Sobre acuerdos y desacuerdos

Cuando se produce alguna tragedia suele ser fácil estar de acuerdo acerca de lo que debió hacerse para evitarla. Antes de que sucedan, en cambio, no suele haber consenso sobre las medidas preventivas, la inversión de recursos o las probabilidades y gravedad de los daños. Por eso no se toman, generalmente, las medidas adecuadas y sucede, a menudo, lo evitable.

En algunos casos al menos, los medios (de comunicación) sí parecen estar de acuerdo acerca de las causas y los responsables. Es el caso del desgraciado atropello ferroviario sucedido la pasada noche de San Juan en la localidad barcelonesa de Castelldefels.

Oyendo la televisión (sí, dije oir) comprobé que existía una opinión extendida entre varios canales acerca de la casi exclusiva culpabilidad de las jóvenes víctimas. Chicos entre 16 y 25 años en su mayoría (según las mismas fuentes), que se apearon en un demasiado oscuro andén, en el que la aglomeración (previsible), probablemente desorientó a muchos, especialmente cuando encontraron el habitual paso superior cerrado y no conocían de la existencia del paso inferior, situado a unos excesivos 80 metros del anterior (según fuentes televisivas algo más críticas). Tampoco se extraña casi nadie (y desde luego ninguna autoridad) de que un tren pueda aparecer en una abarrotada estación circulando a 140 Km/h (y la normativa parece ser que permite incluso circular a 150 Km/h al paso de una estación).

Dicen que si la gente permanece en el andén no hay peligro; pero a mí no me da esa sensación, y lo he visto con demasiada frecuencia. Lo he visto a menudo en la calle Barcelona de la localidad turística de Salou (Tarragona), donde en plena temporada veraniega se amontonan decenas y hasta centenares de peatones esperando (más o menos pacientemente) junto a una simple barrera, al paso de un tren. Un tren que llega a menudo a altas velocidades en medio de la noche, sorprendiendo con su fulgurante aparición (tras una curva que implica escasa visibilidad) a numerosas personas entre las que se encuentran familias con niños en carrito o niños cogidos de la mano, a sólo un par de metros de una mole de toneladas de peso que hace temblar el suelo a su paso. Es todo un espectáculo: primero por el propio tren y luego por ver la cara de alucinados de los turistas que tienes en frente, cuando acabó de pasar el tren; Algunos de ellos tardan un rato en reaccionar al shock.

Ni en los pasos a nivel ni en los estrechos andenes me siento seguro (ni cuando ni por asomo me planteo bajar del andén). A veces he llegado a temer que una ráfaga de aire provocada por el propio paso del tren pueda arrastrar a alguien hacia las vías. Desde luego no me siento nada seguro cuando un tren pasa tan cerca a tan alta velocidad ( y no bajo del andén, desde luego; ni tan sólo me acerco al borde, si puedo evitarlo, claro). También se dice que no hay diferencia entre que llegue el tren a 75 que a 150 km/h. Yo creo que sí, pues si caes a la vía o has cometido la grave imprudencia de bajar a las vías para atajar podrías reaccionar, pues dispones del doble de tiempo antes de que el tren te arrolle. Y si el tren pita, también le oyes con mucho más tiempo.

Pero las autoridades, a pesar de lo complejo del caso, ya dictaminaron. Y simplificaron, según su conveniencia. Como siempre. Supongo que no son usuarios de trenes de cercanías ni  de regionales. Si acaso, en los pocos casos en los que no usan sus caros coches oficiales, van en los de alta velocidad o los trenes rápidos; trenes que tienen derecho  a no perder un minuto (ni tan sólo por el bien de los que permanecen en los andenes). Dicen que es el precio del progreso. Pero yo me pregunto: ¿tanta prisa adónde nos lleva?

Otra duda que me asalta: Tanta insistencia respecto a la culpabilidad de las victimas, ¿es sólo por alejar la remota posibilidad de unas indemnizaciones? ¿o es también para evitar cambiar la normativa acerca de la velocidad de paso por estaciones de los trenes rápidos?

En cualquier caso, las autoridades decepcionan una vez más.

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Un comentario el “Sobre acuerdos y desacuerdos

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