El carnaval domesticado

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Se cuentan historias varias acerca de la “fiesta de la carne”; de sus orígenes y significado. En cualquier caso el desenfreno carnavalesco de otras épocas se esfumó (salvo ciertas excepciones). En su lugar nos queda una “fiesta” en la que ni tan sólo se hace fiesta cerrando comercios y dando el día libre en el trabajo. Los disfrazados desfilaran inofensivamente en organizadas comparsas donde los disfraces se han uniformado hasta el punto en que todos parecen clones. Pocos aprovecharan la ocasión de oro que supone la coincidencia de un carnaval con un periodo previo a unas elecciones generales para despacharse a gusto con los políticos candidatos. Quizá si el carnaval fuera algo mas salvaje y parecido a lo que debió de ser algún día, tendría algo más de sentido.

Copio a continuación ( sin permiso, porque es carnaval ) del Universal de México

España de carnaval
Viernes 01 de febrero de 2008

Los disfraces y las máscaras características, cobrarán vida este fin de semana en las muchas ciudades y pueblos donde se celebrará esta fiesta
Las murgas, los disfraces y las máscaras características del Carnaval cobrarán vida este fin de semana en las muchas ciudades y pueblos donde se celebrará esta fiesta, en la que alegóricamente el lado más oscuro y salvaje del hombre invade los espacios urbanos.
El origen del Carnaval todavía es desconocido, según recuerda el antropólogo español del Consejo Superior de Investigaciones Sociológicas (CSIC) , Manuel Mandianes.
Aunque se mencione como antecedente a las saturnales romanas, su origen prístino, según el antropólogo, “se confunde con los ritos funerarios en honor a los antepasados celebrados en los albores de la humanidad” .
En Carnaval, señala, “todo enmascarado es un antepasado que vuelve” .
En esta ocasión, los muertos visitan el espacio de los vivos, a diferencia de lo que ocurre en la fiesta que se celebra en noviembre dedicada a Todos los Santos, donde son los vivos los que se internan en el mundo de los muertos.
Así, sólo los que han traspasado los límites de la existencia humana disfrutan de plena libertad, algo que en Carnaval se traduce en una falta de normas y horarios, permisividad sexual, desenfreno de instintos y sentimientos, es un momento “donde uno puede burlarse de lo divino y de lo humano” .

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Ejemplo de esta libertad de palabra son las chirigotas típicas de la ciudad española de Cádiz (sur) , unas canciones en las que con ironía y jugando con las palabras los grupos de “chirigoteros” desgranan los temas de la actualidad española de la manera más ácida.
Otros de los elementos esenciales de las fiestas carnavalescas son los desfiles, tan espectaculares como los que se celebran en la isla de Santa Cruz de Tenerife (en el archipiélago atlántico de Canarias) , en los que por unos días la gente sale a las calles con sus carrozas y disfraces, para inundarlas de color y música.
En estos días en los que todo vale se realizan guerras dialécticas y se emplea “armamento” como huevos de confeti y caramelos, en un “caos organizado” en el que, según el antropólogo, cada personaje juega su papel.
Los peleles o personajes de paja que presiden el Carnaval en muchas localidades españolas, como “Marquitos” en Zalduondo (Álava) , Cornelio Zorrilla en Bielsa (Huesca) , o el decrépito zapatero Bernat Figuerola en Alaior (Menorca) , tras leer sus testamentos son finalmente ajusticiados o quemados en la hoguera.
Mandianes señala que la libertad y el “desmadre” que representa el carnaval nunca ha sido del agrado de ningún gobernante, aunque en la provincia castellana de Ciudad Real, en el centro de la península, la fiesta ha salido a las calles incluso contraviniendo las normas de la época de la dictadura franquista.
Asimismo, considera que las máscaras también representan el lado salvaje del hombre, que en estos días se adentra desde la Naturaleza al interior de los espacios urbanos o habitados.
Esto queda bien representado en la localidad de Ciudad Rodrigo, en la provincia de Salamanca, donde en esta época son los lugareños dirigen a los toros desde el campo hasta la ciudad.

En otras regiones del norte de España se representa la entrada en las aldeas y pueblos de personajes disfrazados de osos u otros animales, con camisas manchadas de sangre, pieles y enormes cuernos sobre la cabeza.
Son muchas y muy dispares las formas de celebrar este desenfreno en el que el absurdo pasa a primer plano y en donde parece que, por unos días, todo está permitido.

En otros lugares, como en la región de Asturias (norte) realizan el “Descenso de Galiana” , una calle por la que bajan estrafalarios coches que se deslizan por espuma.
En Cantabria, también en el norte, celebran un “Juicio en el fondo del mar” , en el que un besugo enamorado es acusado del rapto de una sirena.

Esta fiesta finaliza justo antes de la Cuaresma con el entierro de la sardina, en un funeral simbólico en el que el absurdo se lleva a su máxima expresión y al que acuden plañideras, autoridades y habitantes de las ciudades para despedir este “caos organizado” y se preparan para la vuelta al orden.

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