¿Economistas sin soluciones? Por Alberto Montiel

(video sólo en catalán, de momento)

El desempleo, y sus implicaciones en la precariedad laboral generalizada, son una de las principales preocupaciones a la que se enfrenta el ciudadano hoy en día, y especialmente en países como España, donde la tasa de paro está a niveles realmente muy preocupantes. Pero no sólo es el desempleo de los despedidos; también están los autónomos que se dan de baja o no se atreven a darse de alta; y las pérdidas más ocultas de todas, la pérdida de ingresos variables (en una economía en la que muchas nóminas tenían un componente variable considerable). Habría que añadir las pérdidas en la economía sumergida, pues pocos se atreven a reivindicarlas pese a que gracias a ésta subsisten muchas personas.

El pasado dia 27 de Septiembre, en el muy recomendable programa Singulars de la televisión pública catalana, debatieron sobre la crisis dos economistas muy conocidos (al menos entre los aficionados a la economía crítica); Santiago Niño Becerra y Arcadi Oliveres.

Ya “avanzado” el programa (que es demasiado breve, especialmente dado el interés que suscita), el Sr.Oliveres comenta la vieja idea del reparto del trabajo (quizá la única vía efectiva para generar puestos de trabajo). El Sr. Niño Becerra le contesta que no es posible porque baja la productividad (a este economista parece que le gusta hacer el papel de abogado del diablo).

Pero así son las cosas. El trabajo es cada vez más un bien escaso. Lo expuso con todo lujo de detalles Jeremy Rifkin en su obra “El fin del trabajo”. La competencia global impulsa la mejora de la productividad, que supone la eliminación de los empleos menos productivos, automatización y eficiencia organizativa. Todo ello fantástico.

Pero al mismo tiempo que se reduce la necesidad real de horas de trabajo, las jornadas y las horas anuales trabajadas son las mismas que hace décadas, cuando la productividad se ha multiplicado por varios enteros. Hasta ahora se ha ido corrigiendo el desfase entre mano de obra y demanda aumentando el gasto público, contratando funcionarios, y trasladando mano de obra de los sectores primario y segundario al terciario (servicios). Pero esta vía ya está agotada. Peor aún, los Estados cuentan con reducir su déficit ahorrando por este lado. Un procentage infimo de la población sostiene el aparato productivo que permite toda la producción… y más.

Quedan pocas vías: el reparto del trabajo es la más potente y no deberíamos renunciar a ella. La pérdida de cierto grado de productividad será al fin un mal necesario. Pero además, el tema está interrelacionado con la ecología, la salud, los recursos, el déficit energético, con la burbuja financiera… Para atajar cualquiera de estos temas hemos de asumir que movernos hacia una menor productividad es absolutamente necesario. Hablamos de decrecimiento, sí. También hablamos de justicia social, de paz, de economía sostenible (y economía Azul). Hablemos de cooperación frente a competencia. Hablemos de finanzas, de dinero, de democracia, de propiedad intelectual. Son temas practicamente tabú para los medios, que sólo se dedican a divulgar detalles poco relevantes.

La otra potente vía de reducción del paro: facilitar el autoempleo reduciendo drásticamente trámites, impuestos y cuota mínima de la seguridad social. En lugar de ello están optando por reducir gastos (y aumentar de paso el paro) por la vía más antipopular: desmantelar el estado del bienestar (o lo que quedaba de éste), atacando la sanidad y educación públicas. (ellos, los politicos, sí pueden prescindir de la educación y sanidad públicas).

Quizá es hora ya de cambiar el discurso y aportar auténticas soluciones. Y no podemos esperar que éstas vengan de quienes nos mantienen en el engaño de esta democracia mutilada. Ir a votar cada 4 años no es suficiente para muchos de nosotros, máxime cuando después no cumplen ni las “4 cosas” que prometían sus programas electorales. Las soluciones han de impulsarse desde la sociedad civil mediante una fórmula de participación ciudadana en la política. Algunos expertos independientes tienen propuestas de soluciones que merecen ser debatidas y estudiadas. Muchas personas de talento están más que dispuestas a contribuir de diversos modos, ya sea aportando conocimientos técnicos, buenas ideas, capacidad organizativa, entusiasmo, etc.

Hemos de rescatar lo esencial: ejercer el derecho a pensar (no a reproducir las ideas implantadas por la propaganda), y compartir nuestras ideas libremente.

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