¿Que fué de la Libertad?

Nuestra privilegiada y envidiable sociedad moderna, occidental, democrática y rica, hace aguas por todas partes, aunque hay quien se niega a reconocerlo y nos trata de convencer de que sólo es un resfriado pasajero. Pero a mí me parece que padece una enfermedad grave, terminal diría incluso. Aparte de que nuestra socidad no sea tan envidiable, ni democrática, ni rica (se quedaría con lo de privilegiada y moderna, todo lo más), los síntomas de su mal son inequívocos: desaparición acelerada de la clase media, cuya mayoría constituía la esencia del llamado “progreso social”; limitación progresiva de las libertades individuales en beneficio de la fortaleza del Estado; sistema educativo obsoleto e inacecuado (porque a fin de cuentas sólo es adecuado para alimentar el sistema productivo empresarial peor posible); sistema económico condenado a muerte, que se llevará por delante a las personas más débiles, pequeñas y medianas empresas que son el fundamento de la economía, instituciones e incluso gobiernos enteros (todo al tiempo); seguridad social tocada por debajo del nivel de flotación (como se apuntaba en una entrada anterior); sanidad pública que enferma diligentemente a millones de contribuyentes con los fármacos alopáticos gratuitos y universales; libertad de expresión reducida a cenizas, tanto como la capacidad de análisis crítico de la ciudadanía; demografía incontrolada, ya que a pesar del buen tino de las familias europeas de reducir su número de hijos, las poblaciones se han incrementado gracias a la ceguera de los gobernantes, que han incitado a la inmigración en lugar de ayudar a los países pobres a resolver sus problemas del modo más sensato: mejorando las condiciones de vida de sus ciudadanos mediante políticas de ayuda y desarrollo verdaderas (no la hipocresía de la ONU y el Banco Mundial).

Una serie de gravísimas circunstancias que no son gratuitas, pues se han originado en la avaricia de unos y otros y se han fomentado por gobiernos ciegos a otra cosa que no sea el cortoplacismo democrático, adulador de ricos y poderosos, concentrador de riqueza y poder.

La duda que tengo al respecto de tanto desastre acumulado es si éste es casual, fruto si acaso de la indolencia e incompetencia ( no al revés) de los gobernantes, o bien es un efecto buscado mediante acciones premeditadas, planificadas y aplicadas por la inapreciable casta parasitaria europea. That’s the Question.

Porque las políticas económicas parecen dictadas por terroristas financieros que buscan sembrar de desconcierto, inseguridad y temor hacia el futuro a los ciudadanos europeos, más que por conciudadanos capaces de experimentar un mínimo de empatía hacia sus vecinos.

Pero, ¿acaso es esto un desatre total? NO, en absoluto. Sólo es una situación colectiva especialmente dura (para unos más que para otros), pero interesante y rebosante de oportunidades, como otras crisis. El problema podría ser que la verdadera crisis sea una crisis de valores que no sepamos superar, con lo que no podríamos ver más allá de las limitaciones actuales. Y uno de los valores fundamentales que hemos de recuperar es el del aprecio a la LIBERTAD. Libertad para decidir por nosotros qué nos conviene, en todos los ámbitos, incluida la educación, el trabajo, la salud, la seguridad, la energía, la edad de jubilación, el gobierno y las políticas locales, regionales y nacionales. Pero para ejercer esa “libertad con mayúsculas” hemos de pagar con cierta responsabilidad. Hemos de ser responsables, y libres, en éste sentido; aquí no es posible atajar. Si no pagamos el precio de la responsabilidad no podemos exigir más que una patraña de democracia y una patética y falsa libertad, de elegir entre una mierda de color rojo y otra mierda de color azul, pero igual de nausabundas ambas.

Para empezar a ser libres debemos hacer unos pequeños grandes gestos, muy adecuados como propósitos de cambio para empezar con el año nuevo:

  • INFORMARSE: dejar de hacer caso a los noticiarios; mejor aún no verlos. No leer periódicos, o no tomárselos demasiado en serio. Ir arrinconando la TV poco a poco. Contrastar las noticias con el sentido común, analizar, dudar, pensar y decidir.
  • PENSAR: ir habituándose a pensar por uno mismo. Ésto es un propósito excelente para el resto de la vida, a largo plazo. Los pensamientos auténticos no son un producto prefabricado por expertos y pensadores profesionales.
  • DECIDIR: aprender a tomar decisiones -inteligentemente- es una forma potentísima de incrementar la autoestima y la libertad personal, mejor que acumular dinero (el dinero sólo ayuda a ser libre si tenemos una verdadera capacidad de tomar decisiones por nuestra cuenta).
  • CAMBIAR: el fin último de tanta información y pensamiento ha de ser la acción, y la acción empieza en uno mismo. Cambiar ciertos aspectos básicos de la vida es una premisa ineludible para cambios mayores. La libertad puede empezar con pequeños actos; como la forma en que ocupamos nuestro tiempo; lo que leemos, vemos, comemos, decimos, vestimos, incluso oímos (porque podemos ejercer un control en todo ello). Más difícil, pero no imposible, es cambiar de trabajo, o conseguir unos ingresos por medios aceptables; superar alguna dificultad personal o algún trauma; cambiar de vida; adaptarse a una nueva vida, etc.
  • ADAPTARSE: precisamente, como no podemos estar cambiando continuamente (y a pesar de los cambios) siempre será necesario logar una adaptación a las nuevas circunstancias. Pero esta adaptación no será un sometimiento a unas circunstancias inamovibles e ineludibles de origen externo, sino una acomodación a unas circunstancias “opcionales” en la medida de lo posible, pues la “economía de esfuerzos” no ha de avergonzar a nadie cuando los medios son moralmente lícitos y no suponen ningún abuso de nadie.
  • COMUNICAR: como acción última pero no por ello la menos valiosa, compartir la información acumulada, la experiencia, el esfuerzo; ayudará a los recién incorporados a la “senda del cambio” a tomar un atajo que les permita llegar evitando excesivos tropiezos, que sólo sirven para desalentar a los menos animosos.

Y no lo olvideis: tarde o temprano todos llegamos a una encrucijada. Aconsejaría elegir siempre el camino de la libertad, por muy llanas y cómodas que parezcan las otras opciones. Porque sin libertad (con mayúsculas) no se concibe la DIGNIDAD; y la vida sin dignidad no vale la pena.

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