La importancia de cambiar a tiempo.

En los últimos años está siendo cada vez más evidente la inconveniencia de mantener un consumo de combustibles fósiles sostenido, o peor aún, in creszendo. Pero ni las leyes del libre mercado van a ayudarnos a controlar lo descontrolado ni la sola advertencia de los gravísimos riesgos que supone nuestro status quo energético van a sacudir las conciencias, especialmente si seguimos comulgando con el antiguo credo libre-capitalista; basado en la fe en el desarrollo industrial y la libre circulación de mercancías como la garantía de la entrada en el paraíso de la sociedad del consumo y del bienestar. Pecamos más de ingenuo optimismo que de otra cosa.

Empezar a cambiar nuestros esquemas es apremiante; no hacerlo amenaza nuestra seguridad de un modo infinitamente más claro que el terrorismo internacional.
Necesitamos mucho más que oír hablar de energías renovables y ahorro energético, aunque esto ya sea un paso. Es fundamental, en primer lugar, realizar un análisis en profundidad de las circunstancias económicas y sociales que nos mantienen anclados a nuestro mundo fósil. Y, por supuesto, considerar los efectos medioambientales como algo evitable. Todo ello en los ámbitos local, nacional, de la unión europea y global; en este orden.
Necesitamos que se hable sin tapujos tanto de las alternativas del modelo productivo y comercial como de las alternativas tecnológicas que lo hagan factible. Que nuestra dependencia del petróleo no se contemple como un mal necesario.
Que no se confunda intencionadamente el desarrollo sostenible con el desarrollo sostenido. Que los defensores del equilibrio ecológico y la biodiversidad no sean vistos como ociosos naturalistas o aficionados, sino como ciudadanos entregados a la defensa del mayor bien común que poseemos: nuestros ecosistemas.
Necesitamos tomarnos en serio el calentamiento global y responsabilizarnos de las emisiones de gases de efecto invernadero.
Necesitamos entender que podemos disfrutar de una verdadera calidad de vida renunciando al desaforado consumismo que se nos inculca a través de los medios de comunicación de masas; consumo de productos y servicios de los que muchas veces podríamos prescindir.
Para no continuar empeorando el panorama futuro se debería realizar los siguientes sacrificioss:
Renunciar a trabajar siempre a jornada completa, no alargar las jornadas; factible porque sería necesario menos dinero para vivir.
Hacer de la 1ª vivienda un verdadero derecho constitucional, al alcance de todos, gravando la especulación y las viviendas vacías, fomentando la rehabilitación, y aplicando técnicas más respetuosas con el medio.
No deberíamos necesitar obligatoriamente uno o más vehículos privados en cada familia para ir al trabajo, llevar los hijos al colegio, hacer la compra, o ir al cine, porque el urbanismo sería más compacto y el transporte público sería más eficiente.
No deberíamos gastar tanto en calefacción ni necesitaríamos aire acondicionado, porque las viviendas estarían mejor aisladas, y construidas según criterios bioclimáticos. Y aprovechar la energía solar no sería una rareza y por tanto resultaría más asequible.
No se gastaría una paga en comprar los libros escolares porque ahorrar papel sería prioritario y se aprovecharían avances tecnológicos como los libros electrónicos.
La alimentación sana no sería un lujo al alcance de pocos, porque dejaría de subvencionarse la agricultura y ganadería intensivas y se promovería lo ecológico.
El transporte no supondría un desembolso cada vez mayor, porque se reducirían las necesidades de movilidad y porque se aplicarían los conocimientos actuales en materia de movilidad sostenible.
La producción se beneficiaría de su transición a una economía renovable, tanto en cuanto a energía como a materias primas, asegurando su sostenibilidad.
Todos estos cambios y muchos otros en la misma línea tendrían efectos en nuestro bienestar individual y colectivo, repercutiendo positivamente en la política internacional pues los países ricos no precisarían someter ni saquear a los pobres para mantener su calidad de vida. Y, no menos importante, contendrían sensiblemente el avance del calentamiento global, al reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.
Disponemos de más información que nunca para planificar y predecir nuestro futuro. Ahora se trata de no cerrarnos en el miedo a cambiar, de innovar y evolucionar en lo social y en lo económico para estar a la altura de las posibilidades tecnológicas; porque la tecnología no debería ser un instrumento bajo el control de una elite económica, sino un medio para el bienestar humano

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