Atrapados en un manicomio

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Inolvidable  “Alguien voló sobre el nido del cuco”.

En vista del éxito, se prepara un segundo plan de rescate financiero. También se preparan paquetes de medidas para proteger la imprescindible industria automovilística, entre ellas facilitar la adquisición a crédito -cómo si no- de automóviles y mejorar las condiciones de los planes de sustitución del los “viejos” autos por otros nuevos. Los principales gobiernos del mundo rico apoyaran a los bancos para que puedan continuar facilitando crédito para ésto y para proseguir con la compra de viviendas caras por parte de sus cada día más pobres y endeudados ciudadanos, y así “salir” de la crisis.

Mi limitado conocimiento de las complejidades de la política y del mundo de las altas finanzas me lleva a extrañarme ante las aparentes contradicciones que supone que para librarnos de una crisis en la que nos hemos visto abocados, parece ser, por la concesión de créditos a tutiplén, no siempre con las garantías debidas, se nos receten precisamente más facilidades para el endeudamiento. Por supuesto que sospecho que tras las parciales y simplificadas explicaciones de la crisis del crédito se oculta una interpretación algo más sustanciosa: el mercado se sustenta en el crecimiento infinito, en la aportación de más y más capital y recursos desde la base de una pirámide que se ensancha, sube y crece continuamente y siempre y cuando se mantengan sus jugadores en el engaño de que también se beneficiarán como el que más si perseveran en el juego. Pero igual que en las estafas piramidales, el crecimiento económico está acotado por un mundo real que es finito, por lo que éste tarde o temprano llega a su fin. Los más optimistas – ¿o los más torpes? – dicen que se trata de ciclos. Desde luego, es posible que este fin de ciclo signifique algo mucho más allá de lo que estos suponen.

Lo de ayudar a la vieja industria del automóvil también me deja un tanto perplejo, dado que suponía que el discurso político de los nuevos tiempos iba de transporte sostenible, eficiencia energética, reducción de la contaminación, ciudades habitables y todo ese bla, bla, bla, que parece haberse esfumado tras el primer tirón de orejas de los verdaderos gestores del mundo. Por lo visto el automóvil es un objeto sagrado, y lo mantendremos a toda costa, aunque las consideraciones a problemas gravísimos como el de la dependencia del petróleo y las guerras que causa su caprichosa distribución geográfica deban aparcarse en el final de la agenda de la historia.

También me choca que resulte más fácil escuchar en la calle palabras con algo de sentido común que en los sesudos debates de los especialistas a sueldo que pueden verse en televisión, o que me parezca mucho más enriquecedor leer los blogs de aficionados que las editoriales de los diarios más prestigiosos. Debe ser que no estoy lo suficientemente loco como para entender todo esto.

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3 comentarios el “Atrapados en un manicomio

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