¿el impuesto de los tontos?

No. De eso nada. Hay muchas buenas razones para jugar a la lotería (de Navidad), aparte de la estulticia habitual del personal. Todas ellas reforzadas y fomentadas por unas campañas publicitarias que, mas que animar, atemorizan a los pocos que nos resistimos a participar. Porque, ¿quien en su sano juicio se quiere negar una oportunidad así de experimentar la felicidad suprema de hacerse rico al instante?

El interés del Estado en el juego de azar es más que evidente: un beneficio nada desdeñable, pues de cada 100 euros jugados en la lotería de Navidad el Estado se queda con 30 ( y aún es mucho menos que en otros juegos de azar).

Pero el interés de la gente en poseer un boleto participatorio es igual de mezquino que el del Estado, sólo que la decisión del que juega es mucho más irracional que la de quien organiza el juego. Hay gente que juega dentro de un grupo (normalmente la empresa) por no correr el riesgo (mínimo pero real) de sufrir el tormento psíquico de quedar excluido de un gran premio y verse obligado ver a sus compañero eufóricos y radiantes de felicidad (pasajera, sí, pero intensísima y genuina) mientras se hunden más y más en el pozo de la desesperación y la amargura de perder la oportunidad de su vida. (yo mismo he de reconocer que suspiraba aliviado cuando comprobaba que una vez más  resultaba el más afortunado al  rechazar loterías, primitivas y otros juegos de azar; soy envidioso como cualquier otro, lo reconozco).

Otras razones igual de comunes: las que impulsan a jugar a quienes lo harían aunque nadie más en la oficina lo hiciese, son ciertas creencias inconsistentes desde el punto de vista racional: que la suerte esta vez está de nuestro lado, que los justo sería que nos tocara para compensar las injusticias sufridas en la vida, etc. O simplemente porque nos sentimos atrapados por unas circunstancias tales que sólo mediante una cantidad de dinero importantísima podríamos “comprar” nuestra libertad, y no vemos otra manera de obtenerla (porque no tenemos agallas para atracar un banco). Démos gracias al Estado, que pone a nuestra disposición una oportunidad así de liberarnos de las cadenas que él mismo ata a nuestros tobillos. Pues sin el empleo a tiempo completo (por el que hemos de sentirnos unos afortunados privilegiados) no nos sentiríamos como unos desgraciados esclavos, que ven consumir su vida sin esperanza y a menudo sin un sentido muy definido. Pero en la vida moderna no hay apenas escala cromática; todo es en escala de grises. O trabajamos hasta dejarnos la piel o no tenemos derecho al trabajo. Y si no, hemos de poner a prueba el ingenio para no ser reconocidos como unos vividores y aprovechados: dedicarnos a algún negocio lucrativo, a la especulación financiera o inmobiliaria, invertir en bolsa de valores, materias primas, etc.  También se podría optar por engrosar las filas de alguno de los principales partidos políticos , pero ya hay demasiada competencia (igual que las oposiciones a funcionario público). O también podríamos organizar un rifa o sorteo (algo parecido a una lotería de Navidad, por ejemplo) pero ésto ya se me antoja demasiado inmoral pues es jugar con la deseperanza de la gente.

Para acabar, ¿alguien se ha planteado seriamente por qué en España se juega tanto?

Anuncios

Un comentario el “¿el impuesto de los tontos?

  1. Pingback: Invertir en apostar: ¿una jugada maestra? | utopicosincomplejos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s