La inconsistencia de las creencias

Las personas tenemos una irrefrenable tendencia a copiar las actitudes que mas destacan en el grupo social en que nos desenvolvemos, y por tanto acabamos imitando y repitiendo formas de pensar y actuar mayoritarias, ya sea a nivel social amplio como grupal.

No podemos evitarlo; quizá sea nuestra esencia animal, en la que el individualismo no tiene cabida, pues a fin de cuentas los mamíferos necesitan más que otros seres vivos de la compañía de su familia y grupo. Si bien entre los mamíferos los rumiantes (ovejas, vacas, etc) ejemplifican muy bien ese tipo de comportamiento, en que el grupo prevalece sobre el individuo, los primates también presentan una importante interdependencia entre los individuos de su grupo familiar extenso, pero a un nivel de inteligencia superior.

Los humanos somos (aparentemente) los de mayor inteligencia de entre los primates. Si bien es muy posible que seamos también algo más que un primate especialmente listo, lo realmente cierto es que no dejamos de ser un mono desnudo (tal como nos describía el famoso etólogo Desmond Morris) con una serie de peculiaridades muy interesantes, como la superior capacidad de empatía (al menos potencialmente), la destreza manual (debida a la especial disposición de nuestros pulgares respecto al resto de dedos), y desde luego la capacidad de comunicarnos con un lenguaje verbal complejísimo. Por si esto fuera poco, estas dos últimas habilidades, junto a un cerebro con un lóbulo frontal especialmente desarrollado, dieron lugar a la capacidad de representación simbólica (pinturas, números y lenguaje escrito).

A partir de ahí se crearon los cimientos de la civilización. Sin comunicación no seríamos humanos, tal como lo entendemos hoy. Pero al mismo tiempo hemos de reconocer que la capacidad de entendernos, y sobre todo la de entender nuestro entorno, es muy limitada, al menos sirviéndonos exclusivamente de nuestro raciocinio (y oficialmente otros métodos no están reconocidos). No sólo somos incapaces de interpretar los significados del entorno natural; nuestro entorno artificial, pese a ser creación humana, también se torna indescifrable, al ser obra de una comunidad sofisticada, amplia y aficionada a la fábula.

Por tanto nos desenvolvemos mediante estrategias que necesariamente han de economizar la energía física y mental. Un ejemplo de éstas es que el cerebro, para interpretar las imágenes que ve, compara éstas con un modelo previamente almacenado en la memoria, creado a partir de cientos de percepciones previas; es como si todo lo que vemos y oímos estuviera referenciado en nuestra mente. Esto explica por qué los ciegos de nacimiento que son operados de la vista una vez el cerebro ya está desarrollado no ven llegan a ver inmediatamente, aunque todos los órganos responsables de la visión sean ya plenamente funcionales; el cerebro necesita un aprendizaje, pues en última instancia éste es el órgano del que depende la visión. Pero ese mecanismo, que tendrá como finalidad economizar energía y tiempo de reacción, me temo que tiene paralelismos en el resto de percepciones, y desde luego en los mecanismos de la comunicación y el entendimiento humanos, lo cual explicaría en parte por qué éstos son tan defectuosos.

A nivel social esta “eficiencia” de los mecanismos mentales se torna en deficiencia y explica algunas curiosidades: que seamos tan torpes a la hora de divisar cisnes negros, que los grandes partidos políticos se perpetúen durante tanto tiempo por mérito de un electorado ciego, el éxito de conspiraciones de lo mas chapuceras imaginables, el desastre de la prospectiva económica, la asimilación sin resistencia de los sistemas piramidales, etc, etc. Y es que nuestro cerebro seguramente no ha tenido tiempo de adaptarse a la fulgurante evolución de la complejidad social y lo interpreta todo con una economía de recursos muy traicionera.

Y no digamos sobre la ciencia: hablando de adaptación y de creencias; leía el otro día una entrevista a una veterana bióloga, Lynn Margulis, en el que contradecía la tesis básica de nada menos que su famoso colega Richard Dawkins (El gen egoísta; El espejismo de Dios). Decía no sólo que los genes no mostraban ningún comportamiento “egosísta”, sino que Dawkins no sabe de biología molecular, ni de geología, ni de simbiogénesis; vamos, que es un experto en escribir libros de ficción científica (no de ciencia ficción) pero que de lo suyo (la biología) mejor que no hable tanto (aunque sea muy buen orador). Pero lo mejor que leí fué lo siguiente: “la gente habla de la selección natural sin saber lo que es. Creen que Darwin dijo que el mecanismo de evolución es la selección natural, pero eso no tiene ningún sentido. El sabía que hay una fuente de cambios hereditarios, pero no conocía el mecanismo que los genera. Después de Darwin, unos científicos decidieron que esta fuente de cambios era la acumulación de mutaciones al azar, algo que Darwin no dijo y de lo que no se ha encontrado ningún ejemplo”…”Ahora sabemos que todos lo seres vivos tenemos un pasado común y que procedemos de un linaje, pero aún no se ha establecido cual es la fuente de esa innovación que da lugar a las nuevas especies”. Mejor aún: ahora se empieza a estudiar un mecanismo que explicaría cómo se producen esas mutaciones, y eso lo explicó con todo detalle un ruso llamado Boris Mijailovich ¡en 1921! en un libro que casi nadie leyó y al que nadie dió crédito entonces. Murío sin saber que tenía razón.

Sin entrar en más detalles, recordaré que la ciencia conocida popularmente se basa en teorías ganadoras y consenso científico, y en mucha menor medida en procedimiento científico. Y el consenso parece que es como aplicar la democracia a la ciencia, lo cual es ciertamente arriesgado, dado que el talento está muy irregularmente distribuído y es algo indiscutiblemente escaso. Por ciento que la verdad es y será independiente del consenso, en el pasado y ahora.

Casi igual de independiente que lo son realidad y voluntad o intención, aunque algunas explicaciones New Age, basándose en un supuesto conocimiento de los fundamentos de la física cuántica tratan de relacionar, argumentando que la intención tiene el poder de modificar la experiencia, o sea la realidad subjetiva. ¡Ojalá! Qué bonito sería. Será por eso que quienes quieren dedicar su vida al desarrollo espiritual se apartan del bullicioso mundo y se recluyen en un monasterio, para que lo “real” no entorpezca lo espiritual.

Pero si hay una creencia que nos tiene en vilo últimamente a la mayoría de nosotros, a los que nos preocupan también las cosas que no son de nuestro entorno inmediato, es el famosísimo calentamiento global, del que yo he sido un ferviente creyente hasta hace no mucho. Pero a causa de indagar y curiosear he ido viendo que ciertos aspectos eran al menos demasiado confusos como para no albergar apenas dudas. Aún así, cuando se trata de un riesgo tan importante quizá sea mejor prevenir. Pero no; nos gusta jugar al todo o nada, apostar, especular, arriesgar. Es por eso que ahora se ha bautizado como climategate al supuesto fraude y manipulación de una parte de la comunidad científica, que ciertamente ha estado viviendo a costa de la “popularidad” del cambio climático y la aceptación oficial por parte de los gobiernos de casi todos los países (al menos los que no tienen apenas petróleo y gas). Y en caso de ser un fraude, se tendría que responsabilizar tanto a los gobiernos y políticos que subvencionaron tan generosamente dichos estudios como a los científicos e instituciones científicas que se vendieron (no sería la primera vez) al mejor postor.

Pero aclaremos algunos conceptos muy brevemente, para que podamos organizar las ideas.

Cambio climático: es más que evidente que estamos observando cambios importantes a escala planetaria. Pero si bien el cambio es innegable, otra cosa es asegurar su origen antropogénico o su tendencia a medio plazo.

Calentamiento global: se ha de aclarar cuándo hablamos de variación de la temperatura de la tierra, del océano o de la atmósfera. Se dan grandes diferencias, y parece que especialmente porque los lugares de medida terrestres son afectados por el crecimiento de las ciudades y la actividad industrial, que implica variaciones en su entorno. Por otro lado, en los dos últimos años se han oído voces del mundo científico que apuntan a un cambio de tendencia de calentamiento a enfriamiento.

Efecto invernadero: se explica que los gases que producen dicho efecto, consistente en que retienen el calor debido al calenteamiento solar, desequilibrando el balance de ganancias y pérdidas de calor. Un exceso de ellos se atribuyen a la actividad humana; entre ellos el CO2 y el metano serían los más destacados, y en especial, la megaestrella sería el CO2, pues se produce por la quema de combustibles fósiles. El efecto invernadero, si bien es un fenómeno natural, se podría convertir en un problema por su posible desequilibrio debido al incremento de ciertos gases por la actividad industrial, agrícola y ganadera.

Singularidad del cambio climático actual: en épocas anteriores se han producido cambios de temperatura y concentración de dióxido de carbono más rápidos incluso que el experimentado actualmente; por lo que la velocidad del cambio actual no parece constituir evidencia del origen antropogénico del cambio climático, si bien no hay constancia de que dichos cambios fueran globales.

Otros factores que provocarían cambio climático: el más importante y discutido es la variación de la radiación solar. Según algunos científicos un cambio inminente en la actividad solar puede llevarnos a una época de enfriamiento. Erupciones volcánicas submarinas podrían calentar los océanos.

Resumen: un galimatias. Podemos CREER a quien nos convenga; tan elástico como los gobiernos cambiado sus políticas energéticas.

Esto probablemente es un circo muy bien montado para desgastar la poca capacidad analítica que nos pueda quedar. Yo sigo pensando que esto es “marear la perdiz”.

Pero tenemos otras mil razones, de mayor peso aún, para ir parando centrales energéticas y fábricas, y dejando de fabricar automóviles, aviones y trenes de alta velocidad. Pero éstas razones sí que son Tabú. Los poderosos no quieren ni mencionarlas. Además, están muy preocupados en salvarnos de la crisis en la que nos metieron a sabiendas de lo que hacían.

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4 comentarios el “La inconsistencia de las creencias

  1. Hao!

    Quizás conocéis a Iñaki Urkía, uno de los pioneros en la aplicación e investigación de tecnologías alternativas. Un cachondo. Bueno, me dijo…: “lo que hay que producir son Negawatios, no Megawatios”.

    Cada uno de nosotros tenemos la responsabilidad de “decrecer” o de aplicar la “sencillez voluntaria”.

    Me gustaría ver las “políticas de ahorro personal” de los políticos verdes a todos los niveles… Viajecitos, cenorras, coches híbridos que valen un pastón, americanita y corbatita…

    Ah! Somos seres sociales, nos guste o no, por mucho que el mito cultural anglosajón del “individuo omnipotente” campe a sus anchas entre las mentes estrechas.

    Hao!

    • No le conozco, pero si había oído lo de los negawatios; creo que lo “inventaron” los del Rocky Mountain Institute, o al menos leí sobre ello en su libro (escrito con otros autores) -Factor 4- hace ya unos añitos. Hoy nos venden la moto de que para ahorrar hay que consumir tecnología punta (coche híbrido, equipos supereficientes, etc). Por ejemplo, los electrodomésticos modernos clase A, terminan haciendo que gastemos aún más (es la paradoja de Jeavons)pues por ejemplo los frigoríficos ahora son el doble de grandes que antes y los estamos abriendo y cerrando continuamente. Lo mismo los automóviles, en los que la eficiencia ha servido para doblar la potencia media de los vehículo, o para hacer el doble de kilómetros.
      Un prototipo de esto políticos, Al Gore, vive en una casa de “tropecientos” metros cuadrados y viaja miles de kilómetros en avión acompañado de su “séquito” para recordarnos que estamos cambiando el clima con las emisiones de CO2 y cia.(también las de sus viajes en reactor). Y le escuchan embelesado, y le pagan un pastón. Es el “Papa” de la iglesia de la “calentología”.

  2. Posicionarse es una opción, tener dudas también es una opción.No niego la gravedad del asunto del c.c., pero la forma como se esta argumentando, en mas de una ocasión exagerando para captar adeptos, me parece “una mala estrategia”. Creo que ahora se deben de sentar las bases hacia una transición pero paso a paso sin comprometer unos compromisos anteriores, a mi entender vitales desde el punto humanistisco, que son el hambre y la enfermedades que cada día se llevan por delante a muchos niños. Es una cuestión de valorar las prioridades a c/p, medio y largo plazo.

    • La posición más inteligente parece ser la que dictaría el Principio de Precaución, pero lo cierto es que la fórmula propuesta para tomar “precauciones” es muuuy sospechosa: bendecir el Comercio de Emisiones,lo que supone, a falta de las verdaderas soluciones, que la tecnología de la eficiencia será la nueva gallina de los huevos de oro (y menos los combustibles fósiles*); que la meseta del cénit fósil podrá prolongarse a la par que la demanda mas baja mantendrá los precios en “su sitio” Resultado: se emitirá menos CO2 pero con la misma cuota del mismo CO2 se logrará producir la misma cantidad de energía, materias primas, transporte…con lo que continuará la lucha por los recursos escasos, el mercado global, etc. … lo cual significa continuar con: la agresiva innovación quimica y biológica(y sus gravísimos riesgos consecuentes); explotación de los ecosistemas, de los recursos minerales, madereros, biológicos en gral.,de la aniquilación de las tierras fértiles,… de la explotación del própio ser humano a manos de unos pocos congéneres infinitamente mas ricos que los demás.
      Porque de éso se trata, ni más ni menos. Para eso se ha montado el circo de Copenague.
      * No es casual que los países con mayores reservas de petróleo no participen en éste circo en particular.

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