El dilema del empleo

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En el sucio y abarrotado gallinero del mundo político se cacarean palabras como creación y protección de empleo, competitividad y globalización, como si todas estas palabras fueran de la misma familia. Y ni los gallos ni las gallinas son capaces de ver que la competitividad y la globalización en realidad destruyen empleo, igual que lo hace la tecnificación y la automatización. (claro que no por ello deberíamos renunciar a estas últimas). Tampoco su machacón cacareo les ayuda a entender que el empleo cualificado, más productivo, reduce la necesidad del empleo de menor cualificación, por lo que el saldo neto es de destrucción de empleo. En ningún gallinero se atreven a declarar que el problema no es que se destruya empleo, sino que no se quiere repartir el cada vez mas escaso trabajo útil. En lugar de ello se baten las alas con fuerza y se cacarea con energía para tratar de enfatizar las mas absurdas ideas, y en lugar de aportar algo de lucidez, sólo se logra remover la mierda, agitar los ácaros, y hacer mucho ruido.

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Los constantes y pesados cacareos tampoco han desvelado que la concentración de riqueza que el propio aparato del Estado precisa y fomenta, atenta contra la distribución mas equitativa de la riqueza, produciendo el efecto de la economía sumergida, un residuo marginal pero necesario. Y que la economía sumergida es hasta cierto punto necesaria, si no cambiamos lo esencial, a no ser que no nos importe enviar a la indigencia absoluta, a la marginalidad social extrema o a la delincuencia inevitable a un número muy significativo de personas.

Pero aunque el empleo, cuanto mas cualificado, mas empleo destruye, al hacer innecesario un mayor número de empleados de menor cualificación, es evidente que la solución no es la precarización del empleo o la vuelta a “las cavernas”. Sería suficiente con recular hasta el punto anterior al nacimiento de los bancos centrales o incluso sólo hasta el momento en que la creación de dinero se desvinculó del patrón oro.

La única solución lógica puede ser una mejor distribución de la riqueza creada, limitando las ganancias disparatadas de los priviliegiados del juego económico, reduciendo la libre circulación de capital, controlando la creación de dinero y, por supuesto, no transfiriendo dinero-tiempo desde la nueva deuda contraída por la clase trabajadora hacia las grandes corporaciones financieras como los bancos en riesgo de quiebra o el Estado que salvaguarda los derechos de éstos a cambio de su apoyo y unas limosnas sociales para los pobres e indefensos ciudadanos que él mismo aplasta.

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Posiblemente esta situación no hubiera sido posible si la energía abundante y barata no hubiera estado ahí para permitir acelerar la  explotación de la naturaleza y sus recursos para convertirlos en bienes y servicios cuantificables económicamente a un ritmo tal y durante un tiempo suficientemente dilatado,llevándonos a creer que el crecimiento real podía ser sostenido indefinidamente y que cualquier deuda tarde o temprano podría saldarse, por lo que no había ningún peligro en contraer cada vez mas deuda. Ahorya podemos ver el límite físico del escenario, del campo de juego, vemos que se acaba la obra, el partido, la fiesta. Se destruye empleo porque hay sobreproducción de bienes y servicios respecto al ahora lento crecimiento de la deuda. Y la deuda no crece tanto porque la creación de riqueza real se quedó estancada, y esta se estancó porque no hay energía ni materias primas tan baratas-abundantes como hasta hace poco.

Resumiendo: para crear empleo, o evitar que se destruya, se debería explotar aún más a los desheredados de la Tierra, robar y destruir a los pocos indígenas que aún pretenden defender sus ancestrales territorios, acabar con los miramientos con la protección de los ecosistemas y llegar hasta el último rincón del planeta para así poder levantar fábricas con las materias primas que se les robó, para continuar vivienda nuestras vidas de adultos inmaduros, caprichosos devoradores-consumidores de matería y energía que tratan de esconderse de su vacío y deseperación con los juguetes tecnológicos y el “ocio” de diseño que la misma industria les vomita. O eso o repartimos lo que hay, que es mucho, entre todos (a mí me sobra trabajo), igual que distribuimos un poco mejor la riqueza.

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2 comentarios el “El dilema del empleo

  1. Has dado en el clavo, la distribución es la clave. Pero Papá Estado sirve al gran depredador, al que crece tomando energía vital de millones de personas,bajo la forma de bancos, multinacionales. El caso es que es más difícil cambiar las estructuras ahora, que tienen forma de democracia, que cuando gobernaba Luis XV. Mera apariencia, la aristocracia actual es la del dinero, pero el mundo se ha hecho muy pequeño y todos somos más vulnerables.

    La última aberración: las ayudas a las compras de coches. Pan para hoy y hambre para mañana, porque si chinos e indios se empeñan en tener un coche cada uno-como hacemos nosotros-podríamos ir pensando en alquilar tres planetas cercanos, porque éste ya no aguanta más

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