Trabajo, desarrollo y crisis: mitos y más mitos

Por Alberto Montiel (EidonLink)

Estos son los mensajes que se difunden desde la mayor parte de publicaciones, emisoras de radio, canales de televisión, magazines económicos online…: la crisis económico financiera va para largo, no tiene facil arreglo, y todos tendremos que apretarnos el cinturón.

Y se quedan tan anchos.

Pero pocos, por no decir ninguno, tocan lo esencial del asunto. Cuando se analiza en serio y sin prejuicios el asunto descubrimos que el origen de la crisis no está directamente relacionado con las habituales extravagantes explicaciones financieras.

El motivo de la crisis quizá no sea otro que la imposibilidad del crecimiento sostenido (ni sostenible) de la economía, la producción de riqueza para cada vez mayor población a partir de unos recursos materiales finitos.

 Durante algunos años extra se ha mantenido la ilusión de una posible prolongación del expolio del medio natural debido al talento humano, y más en concreto a la tecnología, que permitiría hacer del mundo un lugar desde el que extraer recursos y energía casi hasta el infinito, o al menos mucho más allá de los límites que ya se vislumbran cercanos, si no ya rebasados.

Pero la teoría macroeconómica se usa sólo para justificar las tácticas más agresivas contra los mercados que quedan rezagados de la competición feroz por los recursos baratos y los mercados más ricos. Se justifica, por ejemplo, el recorte del gasto público y las más audaces políticas de austeridad presupuestaria aduciendo la lucha contra el déficit, pero no se suele hablar de macroeconomía para explicar que el crecimiento continuo es tan quimérico como lo es el “perpetum mobile”, que sin embargo hizo perder el tiempo y la dignidad a algunas personalidades de la ciencia de la época.

Se alude desesperadamente a soluciones “finales” como la energía de fusión, que traerá -supuestamente- un nuevo impulso capaz de enriquecer aún más a las ya “ricas sociedades” occidentales. Pero de ser cierto el sueño tecnológico de la fusión, es posible que no lo sea el del enriquecimiento que se derivaría de su aplicación masiva, aun en el caso de ser técnica y económicamente perfecta. Y ello se explica porque el problema no es la energía sino las materias primas minerales-metálicas, éstas sí finitas y al borde de la escasez. De hecho la energía sirve para obtener a más bajo coste el resto de materias primas mientras aún sean abundantes, pues optimiza los procesos (extracción, transporte, transformación y distribución). Pero no produce ni un solo gramo de estos materiales por si sola, pues son recursos naturales no renovables.

El mantra mediático, inyectado directamente en las neuronas de la gente es: hemos de trabajar más duro, y por menos dinero, para ahorrar y superar esta cris.

Otro (igual de estúpido): entre todos nos metimos aquí, todos hemos de sacrificarnos para salir.

También es posible argumentar que trabajar más duro haciendo lo mismo que nos trajo donde estamos “quizá” no sea la solución. O que quizá no todos tuvimos el mismo protagonismo en el desastre. Y algunos puede que sean solo víctimas.

De todos modos se sigue intentando huir hacia adelante, con esfuerzos en obtener:

  • mayor formación, aunque el número de universitarios en paro y con empleos muy por debajo de su preparación o nivel académico no hacen más que subir

  • más esfuerzo, haciendo lo mismo que nos llevó a donde estamos

  • más inversión en i+d, aunque el desarrollo tecnológico se sabe que destruye más empleos de los que crea y la competencia es un arma de doble filo

  • jubilaciones más tardias, aunque así los jóvenes tengan menos oportunidades de acceder a su primer empleo antes de los 30

  • más crédito, aunque el crecimiento exponencial no puede ser mantenido más que durante un periodo limitado de tiempo, y éste ya se agotó.

  • más (y nuevas fuentes de) energía barata, aunque ésta sea la causa del agotamiento de los recursos, la superpoblación y la degradación medioambiental

  • más esfuerzo laboral, aunque las jornadas sean cada vez más largas y exigentes, por lo que lleguemos a considerar las depresiones y estrés como un mal inevitable.

  • más productividad, aunque la eficiencia y la automatización sea la causa de que con menos horas de trabajo se cubran ya todas las necesidades materiales de la sociedad.

  • mayor consumo, aunque sea la causa del agotamiento de los recursos, carestía energética, polución, y también infelicidad, al cebarse en la manipulación del deseo y las inseguridades del consumidor.

Por todo ello, deberíamos considerar que los mensajes repetidamente inoculados por los medios, consciente o inconscientemente, son mensajes contradictorios unos con otros, a veces escasos de fundamento desde otros puntos de vista, a menudo los de la mayoría.

Claro que ésta es la utilidad de los mensajes: agotar los últimos filones de la era industrial, produciendo unas ganancias a corto plazo muy poco repartidas, y que supondrán pérdidas globales muy considerables.

Ante estos desafíos, hay soluciones creativas, realistas y económicamente viables,… que se irán analizando en esta publicación próximamente ;-)

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3 comentarios el “Trabajo, desarrollo y crisis: mitos y más mitos

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