Sobre bestias y máquinas

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Los carros tirados por bestias hace muchos años que empezaron a ser sustituidos por carros motorizados mediante motores eléctricos o de vapor y finalmente de combustión interna (que funcionaron con etanol antes que con gasolina). Estos, también llamados automóviles, en principio debieran servir para transportar a personas de un lugar a otro, pero lo cierto es que cumplen muchas otras funciones bastante curiosas que luego mencionaré.
De momento me parece más importante indicar que hoy día son cada vez mas los autos que son guiados por bestias más irracionales que las que antaño tiraban de los antiguos carros.

Para muestra un botón.


Diría que a veces también son algo incluso peor: tienen escaso o nulo respeto por otros seres de su especie que conducen con mas calma o se desplazan a pie o sobre dos ruedas. A menudo su afán de poner a prueba su destreza automovilística está por encima de cualquier consideración por la integridad física de quienes se cruzan en su trayectoria.
Por ejemplo: si un peatón despistado no salta a tiempo al bordillo es posible que pague por su inferioridad de reflejos con la propia vida, pues la ciudad es como una jungla donde los débiles y enfermos sucumben ante los grandes depredadores.
Pero también sería injusto considerar como únicos culpables de la violencia automovilística a los embrutecidos conductores. Las autoridades competentes son responsables, por ejemplo, de que los pasos de peatones sean tan escasos y que los tiempos de los semáforos den un trato de favor a los autos, a la vez que obliga a los peatones a cruzar al trote los pasos de peatones. O de que los conductores que matan o hieran gravemente a un peatón puedan no sólo seguir conduciendo impunemente al cabo de un tiempo, sino que incluso el sistema legal permita que puedan reclamar los daños sufridos en su automóvil a los padres del infortunado peatón que con su cuerpo abolló su adorado auto al impactar contra él causándose la muerte.
Pero hay más culpables. La industria automovilística, que vomita millones de polucionantes autos cada año, y los políticos que potencian irresponsablemente el transporte privado invirtiendo la parte mas jugosa de los presupuestos públicos en asfalto e infraestructuras viarias.
Los fabricantes atrapan a sus mejores clientes (los mas bestias) ofreciendo máquinas con cualidades mecánicas que quizá expresan carencias físicas: mas potencia, mas tamaño, mas control, una imagen más agresiva; todo lo necesario para dominar en la jungla de asfalto, aunque quizá también sirva como parte de un sofisticado cortejo.

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Los estados, como recaudadores de impuestos por la venta de autos, hacen la vista gorda ante la fabricación de engendros mecánicos de 200 caballos de potencia o más, potenciales armas asesinas en manos de las consabidas bestias.
Si nos asombra y horroriza que en USA la posesión de armas de fuego sea un derecho fundamental, quizá deberíamos plantearnos si es muy sensato que se continúen fabricando autos (y motos) capaces de aceleraciones brutales y velocidades punta que doblan o triplican la máxima permitida. ¿Qué sentido tiene sino sólo fomentar la venta entre un público específico? Un público ávido de un producto que satisface necesidades muy distintas de las de puro transporte.

Para leer más:

Víctimas de la carretera.

Atropellos mortales.

Airbag para peatones.

Multas por ser peatón

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2 comentarios el “Sobre bestias y máquinas

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