Sin memoria no somos nada. Y sólo con ella tampoco.

Aparte de la perogrullada del título, me atrevería a decir que el lenguaje escrito y la difusión masiva de libros significó el principio del fin de las capacidades memorísticas de nuestros ancestros, intuyo que muy superiores a las nuestras por la pura necesidad y por la práctica. Quizá hoy tenemos conocimientos -superficiales- sobre un abanico mucho mas amplio de materias (lo cual no es aplicable a todo el mundo, evidentemente) pero por otro lado mostramos deficiencias importantes a la hora de memorizar nombres, y no digamos números o frases enteras.

En nuestro moderno mundo informatizado y tecnificado, en el que podemos guardar palabras e imágenes en discos duros y pendrives, descargando así nuestra memoria de esfuerzos (igual que la calculadora nos ayudó a olvidar la tabla de multiplicar) la cosa ha ido a peor para la memoria. Y sin embargo la vida profesional (y también la particular) nos obliga a memorizar constantemente PINs, procedimientos, caras, nombres propios y vocabulario en varios idiomas, amén de una serie de habilidades no exclusivamente lingüisticas que son própias de la profesión y/o del rol social.

Y algunas materias en particular exigen un esfuerzo casi sobrehumano a las capacidades memorísticas; es el caso del derecho, con textos, leyes, códigos y jurisprudencia infinitos, que puede ser una pesadilla para muchos aspirantes a oposiciones a juez o notario. Quizá por ello ha sido precisamente un juez -Baltasar Garzón- quien ha considerado que la memoria histórica es algo que no debería caer en el olvido, y ha actuado en consecuencia. Lo decía John Elliott -historiador- el pasado Martes en la Contra del diario la Vanguardia; ante la pregunta de para qué sirve saber historia contestó: “Para ser libres. Los ciudadanos sin memoria histórica son más manipulables.” Por desgracia las personas (y los Estados) tienen -en general- una memoria frágil que nos lleva a tropezar dos veces con la misma piedra. Como demuestra ahora la Generalitat de Catalunya al pretender multar a quien no use el catalán en sus negocios. Al respecto de esto John Elliot también dijo: “ El peor servicio que puede hacer un gobierno a su lengua es imponerla a quien no quiere utilizarla”. Lo dice sir John, que aprendió catalán cuando Franco lo perseguía (a la lengua, no a él).

A nivel individual es mucho más patente que sin memoria no seríamos en absoluto lo que somos. Poniendo un ejemplo extremo: es innegable que el Alzheimer es una de las más temidas enfermedades, pues va disolviendo la memoria a la par que destruye las neuronas, dejando progresivamente a los enfermos convertidos en sombras de lo que fueron, siendo la primera manifestación o síntoma de la enfermadad los lapsus memorísticos.

La confianza excesiva en las herramientas tecnológicas, en la deducción y en la creatividad, aún siendo herramientas utilísimas y muy potentes, quedan cojas sin una buena y fiable memoria. Aunque no tan cojas como una potente memoria de superempollón que carezca, si embargo, de capacidad analítica y deducción, amén de la muy práctica intuición.

Un caso extremo de memoria hipertrofiada pero con el resto de capacidades deficientes era el del recientemente fallecido Kim Peek, cuya historia se inmortalizó en Rain Man, papel interpretado por Dustin Hoffman, compartiendo protagonismo en la película con Tom Cruise. Curiosamente su portentosa memoria se debía a una malformación cerebral, pues le faltaba el tejido que conecta los hemisferiso cerebrales, lo cual provocaba que no se filtrara la información que el cerebro captaba. Era capaz de retener casi el 100 % de todos los datos, llegando a memorizar libros enteros, o listines de teléfono con los números y las direcciones asociados a los nombres de los abonados.

Sin embargo hay personas que educan y potencian sus memoria disponiendo de un cerebro relativamente ordinario, al que sacan el máximo partido. En España destacaría el caso de Ramón Campayo, campeón mundial de memorización y lectura rápida. Pero aunque algunos de estos casos son excelentes ejemplos de lo que puede lograrse con un concienzudo entrenamiento, yo agradezco más la labor de aquellos que además de buenos ejemplos de logro (aunque quizá no tan espectaculares) son excelentes comunicadores y saben perfectamente cómo animar a la gente a esforzarse por mejorar su memoria y concentración, ayudándoles con un método claro y fiable. Es el caso de Luis García Carrasco, autor del muy recomendable blog elartedelamemoria.org García Carrasco acaba de publicar el libro “Lo que deberías aprender antes de aprender”. No os olvideis del título.

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