¿Somos ciudadanos libres?

No es una pregunta para tomar a la ligera.  Cuando se acercan unas elecciones, o un hecho como una huelga general, cabe planteársela seriamente.

Si se discurre lo suficiente (o quizá no demasiado aún) es posible llegar a las siguientes conclusiones:

–           Si bien en apariencia podemos elegir entre diversas opciones vitales, el propio Estado y el sistema económico vigente que lo alimenta (en más de un sentido) acota y limita estas opciones en función de sus intereses y en perjuicio de los intereses de los ciudadanos. (la economía requiere del “sacrificio” del individuo para su propia supervivencia).

–           Para lograr ampliamente ese “control” no se recurre a ningún modo de coerción violenta, pero si a un relativamente sutil modo de “programación” que consiste en fijar en la mente del ciudadano unas premisas perversas que “bloquean” su mente.

–           Estas premisas consisten en valores equivocados que se nos graban a fuego: la competencia y competitividad, frente a la colaboración; el esfuerzo y el sacrificio, frente al poder creativo de la mente; el trabajo como valor en sí mismo, (casi sagrado, según quienes no han trabajado en su vida). De estos valores emanan otros muchos, de carácter secundario, que impregnan por entero nuestras vidas “normales”.

La educación, pese a las apariencias de cambio, continúa siendo autoritaria, vertical, monofacética, programada y rígida.  No obstante los maestros son funcionarios que únicamente cumplen su función, que no es educar como algunos equivocadamente puedan creer, sino instruir.

Se concede hipócritamente a la familia la “responsabilidad” de la educación, pero a ésta no se le concede apenas “tiempo” para llevar a cabo esa importantísima función. Las largas jornadas de trabajo, con sus correspondientes desplazamientos, y las largas jornadas escolares, repletas de instrucción superflua y muy carentes de casi todo lo que realmente necesita un niño aprender, impiden en la realidad que exista otra educación que no sea  la instrucción escolar y su educación temprana en la competencia y el esfuerzo, arrinconando desde la tierna infancia las capacidades creativas y los valores cooperativos.

Por si fuera poco, un tiempo considerable de televisión, grabará en la mente del niño otros “valores” insidiosos ( como la felicidad que proporcionan los objetos y el dinero) además de reforzar los demás valores básicos (competencia, fuerza, etc.).

Algunos padres realmente sí se implican, pero es fácil que en gran medida sólo logren reforzar las pautas mencionadas, ya preprogramadas en sus propias mentes. Es el clásico ejemplo de los progenitores que imponen una férrea disciplina para amoldar las capacidades y caracteres de sus hijos a los estándares y patrones “normales”.  De este modo, en lugar de permitir e incluso apoyar y reforzar las habilidades sobresalientes de los niños, se deja de lado aquello en lo que ya son buenos y se “insiste despiadadamente” en los puntos en los que no están a la altura. Con ello se logra una mente media (o mediocre) y se arruina cualquier posibilidad de expresar otros modos de inteligencia, a la vez que (lo más importante) se impide que el niño-niña sea feliz.

Pero la felicidad: ¿acaso se contempla en el PIB?

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2 comentarios el “¿Somos ciudadanos libres?

  1. Estoy muy de acuerdo con lo que comentas, y me gustaría añadir alguna cosa más:

    – El sistema judicial y penal, que actúa como una gran barrera a la hora de saltarse alguna norma social absurda impuesta en este contexto de competencia y beneficio personal (es una contradicción: ¿cómo podemos buscar lo mejor para nosotros sin competir deslealmente, si no sabemos colaborar como especie?), bajo pena de multa, cárcel o “manchas” en tu expediente. Obviamente, éste sistema consigue su máxima aplicación entre la gente con menor poder adquisitivo (“mientras los vecinos se denuncian entre ellos por dónde colocar el aire acondicionado, nadie se dará cuenta que se les está engañando con el precio del ascensor”).

    – La policía/ejército es una amenaza directa con violencia sin escrúpulos ante cualquier tipo de manifestación de disconformidad con el sistema. ¿Quién será el primero que corra hacia el ejército con una piedra en la mano, directo hacia su propia muerte, el día de la revolución?

    – Los valores inculcados a través de la religión, incluyendo el concepto de pecado y el posterior sentimiento de culpa asociado, inhiben y frenan cualquier acción que no se ajuste al marco de valores del sistema de control social.

    – Los medios de comunación, son una poderosa arma de doble filo, por la cual se informa al pueblo de su ceguera pero al mismo tiempo se le “vacuna” contra toda indignación…

    – El sistema de representación política, mediante el cual gente incompetente, entrenada en el arte de hablar sin decir nada, toma decisiones basadas en estudios condicionados y subjetivos. El político actual no asume su responsabilidad (igual que el maestro de escuela), aunque su papel sea el de “director de orquestra”, no se lleva los abucheos, sólo las flores. Esto no puede ser.

    – Sumémosle a todo este complejo de engranajes unas 8 a 12 horas de trabajo diario innecesario (con menos horas el sistema se mantiene, y con trabajo para todos y en mejores condiciones de vida), añadiéndole un sistema de esclavitud económica regulado por los bancos, y una necesidad imperiosa cuando llegas a casa de sentarte al sofá o en el ordenador, olvidarte de todo, narcotizarte delante de la TV y soñar despierto… de modo que tu vida se convierte en una rutina de trabajo-evasión, trabajo-evasión… ¿y aquí dónde se goza de la Vida?

    “El mejor esclavo es el que no se da cuenta de que lo es. Vivimos como en Matrix, en un mundo fabricado a nuestra medida que no nos permite ver lo que hay más allá”.

    gracias

    • Gracias a tí por tus oportunos e interesantes comentarios.
      Como dices al final, muchos no son conscientes de vivir como esclavos, y es porque somos esclavos hijos de esclavos, por lo que los “amos” apenas necesitan ya blandir el látigo ni colocarnos pesados grilletes. Lo mas duro es que siendo conscientes de ello (los que lo somos) encontremos tan poca comprensión en nuestro entorno, y tan pocas “escapatorias”.
      Aún así creo que las hay, y precisamente,ayudar a despertar a otros es una acción necesaria para alcanzar al masa crítica de los que “despertamos”.
      Un cordial saludo

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