Una tortura universal

Escribo esto en los últimos minutos del día 1 de Mayo, día internacional del Trabajo. Un día en el que los sindicatos, y algunos otros no sindicados, se reúnen para manifestarse  juntos. No sé muy bien para qué, aunque se dice que para reclamar los derechos de los trabajadores y sobre todo el derecho al propio trabajo.

Que queréis que os diga; a mí todo esto me parece surrealista; reivindicar el trabajo, cuando en realidad deberían decir empleo (como si fuera lo mismo), y cuando en realidad reivindican su espíritu de esclavos. Reclamar el derecho a la “tortura” diaria del empleo a jornada completa y al salario justo (mas bien diría justito), que permita endeudarse de por vida por el otro derecho universal: la vivienda, o mas bien el pisito en “propiedad” (no sé quien es propiedad de qué o quienes).

Estoy tan cansado de repetir el tema que no lo haré (no me sale… ) Tampoco creo que sirva de gran cosa: los que compartimos estas clase de ideas excéntricas somos tan poquitos… que no podemos hacer otra cosa que adaptarnos como buenamente podamos y vivir si acaso en los límites del sistema, semiengullidos por el monstruo.

Sólo quiero recordar la etimología de la palabra, para quien no la sepa:

Trabajo viene del latín tripalium, que significaba literalmente ‘tres palos’ y era un instrumento de tortura formado por tres estacas a las que se amarraba al reo.

Mediante una evolución metonímica, adquirió el sentido de ‘penalidad, molestia, tormento o suceso infeliz’ (Dicccionario de la lengua española: trabajo, 9.). Es decir, este nombre pasó de designar un instrumento de tortura a referirse a uno de los efectos de la tortura: el sufrimiento. Esto supuso perder los rasgos más específicos del significado: ya no hay aquí maderas, ni se ata a nadie a ningún sitio. Eso es lo que significa en este ejemplo de finales del siglo XVII:

[…] quando veais que Dios embia trabajos, hambres, necessidades y guerras, no os aflijais ni penseis que Dios no se acuerda de vosotros, que no ay quando mas os quiera que el dia que os dà trabajos: ya la persecucion, ya la enfermedad, ya la muerte del padre, ya la del marido, ya la pobreza […] [Cristóbal Lozano: El Rey penitente: David arrepentido, 3.ª impresión, Valencia, 1698]

Si el sufrimiento lleva unida una retribución económica, ya está aquí nuestro actual concepto de trabajo. Se trata nuevamente de una evolución de índole metonímica, pues el sufrimiento está presente en cualquiera de las actividades con las que nos ganamos el pan.

Puede que algunos hayamos vislumbrado la Gran Mentira, el Tinglado, el Matrix… como lo queráis llamar… pero no nos atrevemos a dar el paso definitivo… Seguimos atados … al consumo, al crédito, a la última tecnología… y sobre todo al empleo “seguro”·

Os invito a leer más en las entradas anteriores sobre el trabajo y el empleo.

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