Volviendo a pasar por caja en Navidad

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Típica Horterada navideña

Entiendo que las empresas y comercios estén deseando la llegada de la Navidad con la misma ilusión que los niños esperan los reyes magos o papá Noel. También entiendo que papá Estado se apunte a la fiesta pues Hacienda cobra de aquí y de allí, además de “vender” lotería “de Navidad” sin escrúpulo ninguno a un país de endeudados y ludópatas
Lo que parece no tener explicación es que todos los demás, que no tenemos nada que ganar con ello, sigamos la corriente con tanta docilidad. La cuenta del banco y la visa quedan hechos unos zorros (en mi caso como cualquier otro mes, y no por gastar en chorradas precisamente) después de los regalos, las cenas y comidas, año viejo, la lotería (que es casi absolutamente seguro que no tocará en toda la vida), y las subidas de precios habituales.
Pero como (a veces) de la nómina se ha retenido un sexto de su importe bruto cada mes durante el medio año anterior para la paga “Extra”, la cosa no parece tan absurda como lo es realmente y se gasta con la alegría del que cree que la empresa le hace un regalo por Navidad. Pero ¿no es absurdo estar ahorrando 6 meses para pagar todas estas jilipolleces? Pues eso es exactamente lo que se hace.
Por si fuera poco, la fiebre de consumo compulsivo se alarga hasta bien entrado Enero, rematando la famosa cuesta con los regalos de reyes y las rebajas de Enero (justo a continuación).

Todo esto no ocurre tanto porque seamos unos zoquetes aborregados sino mas bien porque se han aplicado sobre nosotros técnicas de marketing avanzadas que prácticamente anulan la voluntad de los consumidores de publicidad.
Douglas Rushkoff nos explica cómo lo consiguen en su ensayo Coerción.

Por ello la mejor defensa sería no exponerse a ninguna clase de publicidad (por muy listos o inmunes que creamos ser) por lo que lo ideal sería no encender el televisor ni hojear ningún diario ni revista (ni siquiera por internet, aunque se permiten blogs como éste). Como eso es pedirnos demasiado, mejor practicar el zaping y restringir nuestra exposición a los “riesgos”. Tampoco es aconsejable enzarzarse en discusiones con los compañeros de trabajo en defensa de un punto de vista demasiado “extremo”; es mejor ir calando poco a poco.

Como conclusión, tanto si somos creyentes cristianos como si no, lo mas indicado para nuestra salud emocional y nuestra tranquilidad de espíritu, para el medio ambiente, para nuestros bolsillos y el estado de la cuenta en Enero, sería hacer oídos sordos a la publicidad, cenar una pizza (o lo que nos apetezca de verdad) en Navidad, celebrarlo con familia, amigos o gente afín, pasar de regalos caros, no tratar de aparentar nada en fin de año, y divertirse sin gastar ni desplazarse lejos. Y si vas a salir – y a beber- pasa del coche. Es decir, si no bebes tampoco conduzcas.

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