Mad Max vs. Flash Gordon

fotograma de Pozos de ambición

Lo que está por llegar en un futuro a medio plazo, de unos 5 ó 6 años o mucho menos, es algo que está relativamente claro para muchos analistas. Sin embargo los medios oficiales sólo reconocerán estas “posibilidades” conforme se vayan confirmando los acontecimientos. Por supuesto estos analistas no son entrevistados en los medios de comunicación y en todo caso se guardan muy bien de realizar declaraciones excesivamente claras, que puedan no ser del gusto de la corriente “ideológica” pro-desarrollo económico vía libre mercado.
Algunas cuestiones me parecen tan sumamente evidentes que no me explico como se logran negar tan categóricamente desde los mass media.

Quiero apuntar dos de ellas: 1) el fuerte impacto del déficit energético en el sector del transporte, y 2) el fin del crecimiento económico sostenido, dada la imposibilidad de incrementar aún mas el endeudamiento financiero. Desde luego ambas cuestiones están estrechamente relacionadas, pues el crecimiento económico no hubiera sido posible sin energía abundante y barata.

Prefiero ahondar acerca del impacto del déficit energético, pues es un tema algo más abordable y por tanto servirá para ir entrando en calor, en caso de que me queden ganas de escribir acerca del segundo punto.
Para entender mejor dónde nos estamos metiendo en materia de energía fósil, que es la que alimenta directamente casi todo tipo de vehículos (salvo el tren eléctrico, metro y tranvía) deberíamos dar un repaso al concepto de Peak Oil. Deberíamos entender también lo que significan los conceptos dependencia energética y energía primaria.
Una vez comprendidos estos conceptos ya sólo es cuestión de asumir o no que el Peak Oil está entre nosotros o bien que se encuentra a la vuelta de la esquina (la duda quedará resuelta con gran probabilidad en pocos años). Quizá la sucesión acelerada de acontecimientos geopolíticos en torno a la obtención y transporte de petróleo, así como las oscilaciones bruscas de precios energéticos y la especulación en el mercado de futuros del petróleo, sean claros indicadores de que ya estamos instalados en la árida meseta del PeaK Oil.
En cualquier caso estamos en una situación de precios altos (y oscilantes) del crudo, al tiempo que éste es cada vez de peor calidad y obliga a importantes inversiones en la fase de refino. Por otro lado, el crudo localizado recientemente precisará de un esfuerzo tecnológico para su extracción, que será caro y nada rentable a menos que los precios se mantengan muy altos ( o bien por el incremento de la demanda en las economías emergentes o bien porque los países productores decidan recortar su “producción” para ampliar su margen.
Antes de seguir por estos derroteros que para algunos serán pesimistas (para mi es puro realismo), quiero aquí recordar (supongo que innecesariamente) a los escasos pero muy apreciados lectores de este blog, que las centrales nucleares producen energía eléctrica y que hoy por hoy no podemos aprovechar ésta mas que para mover los trenes eléctricos, pero no los millones de vehículos ( furgonetas, camionetas, autobuses, camiones, tractores, barcos de pesca, mercantes, petroleros, así como absolutamente todo tipo de aviones) que transportan el grueso de las mercancías y personas en nuestra dependiente economía y que son impulsados a su vez por motores alimentados por productos derivados del refino del petróleo. Lo mismo puede decirse de los sistemas actuales de aprovechamiento de las energías renovables, salvo que se logre un sistema eficiente de conversión y almacenamiento de éstas a hidrógeno, no podemos emplear estas para el transporte masivo. Apunto también que el coche eléctrico es hoy por hoy una utopía – y de las malas -, pues sólo podría ser una solución para ricos y de momento estos no tienen problemas con el precio de las gasolinas.

El sector del transporte por carretera precisa de crudo para mover los vehículos pero también para la realización de las carreteras y su mantenimiento: maquinaria para mover tierras, asfalto para pavimentar, cemento para levantar puentes – que a su vez precisa mucha energía para su producción – ; también acero para refuerzo de puentes, quitamiedos y señalización, todo lo cual requiere de mucha energía para su construcción.

Y resulta que justo antes del Peak Oil se logra producir (extraer) y refinar más crudo que nunca antes en la breve historia de la sociedad “fósil”, lo cual crea la falsa sensación de que el petróleo barato no va a agotarse en mucho tiempo. Las sociedades tecnológico-financieras se amoldaron durante años a esta sobreabundancia energética, por lo que las infraestructuras tecnológicas (fabricas, centrales energéticas, sistemas de transporte, etc.) se adaptaron incrementando la producción industrial, el comercio y la oferta de todo tipo de bienes y servicios a una sociedad cada vez más ávida de consumo.
Los gobiernos democráticos ofrecen a cambio de los votos que los sustentan lo que la sociedad parece necesitar para continuar creciendo económicamente, y de paso continuar recaudando más y más impuestos para pagar las crecientes deudas que los gobiernos contraen: mas infraestructura tecnológico- energética, mayores facilidades para el comercio y el turismo, y todo lo que el pujante sector terciario pueda precisar para su expansión. Es decir, que los países modernos se vuelven crecientemente dependientes de un recurso energético del que la mayorái de ellos apenas pueden producir una pequeña fracción de su consumo total. Y justo antes de que empiecen a agotarse las reservas de crudo más accesibles y de mayor calidad. Toda una contrariedad.
Lo que quiero decir, por si no quedó suficientemente claro, es que ahora que hay mas vehículos a motor que nunca, que se importan nuevos productos del otro extremo del globo cada día, que se han creado autovías y carreteras a un ritmo desconocido hasta hace poco, que los aeropuertos y el tráfico aéreo han crecido en todo el mundo, que los cruceros y los vuelos transatlánticos se han popularizado hasta límites inimaginables hace un par de décadas; justo ahora que nos empezamos a quedar sin petróleo barato y de calidad.
Algunos gobiernos parece tomar medias, pero esto, evidentemente, no se soluciona con una campaña a favor de las bombillas de bajo consumo, ni con subvencionar la conexión a la red de placas fotovoltaicas, ni con los electrodomésticos clase A: esto no guarda mas que una relativa relación con el ahorro en el sector del transporte porque estos electrodomésticos no consumen derivados del petróleo más que en una fracción variable, en función de cual es el Mix energético.
En cuanto al tren, que en principio podría ser un buen medio de transporte, pues es relativamente eficiente y puede consumir electricidad renovable, algunos gobiernos – como el español- se han empeñado en desarrollar una red de alta velocidad sacrificando las inversiones en cercanías y trenes convencionales y dejando de lado el transporte de mercancías. El tren de alta velocidad es un tren que requiere de gran potencia eléctrica para su funcionamiento, en comparación de los trenes rápidos convencionales. Precisa también de complejas y costosas obras para la construcción de la vía férrea adecuada a las altas velocidades, con mínimos desniveles y curvas suavísimas. Y el servicio que ofrecen está destinado a una minoría que pueda pagar el elevado precio del billete; incluso si el billete se subvenciona con los impuestos que pagamos entre todos, usuarios y no usuarios, lo cual es una injusticia manifiesta para los ciudadanos con menos ingresos.
Resumiendo: en no demasiados años se constatará que nuestros gobernantes de hoy nos están cobrando unas carísimas infraestructuras de transporte que no serán necesarias en la nueva coyuntura energética. Las autovías se degradaran y llenaran de baches pero su cada vez mas reducido uso no justificará su adecuado mantenimiento. Los trenes de alta velocidad no podrán permitirse circular a sus velocidades de diseño, dado que la energía será demasiado costosa para ello. Serán inútiles los trazados hipercaros y los motores superpotentes, pues acabarán circulando a la misma velocidad que otros trenes ya suficientemente rápidos.

En cuanto al crecimiento económico sostenido, la gran quimera de El Dorado del capitalismo, estaremos probablemente frente a una situación económico-social totalmente nueva al caer paulatinamente en una espiral descendente hacia un mundo no-capitalista, con gobiernos y multinacionales debilitadas e individuos empujados a colaborar entre sí. El déficit energético, de materias primas, alimentos y agua dulce, quizá un clima cambiante (¿¿??) que empeora aún mas las cosas, nos empujan hacia un mundo sensiblemente “distinto” y por añadidura superpoblado. Peor en muchos aspectos, pero que propiciará la desaparición paulatina de la globalización y posteriormente del capitalismo; siempre y cuando las personas aprendan a pensar antes de caer en un nuevo tipo de esclavitud frente a unos estados totalitarios y controlados por un puñado de megacorporaciones, lo cual es otra posibilidad con muchos puntos para hacerse real. La historia, afortunadamente, aún no está escrita.

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