarial de las empresas y con el fin de mejorar los beneficios de éstas. Más difícil todavía: todo ello ha de llevarse a cabo mientras la burocracia de los estados se multiplica, el gasto público se dispara y la población aumenta sin cesar impulsada por la inmigración de ciudadanos necesitados de la ayuda de un estado protector.
Otro acierto, en este caso obra de sagaces analistas, asiduos invitados de las telecutreces y radiotontadas, es culpar del desempleo juvenil a la falta de profesionales adecuadamente formados, justo cuando la tasa de universitarios es la mayor de la historia y cuando los titulados no consiguen un empleo en el que aplicar sus recién adquiridas aptitudes técnicas o bien estas no se remuneran lo suficiente para disuadirlos de escoger una birria de empleo con mejor salario y puede que también mejor horario.
No es difícil llegar a la conclusión de que los políticos de todo el mundo desarrollado lo están haciendo mal, muy mal; de hecho lo hacen requetemal en casi todo, ya sean liberales, demócratas, socialdemócratas, socialistas, comunistas, republicanos, o tiranos, da igual. Lo hacen mal en economía y en política energética e industrial, agrícola, del transporte, o educación, de salud e inmigración…, no soy capaz de encontrar ningún ámbito en el que el acierto sea digno de mención. Quizá el mayor acierto es que los servicios secretos logren evitar -de momento- guerras y grandes atentados: pero esos hechos concretos… eso quizá nunca lo sabremos.
Cambiar de lo nefasto a la utopía posible no es imposible: hemos de hacer que nos dejen de joder. A ver si nos entra en la mollera, que esto ya nunca será lo que era.
Como para aceptar lo nuevo debemos deshacernos antes de lo viejo, y dadas las fechas señaladas en las que nos encontramos, quiero hacer un regalo a los sufridos y pacientes lectores – de haberlos -que hayan llegado hasta aquí. Se trata de un gran libro; de los que pueden servir para salvar lo que queda en uno de sentido común, o de desviar nuestro trayecto hacia la absoluta idiotez, respecto al tema del trabajo y el empleo que hoy se pretende salvar por parte de nuestros insufribles representantes políticos.
Es un auténtico best seller que conmocionó Francia en su día, y se tradujo a una veintena de idiomas ya hace una década. Para su autora fue el gran libro de su vida, y supuso, según sus declaraciones, un esfuerzo intelectual muy, pero que muy importante. A pesar de la importancia del libro, éste tiene poquitas páginas; es de los que se leen rápido y fácilmente, si bien con apasionamiento y cierto dolor en el corazón. Por supuesto, es de esos pocos libros que a mí me causaron huella. Os lo quiero acercar, para que comprobéis hasta qué punto el sistema económico se basa en un disparate horrible. Quizá es nada menos que el meollo de todo el mal social del llamado abusivamente mundo desarrollado, y sin embargo la mayoría de los políticos tratan el tema del empleo con la misma absoluta falta de comprensión y sentido común con que tratan todo lo que tocan.
Podéis descargarlo desde el “Box” que está en este blog, bajando a la derecha. Sólo hay que escoger el archivo a descargar y carpeta de destino.
El horror económico. De Viviane Forrester.
Aclarando las cosas
Este video nos explica lo esencial de porqué el sistema económico basado en la deuda no puede funcionar por siempre.
Sobre masculinas ministras y el reparto del trabajo
Divagando acerca del reparto de carteras ministeriales del nuevo gobierno de España me dio la impresión de que al sistema mercantilista del libre-capitalismo le sienta muy bien el socialismo adulterado que trata de hacerse pasar por progresista. Me explico: para que unos pocos sigan acumulando pasta gansa a costa de las penurias del resto sin que estos últimos relacionen su “mala suerte” con la “buenísima suerte” de los primeros y se cabreen en consecuencia, se debe crear un caldo de cultivo adecuado al desarrollo del mercado y la lucha de todos contra todos. El libre mercado requiere la adaptación de la psicología del ciudadano-trabajador-consumidor de tal manera que se justifique, entre otras insensateces, la competencia despiadada para alcanzar objetivos “supremos” como el crecimiento empresarial, la mejora de las cuentas de resultados o unos atractivos dividendos para el accionista. Y los partidos “pseudo-rojillos” se ocupan a las mil maravillas de convencer al ciudadano de lo que es progreso y lo que no.
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Antenas de telefonía móvil
Decir que no podemos escapar a la influencia tecnológica es una verdad literal. Al menos en muchos aspectos de nuestra vida diaria. Tal es el caso de las microondas de telefonía móvil, ya que estas nos alcanzan allá donde nos encontremos, hagamos uso o no de un teléfono móvil, o incluso cuando creamos no estar en las cercanías de ninguna antena.
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La energía nuestra de cada día que alimenta a “Matrix”
Como si de un mantra se tratara, se nos repite casi a diario que sin las formas “tradicionales” de energía los engranajes de las modernas sociedades del bienestar se paralizarían sin remedio, dejando en la miseria a millones de personas que gracias al petróleo, al gas y a la energía nuclear disfrutan de niveles de riqueza inalcanzables a partir de otras fuentes de energía. Y como, por lo general somos más pobres de espíritu que de bienes materiales, no oponemos demasiada resistencia al propangandístico argumento pro-energético. Porque es cierto que una proporción de la población, cada vez menor, se beneficia abundantemente de la riqueza acumulada por el consumo de los combustibles fósiles. Pero también es cierto que sin combustibles fósiles se pararían, o se frenarían, algunos engranajes del dominio económico y de la globalización de la explotación, de la corrupción política, de la producción armamentística y el negocio de las guerras – también se dificultaría la producción de armamento nuclear-.
Y, como no, la poderosa y cómplice industria del automóvil se atascaría entre las demandas de nuevas tecnologías por parte de sus verdaderos clientes, los conductores, y las de los fabricantes de combustibles que presionarían para remplazar los combustibles convencionales por otros alternativos a precios astronómicos.
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Sobre los buenos propósitos para el 2008
De cara al año que se nos echa encima (espero que no nos aplaste) quien más quien menos se hace una lista (mental o escrita) con algunos supuestamente buenos propósitos para mejorar un poquito la vida (al menos la de cada uno). Pero una cosa tan inocente como proponerse algunas mejoras personales suele fracasar en el 90% de los casos por falta de seriedad en el planteamiento mas que por falta de voluntad. Claro que en primer lugar es aconsejable proponerse objetivos realistas y que valgan la pena (esto es bastante subjetivo) para que la recompensa al esfuerzo sea el propio logro.
Cuando los propósitos personales forman parte de un objetivo de mayor alcance producen una doble satisfacción si se contemplan desde esa perspectiva; como, por ejemplo, los expuestos recientemente en este blog en las entradas “las causas de todas las guerras” o “¿la sociedad saciada?”
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Un lugar donde vivir. Consideraciones estéticas
No quería repetirme tan pronto sobre el tema de la burbuja inmobiliaria que muchos esperamos que reviente. (Ver Post “Una deuda muy digna”) …
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Tecnología apropiada y sentido común.

Desvarío de Ciencia Ficción absurdo como la High Tech
Casi siempre hay una forma mejor de hacer las cosas, ya se trate de resolver problemas prácticos, como pueden ser los problemas de organización aplicando el sentido común (lo cual no es nada común); ya se trate de poner a prueba el conocimiento científico para mejorar las condiciones de vida de las personas – para variar -.
El problema hoy es que las soluciones se han decidido previamente por entidades como los gobiernos y poderes públicos o las grandes corporaciones empresariales, bajo una lógica de creciente complejidad técnica y elevada inversión, y no existe mas que un estrecho margen de “libertad” para buscar soluciones efectivas y duraderas.
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Despistando al personal
Nos creemos más listos que en épocas pasadas y ya no nos asustamos como entonces con la religión (pecado, infierno, etc.) ni nos sentimos amenazados directamente por el resto de poderes – no de la misma forma -. Pero se sigue empleando la vieja táctica del miedo de forma mucho más sutil. Y a veces se emplean directamente algunos de los grandes temores como cortinas de humo que nos impidan la visión de otros muchos peligros y amenazas igual o más inmediatos. Lee más »
Volviendo a pasar por caja en Navidad
Entiendo que las empresas y comercios estén deseando la llegada de la Navidad con la misma ilusión que los niños esperan los reyes magos o papá Noel. También entiendo que papá Estado se apunte a la fiesta pues Hacienda cobra de aquí y de allí, además de “vender” lotería “de Navidad” sin escrúpulo ninguno a un país de endeudados y ludópatas… Lee más »
Utopía y anarquismo
De joven creía – me temo que como la mayoría de los ciudadanos de este país llamado España – que el anarquismo era una ideología de revolucionarios sanguinarios que no respetarían ni a sus madres y que se divertían especialmente fusilando curas y quemando iglesias (según las crónicas autorizadas de la guerra civil española)… Lee más »
Una deuda muy digna
Según la constitución española todo ciudadano español tiene derecho a una vivienda digna. Claro que las viviendas de promotores inmobiliarios y banqueros han de ser aún muchísimo mas dignas.
Admitamos antes de seguir atacando que 30 metros cuadrados bien apañados dan para un pisito muy digno y que una hipoteca de doscientos mil euros se pueden pagar en cómodos y dignísimos plazos a 40 años…si se sobrevive tanto tiempo a base de bocadillos de mortadela en oferta, claro… Lee más »
De buena educacicón
Adquirir un nivel “estándar” de conocimientos, habilidades y aptitudes, útiles para el desarrollo de alguna profesión de reconocido prestigio y buenas expectativas económicas, parece ser todo lo que unos padres comprometidos pueden pedir y esperar de sus hijos respecto a su desarrollo intelectual. Para la mayoría parece no haber siquiera distinción entre lo intelectual y la formación académica; ésta acapara todo el interés.
El aprendizaje académico se complementa muchas veces con algún que otro máster, varios idiomas, quizá incluso un doctorado. Todo ello aún parece poco a algún “experto” en empleo que denuncia falta de profesionales cualificados… Lee más »
Acerca de la frugalidad.
Aparentemente no son buenos tiempos para la frugalidad. Sí lo son -según el adoctrinamiento oficial- para la abundancia, la plenitud, la superación, el rendimiento máximo, el crecimiento – sostenido y sostenible – y tantos otros conceptos de los que se abusa porque se aplican prácticamente sólo en el ámbito de lo material… Lee más »



















