14610 días

De Mayo del 1968 a Mayo del 2008 ha llovido mucho aunque según se mire parece que en lo fundamental seguimos sufriendo las mismas clases de injusticias.
Igual que entonces la libertad es un asunto muy relativo y los obreros viven el día a día con el temor al desempleo y a las carencias materiales, si bien hoy pocos trabajadores se autodenominarían obreros. Igual que entonces, la política es un asunto del que tenemos motivos sobrados para avergonzarnos, si bien entonces el fluir de la información no contaba con vehículos tan ágiles y poderosos como internet, tan poco propenso al monopolio informativo.
En el París de hace 40 años quizá lo más destacable respecto a la comparación con la situación actual es que los estudiantes en su mayoría eran hijos de familias acomodadas. Quizá la mayor diferencia respecto a la situación actual es que el panorama social de entonces no era compartido por la mayor parte de los países, pues la globalización sólo era un fenómeno muy incipiente. Hoy, en cambio, París no es fundamentalmente diferente a otras grandes capitales de otros países del mundo desarrollado. En todas partes encontraremos el mismo distanciamiento con la Naturaleza, el sentido de la Vida y el aislamiento de los individuos entre ellos a pesar de amontonarnos en cada vez menos espacio.
¿Por qué ocurre esto? ¿Por qué el “estado del bienestar”se ha desintegrado tan rápido? ¿Por qué los estados sólo se ocupan de defender los intereses de las grandes empresas?
Todo esto ha sucedido en gran medida por la pasividad del ciudadano común, que ha preferido creerse siempre las cómodas mentiras de la clase dirigente y ha aceptado sin rechistar el sucedáneo de democracia que padecemos. Mentiras que han mantenido el gran engaño: que el desarrollo económico es básico para el bienestar común, que la tecnología nos salvará de los males del mundo, que la democracia representativa es el mejor sistema político al que podemos aspirar, que los males de la humanidad son responsabilidad de todos en general y de nadie en particular ( y ésta es la mas indignante mentira de todas, fomentada en los últimos tiempos para responsabilizar al ciudadano de a pie de todas las catástrofes habidas y por haber ).
Ahora resulta que toda la culpa de la que quizá sea la mayor catástrofe por llegar de todas – el cambio climático-  es de los alocados consumidores, que entre otras cosas le quita de las manos a la industria unos productos que ellos no fabricarían si no fuera porque la gente no puede vivir sin ellos, productos que han de ser baratos por encima de todo porque la gente así lo quiere aunque ello signifique que su producción y consumo suponga la destrucción del medio ambiente. Unos consumidores ávidos de energía que no hacen preguntas acerca de la procedencia de ésta siempre y cuando se pueda pagar a un precio “razonable”. Unos consumidores que se empeñan en mantener un Estado que perpetúe el asalto a la Naturaleza para así poder, entre otras cosas, ir de turismo a cualquier lugar del mundo en cómodos aviones a reacción y alojarse en hoteles con todas las comodidades de la civilización; o comprarse un automóvil propulsado por combustibles obtenidos de un petróleo que se ha de traer de países destrozados a causa de éste; o consumir café, azúcar, chocolate o té en el desayuno mientras se ven las noticias televisivas del estado calamitoso de la geopolítica mundial y en particular del hambre en algunos países, potenciado por el desarrollo agrícola orientado al comercio internacional de algunos de estos productos; o disfrutar de lo último en móviles y portátiles, fabricados inevitablemente con materias primas provenientes de remotas regiones de Africa; o lucir o regalar joyas de oro con algún brillante, también originarios de este continente, y cuya minería es motivo a menudo de enfrentamientos armados. Visto así parecería que el ciudadano tiene la mayor responsabilidad en todo ello: si las escasas opciones del ciudadano – consumidor- votante – contribuyente – empleado no le obligaran a tanto esfuerzo y sacrificio para ir contracorriente podría pensarse tal cosa. Pero los estados pseudodemocráticos que nos gobiernan e imponen su coerción son tan culpables como la propia industria y la élite financiera que dirige a unos y  a otros.
Quizá dentro de otros quince mil días más los políticos al estilo de hoy sean tan innecesarios e indeseables como los gobiernos dictatoriales lo son hoy.  O quizá los cambios se aceleren y lleguemos a la madurez política mucho antes de lo que creemos, todo depende del empeño que le pongamos.

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Un comentario el “14610 días

  1. Es muy intereresante y objetiva la critica del articulo, sin embargo hay que seguir luchando por un mundo mas solidario lejos de este capitalismo salvaje y arrogante.

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