Memoria de pez

Por Alberto Montiel

Es oír las declaraciones de los líderes políticos y de inmediato me deprimo. Pese a los tremendos cambios sociales, tecnológicos y ecológicos que vivimos, apenas han cambiado un ápice su ingenuo discurso de las últimas dos décadas. Siguen obsesionados con el crecimiento económico y considerando los viejos sectores productivos “de siempre” como los únicos que pueden sacarnos de la crisis.  Especialmente patético es el discurso que nos llega en España, donde se espera que la construcción y la banca; los mismos que nos llevaron al abismo actual, sean quienes nos salven de la crisis. Y por si fuera poco, se confía en el turismo como último recurso estratégico y la empobrecida y vieja industria se da ya por perdida. Para acabar de apañarlo, el cada vez más limitado gasto público se destina a objetivos con muy poco o nulo efecto multiplicador, y se exprime aún más a la ya famélica clase trabajadora para subvencionar exclusivamente a los ciudadanos más improductivos (ya sean estos ricos o pobres).

Veo el panorama económico español, como de sumo interés para el estudio de las peores patologías del capitalismo. Nos estamos perdiendo, además, una oportunidad de oro: la de aprovechar la gran inversión en infraestructuras, en formación de titulados universitarios, en aumento de la productividad, para desarrollar una economía que genere más valor añadido, basada en empleos de calidad, con una remuneración por hora trabajada digna, que no necesite competir con otros mercados a base de precarizar aún más  a los trabajadores. En lugar de ello sería deseable algo más de inteligencia empresarial y un Estado que valore y apoye a los verdaderos emprendedores  por encima de los meros especuladores.

Incluso en aquellos sectores con gran futuro en los que la economía española está muy bien posicionada, el Estado parece estar actuando erráticamente: las energías renovables sufren recortes (incluso retroactivamente) y se abandonan políticas de estímulo que parecían funcionar correctamente.

Pero mucho peor que todo esto, mucho peor que la lamentable gestión política y su torcida interpretación del funcionamiento de la economía y del significado de estado del bienestar, mucho peor aún es que el ciudadano de a pie olvida una y otra vez los agravios, los ataques directos e indirectos, los insultos a su inteligencia, el menosprecio por su bienestar y seguridad, y parece perdonarlo todo a cambio de una débil y difusa promesa infantil.

Saben que (en general) tenemos memoria de pez.

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3 comentarios el “Memoria de pez

  1. Sería necesario arrebatar el control de los partidos de izquierda a las minorias reformistas y burocratizadas que faorecen la alienación de las personas.
    Sinceramente creo que el voto en blanco o pasar de votar, en la práctica, únicamente favorece al partido con mayor número de votos, en este momento la derecha reaccionaria del PP. Y esto es así, tanto por las particularidades de nuestro sitema electoral, como por el hecho de que quienes pueden plantearse esta opción realmente serían votantes potenciales de la izquierda. La derecha carece de esa finura autocrítica.
    No se plantean dilemas morales quienes están dispuestos a votar a Camps, Aguirre o al fachita que sucede a Matas.
    En última instancia, para recuperar la verdadera democracia deberíamos empezar por recuperar los partidos de izquierdas, dominados por oligarquias burocráticas.
    Si tuviera fuerzas y ganas, me plantearía el viejo “entrismo”, como forma de empezar a dar la batalla ideológica.

    • Gracias por el comentario. Me temo que esa palabra se ha utilizado inadecuadamente, sin distinguir entre ricos improductivos ( que consumen enormes recursos pero no aportan nada a cambio) y los pobres, tambin improductivos, pero a su pesar, porque el mismo sistema les deja en la cuneta. El Estado, en cambio, suele “subvencionar” muy por encima a los primeros -los ricos-, aunque lo haga de modo indirecto. Creo honestamente que todos tenemos la capacidad de aportar algo a la sociedad, pero que el sistema slo valora determinadas aportaciones fructferas en trminos de crecimiento monetario, competitividad, dominio de mercados, etc; es una lstima porque siguen sin valorarse adecuadamente el resto de “externalidades”.

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