Motines carcelarios y chapuzas políticas.

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Cito: La población reclusa en España prácticamente se ha duplicado desde 1990. En concreto, ese año había 33.035 presos, y la media del 2007 asciende a 64.448, según datos del Ministerio.

Jeremy Rifkin, en su libro El fin del trabajo hace alusión a la situación excepcional que vive EEUU en relación a la delincuencia. “Los niveles salariales reducidos, el creciente desempleo y la cada vez mayor polarización entre ricos y pobres está convirtiendo ciertas zonas de los Estados Unidos en territorios sin ley. Mientras que la mayor parte de los americanos conciben el desempleo y el crimen como los dos problemas más importantes a los que se enfrenta el país, muy pocos están dispuestos a asumir la relación existente entre ambos A medida que la tercera revolución industrial se extiende a través de la economía, automatizando cada vez más los sectores manufactureros y de servicios, forzando a millones de trabajadores, de cuello azul y de cuello blanco, a quedarse sin trabajo, el crimen, y en especial, el crimen violento, se van incrementando. Atrapados en una espiral sin fin y sin redes de seguridad para evitar su posible caída, un creciente número de americanos desempleados o inútiles para el empleo terminarán cayendo en el crimen como única forma de supervivencia. Atrapados en la gran aldea global tecnológica, tan sólo serán capaces de hallar formas de sobrevivir tomando por la fuerza aquello que se les niega por parte de las fuerzas del mercado.
En otro párrafo del mismo libro Jeremy Rifkin cita una carta de un preso, George Dismukes, que se publicó en Newsweek:
Nosotros, la población penitenciaria, somos la vergüenza de América. Aquí el verdadero crimen es vuestra locura. Millones de personas en esta tierra languidecen abandonados, olvidados… la sociedad no puede emplearlos en el exterior, con lo que paga para mantenerlos encerrados, fuera de su vista, sin oportunidades de rehabilitación espiritual… Yo os digo a vosotros, vanidosos y satisfechos: tened cuidado… Nuestro número está creciendo, nuestro coste se incrementa rápidamente. Construir mayores y mejores… prisiones ya no es la solución a las razones que se esconden detrás de los problemas y de la locura. Sólo provoca que los gritos sean más fuertes y que las consecuencias finales sean más terribles para todos cuando, por fin, ocurra

Hace un par de días el Post mencionaba ¿el fin? de la burbuja inmobiliaria. La antes negada burbuja inmobiliaria española no sólo ha tenido el efecto de asfixiar las economías domésticas de millones de personas; también ha atraído a una numerosa mano de obra – en general poco cualificada- al sector de la construcción que cuando pinche o se desinfle definitivamente se convertirá en una seria amenaza social. ¿o suponía alguien que esto duraría ya para siempre?
Pero no nos preocupemos tanto: quizá los promotores mejor relacionados con la administración ya negocian sus futuros contratos para construir nuevos recintos penitenciarios. Y en cuanto a los políticos, siempre pueden echar la culpa a los que gobernaron antes, a la oposición, a la inflación, el precio del petróleo, o … yo que sé, quizá a la competencia asiática y en especial a China.

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