Despistando al personal

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Nos creemos más listos que en épocas pasadas y ya no nos asustamos como entonces con la religión (pecado, infierno, etc.) ni nos sentimos amenazados directamente por el resto de poderes – no de la misma forma -. Pero se sigue empleando la vieja táctica del miedo de forma mucho más sutil. Y a veces se emplean directamente algunos de los grandes temores como cortinas de humo que nos impidan la visión de otros muchos peligros y amenazas igual o más inmediatos.
Se presta especial atención al archinombrado Cambio Climático, debido sobre todo – según un amplio consenso de científicos- al aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero, la emisión de los cuales ha corrido pareja a los niveles de industrialización y desarrollo.
Se habla mucho de ello, y eso podría estar bien si no se dejara de prestar atención a otras causas mucho más probables del calentamiento global, como es la desaparición de los bosques y selvas debido a negocios como la industria maderera (que necesita papel para publicar miles de libros sobre el Cambio Climático, entre otras aplicaciones), la ganadería y la agricultura. Y también se pretende obtener tierras fértiles para la producción de biocombustibles. ¡Qué talento el de algunos políticos!
Se habla de reducir las emisiones bajando el termostato de la calefacción (de 25 a 21ºC, no sea que nos congelemos); de comprar electrodomésticos clase A ( pero mucho mas grandes que los antiguos y que por tanto consumen aún más; además panelados en acero inoxidable). Nos invitan a comprar vehículos más eficientes, pero mucho más potentes para circular a mayor velocidad, por lo que acabamos quemando aún mas combustible que antes.
Se considera meritorio fabricar enormes aviones para hacer más eficientes los vuelos transoceánicos, que suelen consistir en viajes de placer hacia complejos hoteleros que son oasis de super lujo en mares de creciente miseria, o que facilitan el turismo sexual allí donde se han destruido las opciones mas dignas de ganarse la vida gracias a un eficiente comercio y a una floreciente globalización.
Se nos conmina a ser responsables en nuestro consumo, pero los gobiernos (ya sean de un signo u otro) apuestan por pijadas como el tren de alta velocidad. Todo un derroche de energía y presuntuosidad pero una falta absoluta de sentido común.
Mientras, de la verdadera eficiencia no parece que hayan oído hablar ni en sueños.
Nuestros voceros no dicen ni pio sobre evitar que se construya para especular con cientos de miles de nuevas viviendas. Ni opinan sobre los campos de golf, complejos termales, hoteleros y super urbanizaciones a rebosar de piscinas en lugares que son poco más que un desierto.
No parece que se acuerden de que la industria de fabricación de cemento es una de las mayores productoras de dióxido de carbono. Ni que el transporte por carretera supone una fracción enorme del consumo de energía y de emisiones, y es también responsable del asfaltado de miles de hectáreas y de la tala de los pocos árboles que aún quedan a la vista desde las carreteas.
Obligar a la gente a vivir cada vez mas alejados de sus trabajos, gracias a la especulación urbanística, tampoco se puede considerar una mejora de la eficiencia.

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Pero no sólo hemos de preocuparnos (o mas bien ocuparnos) del calentamiento global. Tenemos cuestiones que parecen querer cubrirse con un velo:
Superpoblación: los políticos, entre otros, ven en la baja natalidad la futura ruina de un modelo de seguridad social que es de todos modos insostenible. ¿La única solución que se nos ocurre es fomentar el crecimiento de la población indefinidamente?
Destrucción de bosques y selvas… hablando de CO2.
Agotamiento de reservas pesqueras.
Contaminación química: nos suena lo del envenenamiento de ríos y atmósfera pero lo de los disruptores endocrinos nos suena a chino.
Contaminación nuclear: tanto por las plantas atómicas de producción de energía, como por pruebas de armamento, como por los conflictos bélicos.
Contaminación biológica: por organismos genéticamente modificados y virus de laboratorio.
Reducción de la diversidad biológica vegetal (especialmente por la agricultura industrial) y animal, por la invasión y destrucción de ecosistemas.
Graves riesgos derivados del negocio farmacéutico, como las campañas de vacunaciones masivas para bebés, los medicamentos para paliar trastornos como la depresión, etc.
Industrialización alimentaria: desde el cultivo intensivo hasta el procesado desnaturalizador que convierte los alimentos en algo insustancial pero con buen sabor, y que a veces hasta produce adicción.
Etc, etc…

Todos estos problemas no se solucionarán con mayor liberalismo económico ni con mayores inversiones , sino con una actuación decididamente dirigida a proteger el bien común, que sólo puede emanar de una verdadera democracia participativa.
Tenemos mucho por hacer, o mejor dicho, por arreglar. Pongámonos a ello.

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Un comentario el “Despistando al personal

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