Las causas y las excusas

Las noticias (también aquellas que no podemos evitar oir) nos causan desasosiego. No tanto por las propias noticias, mayormente de catastrofes, desgracias, desdichas e injusticias; que parecen noticias patrocinadas por el fabricante de Prozac. También por ello, sí, pero sobre todo causan desasosiego porque son noticas que parecen recogidas por dementes y explicadas a retrasados. ¡Y lo peor es que aparentemente se crea debate serio en torno a ellas!

Dicen por ahí que el sentido común murió. Añadiría que la capacidad de análisis está en coma profundo, pues no parece haber actividad cerebral propia del estado de consciencia.

Lo curioso es que la gente – algunos al menos – individualmente muestra signos de inteligencia. Pero colectivamente el nivel del discurso se ajusta, por parte de los medios, de modo que la “audiencia” se maximice (aunque a costa de minimizar el valor y complejidad del contenido), con lo cual se nos trata como a deficientes mentales. Los políticos son un caso especial, pues se han habituado tanto a la presencia de los medios de comunicación que ya entre ellos hablan como si no les quedaran muchas neuronas sanas o enteras.

Y los periodistas se ganan la vida como les permite su vilipendiada profesión.

Por ellos algunas noticias no son noticia y otras -que no pueden ocultarse del todo-, al menos se degradan al rango de mero suceso anecdótico.

Pero también podríamos hacer noticia de los sucesos, al menos de los más relevantes, como las catástrofes.

Una de las más recientes catástrofes, en este caso genuinamente artificial (aunque todas lo son en cierto modo) es el accidente de la planta de energía eléctrica de Connecticut (U.S.A.), que estaba en construcción

Una explosión de gas de enorme potencia se llevó la vida de al menos ¿¿cinco trabajadores?? y causó graves heridas en decenas de ellos. Sobre las causas “investigan”. Aunque en realidad no hay mucho que investigar, y si quisieran conocer las circunstancias podrían hacerlo si demasiada dificultad preguntando entre el personal superviviente (no entre los jefes de mayor rango, por supuesto).

Al margen de los detalles, se trata de un caso claro de puesta a prueba de las fórmulas economicistas más modernas, según las cuales la eficiencia económica es un valor absoluto, superior a todos los demás. Los números y las “estrategias” económicas marcan un trepidante ritmo de trabajo;  un trabajo eficiente que genera beneficio a las empresas, ingresos a la administración, y valor al accionista, aparte de un paupérrimo salario al trabajador que está a pie de obra, ignorante a menudo de lo que se cuece a su alrededor.

Ni los CEOs, ni los managers ni los accionistas que imponen plazos y velan por la competitividad sabrían nada -ni querrían- del agobio o cansancio de los trabajadores que llevaban meses aguantando jornadas maratonianas en un duro trabajo, realizado mayormente a la intemperie y en condiciones adversas. Los accionistas en particular no sabrán -supongo- en que condiciones trabaja un soldador, un tubero, un mecánico industrial o un auxiliar.

Claro que ¿a quién le importa?. A veces creo que sólo a las familias de las víctimas (si acaso).

Nos reperirán aquello del precio del progreso. No hay neuronas para más.

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Un comentario el “Las causas y las excusas

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