Super héroes en acción

Nuestro Honorable President José Montilla quiere batirse en duelo con el líder de la oposición Artur Mas. Por supuesto, se trataría en realidad de un cara a cara dialéctico (bueno, más que dialectico sería propagandístico, como suelen ser estas cosas). El caso es que nuestro honorable quiso aprovechar un superpoder (lingüístico) que guardaba en secreto, y malévolamente trató de inducir a que  el “debate” electoral en cuestión fuera en castellano. Curioso, porque aquí en Catalunya es casi imposible oírle nuestro president una palabra que no sea en catalán (francamente, es un hombre parco en palabras, pero más parco aún en palabras castellanas).

Podríamos realmente llegar a creer que trata de aprovechar su supuesta ventaja en el dominio del idioma español sobre su adversario; porque suponemos –razonablemente- que nuestro president en la intimidad habla castellano (al contrario que hacía el expresidente Aznar, que hablaba español en público y catalán en la intimidad). Pero la verdad es que no tengo muy claro si le servirá de algo su superpoder oculto; quizá el Señor Mas es más hábil hablando español de lo que Montilla cree, pues al fin y al cabo se ve a la legua que Mas practica mucho más (sobre todo en público) esa fructífera habilidad humana del lenguaje (y con algo más de arte, también). Y ya sabemos lo práctico y lucrativo que puede resultar ser un buen orador para un político, incluso para aquellos que realmente es lo único que saben hacer (que no es el caso de Montilla, del cual no puede decirse que sea un buen orador).

También sorprende el asunto porque los ciudadanos de este [país, nación, autonomía, o lo que Dios quiera que sea esto]  ya deberíamos entender perfectamente un diálogo en catalán. Otra cosa es un debate electoral, pues cabe preguntar si es que importan mucho al ciudadano ( y por otra parte a los políticos no los entiende ni su madre). Lo dicho: no tenemos problemas en entender el catalán, pues tanto la administración en pleno como la educación reglada emplean exclusivamente el catalán como lengua “vehicular” para comunicarse con sus súbditos, e incluso en la televisión autonómica el castellano es una lengua secundaria.  Por lo que los “inmigrantes” (como Montilla) lo entendemos perfectamente, e incluso a menudo lo hablamos (algo menos en la intimidad).

Lo que está más claro es que ambos pretenden aprovechar el tema lingüístico para sacarle rendimiento electoral. Hablar puede ser lucrativo para un político, desde luego: la cuestión es si hablar en un idioma en particular puede inclinar la balanza para obtener algún beneficio electoral (probablemente la única “ganancia” sea una espantosa vergüenza ajena, de la que por fortuna no sean ni conscientes).

Lo que para mí sí han expresado con rotunda claridad es que la inteligencia humana es una notable excepción, y su manifestación es prácticamente incompatible con la propaganda electoral.

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