Un lugar donde vivir. Consideraciones estéticas

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No quería repetirme tan pronto sobre el tema de la burbuja inmobiliaria que muchos esperamos que reviente. (Ver Post “Una deuda muy digna”) …

Y antes de que alguien me espete algo desagradable al respecto les diré que no por tener un modesto inmueble en propiedad se ha de dejar de ver las cosas como son o creerse beneficiado por la hinchadísima burbuja; tener un sobrevalorado piso pagado no le hace automáticamente rico a uno; sólo sería algo parecido si uno decidiera venderlo para irse a dar la vuelta al mundo y vivir una temporadita a cuerpo de rey antes de volver a la realidad teniendo que vivir de alquiler, lo cual no me parece muy buena idea. Pero dadas las circunstancias de la mayoría, quien vende su única vivienda es para irse a otra un poco mejor situada o un poco más amplia, lo cual se traduce en ambos casos en una vivienda más cara aún. Y esa diferencia está sobrevalorada en proporción a la sobrevaloración de la vivienda nueva. Quien se beneficia indiscutiblemente de todo esto (aparte de los despiadados promotores inmobiliarios) es el también despiadado sMinisterio de Recaudación de Impuestos ( creo que ahora se llama Hacienda ), que cobra su parte sin hacer demasiadas preguntas. Y como “su parte” se ha visto hinchada últimamente por obra y gracia de la bendita (por ambos partidos mayoritarios) y santísima Burbuja Inmobiliaria, pues no parece muy dentro de la lógica (maquiavélica) que el Gobierno (ni éste ni el otro) haga verdaderos esfuerzos para atajar esta orgía especuladora.

Pero ya me enrollo demasiado; yo quería ahora escribir acerca de la dimensión arquitectónica de las viviendas actuales, que además de sobrevaloradas, son en su mayoría, una verdadera birria en términos de diseño eficiente, confort y calidad constructiva; lo cual también es mérito de los promotores de construcciones ridículas y canijas, que sin embargo no tienen empacho en pedirnos, a cambio de sus engendros, los ahorros de toda una vida de sacrificios y privaciones.
Empecemos por considerar un aspecto práctico fundamental ya contemplado en los más primitivos asentamientos humanos y registrado por genuinos arquitectos de la antigüedad como Vitrubio: el derecho a recibir los rayos del sol. Hoy en día no hay problema legal ninguno en pretender cobrar 300.000 mil euros por un piso deforme y sombrío, con la fachada principal mirando al Norte y cuyos dormitorios dan a un patio interior; todo con tal de que incorpore “lujos” como una placa vitrocerámica, muebles de cocina en conglomerado forrado de melanina y “espaciosos” armarios empotrados donde guardar hasta 5 o incluso 6 perchas y dos cajones para los calcetines y calzoncillos. Los baños y aseos oscuros como boca de lobo, las dimensiones opresivas de los dormitorios, y la tortuosa distribución del conjunto, parecen obra de un sociópata más que de un honrado promotor de viviendas. Tampoco la plaza de parking parece fuera de la norma de diseño “castigador”. Aparcar con mi pequeño utilitario supone un derroche de destreza, pues se han de sortear a oscuras las típicas columnas dentro de las rayas y maniobrar en una rampa del 25%. Toda esa aventura diaria por sólo 20.000 eurillos (+ impuestos) adicionales. Sé de lo que hablo porque he visto ya algunos pisos y parkings en los últimos meses. Y lo peor es que si encuentras algo aceptable entonces lo inaceptable es el precio.
Sigamos; aparte de la orientación, que trae al fresco a promotores y arquitectos, otro asunto que también les importa un carajo es la insonorización. Total, si eres un tipo que sólo sabe trabajar y no puedes permitirte un chalecito de medio kilo, no vengas con tantos remilgos. Solo te has de adaptar un poco: acostumbrarse a afinar el oído para distinguir si suena tu teléfono o el de tu vecino, tener cuidado de no comprar el mismo modelo de despertador que tu vecino, no prestar atención a los ruidos normales de tu vecino. No acostarte mucho antes que tu vecino. Todo ello incita a sintonizar las vidas del vecindario de modo que el resultado es un buen rollo vecinal… o un desenlace con armas de fuego.
Continúo. La distribución y las dimensiones suele ser un aspecto determinado por las posibilidades de la finca, que suelen ser pocas la mayoría de las veces, la buena intención del promotor (aún más escasa) y el talento y pericia (ya que no experiencia) del aparejador en prácticas que hace el trabajo que firma el arquitecto. No es de extrañar el resultado: una cocina unidimensional (la dimensión anchura es prácticamente despreciable) en la que si abres a tope el cajón de los cubiertos te has de poner a un lado; unos baños en los que si colocas un calefactor lo has de colgar de la pared, un dormitorio principal en los que apenas cabe un armario infantil –de bebé- , y eso si cabe armario. En cuanto a la distribución, esta suele ser poco original (afortunadamente); un pasillo central o lateral que comunica todas las estancias. Detalles adicionales como columnas sobresalientes, recovecos imposibles o apliques de la luz a la altura del ombligo no parecen tener otra finalidad que la de torturar psicológicamente al inquilino (aún más) y ninguna otra explicación que la desidia de los arquitectos para con las meteduras de pata de los aprendices novatos, o quizá sea por el recorte de costes imprescindible dado lo ajustadísimo de los precios finales y el consiguiente escasísimo beneficio de los pobres promotores de chapuzas inmobiliarias.

Si no existe el infierno, deberían pagar sus pecados reencarnándose en cucarachas de cocina unidimensional.

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