Pobres trabajadores.

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Nos recuerdan constantemente que vivimos en la parte rica del mundo. Eso significa, más precisamente, que la renta per cápita está entre las mas altas.
Otra cosa es que nos olvidemos del complejo procedimiento de cálculo con el que se obtienen datos tan valiosos como estos. Ya saben: si hay tres personas, una de ellas tiene 3 pollos, las otras dos ninguno; a efectos estadísticos toca a un pollo por persona
Tampoco se hace demasiado hincapié en que la diferencia de ingresos entre la minoria mas rica y la mayoria mas pobre crece constantemente y a un ritmo acelerado.
En cambio, los estados, incluidos los socialistas, apoyan sin rubor los intereses de la minoria rica, en obediencia al conocido mantra de que sólo los ricos saben crear empleo.
Asistimos expectantes a las fusiones de megaempresas, a la deslocalización industrial, al despido en masa de trabajadores. Todo es por el bien de los dividendos, las cuentas de resultados, el posicionamiento ventajoso en un mercado competitivo. Luego nada que objetar. El sacro beneficio economico exije sacrificios. Sólo que a los ricos no les gusta sacrificarse; eso queda para quienes no saben hacer otra cosa que trabajar.

En el capitalismo original el empresario o comerciante arriesgaba su patrimonio. Hoy se limitan fundamentalmente a gestionar el capital ajeno.
Antes el dinero era en mayor o menor medida reflejo de una riqueza material. Hoy se especula con las variaciones en la cotización bursátil del día, con las potenciales ganancias de grupos de inversión, con el cambio de divisas, las opciones sobre futuros y otras abstracciones por el estilo.
Antes la inversión conllevaba abundante empleo. Hoy se desmaterializa la inversión en la medida de lo posible.
No es que añore el antiguo capitalismo, que afortunadamente no conocí; sólo subrayo que el de hoy es como poco, tan insensato como el capitalismo primitivo. Tampoco osaría defender el socialismo ni el comunismo, pues interpreto que comparten errores fundamentales con el capitalismo: el ciudadano ha de dejar en manos ajenas la planificación y el control de la economía. Sean unas instituciones internacionales, unas poderosas multinacionales, o los estados vigilantes…; las decisiones equivocadas de los “gigantes” son mucho mas dañinas que las dudas de los pequeños ciudadanos.
Por otra parte, ¿por qué hemos de creer que si nos piden que nos “apretemos el cinturón” es por nuestro própio bien? ¿por qué si el trabajo es algo tan virtuoso y saludable no lo acaparan todo los ricos y poderosos? ¿por qué llaman reparto de la pobreza al reparto del trabajo? Quienes dicen tal cosa parecen identificar pobreza y trabajo. Desde luego van bien encaminados.
No repartir empleo no impide la desaparición de empleo; el paro es aún más desctructivo. Tampoco implica mantener el nivel salarial; la abundancia de mano de obra cualificada pero desocupada tira a la baja los salarios. Desde luego que esto es lo que interesa a quien compra el tiempo de los trabajadores: una bolsa de paro abultada donde elegir y unos empleados capacitados pero asustadizos e inseguros.
Eso sí, pertenecemos al mundo rico; los altos cargos que nos representan publicamente visten trajes caros y se desplazan a los actos oficiales en automóviles de lujo, exactamente igual que los líderes del tercer mundo.

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Un comentario el “Pobres trabajadores.

  1. Pingback: Pobres y ricos | utopicosincomplejos

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