Ya somos ricos, en realidad

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Hace unos días escribí un post en eidonlink acerca del coworking en el que hice una breve alusión a la nueva economía. Una economía que supone la irrupción de nuevas formas de consumo y organización de los negocios, expresados -entre otros- por Lisa Gansky en La malla, o divulgados en completos directorios por gente más cercana (Barcelona), como Albert Cañigueral a través de las webs consumocolaborativo y ouishare. Esta nueva forma de economía forma parte de un cambio más amplio que se traduce en una serie de cosas a las que la administración normalmente suele dar la espalda, como es potenciar las pymes y lo local, la calidad de vida en el entorno urbano (para los que la bossa no sona: la mayoría) y una economía que facilita al ciudadano de a pie su participación y expresión de sus talentos, desarrollándose un auténtico tejido creativo, tal como exponen algunos grupos, como en el Manifiesto de Memphis.

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No puedo dejar de preguntarme (con esperanza) si esta nueva economía -y cultura- supondría en un cierto plazo una tendencia hacia menos monopolios y más emprendedores, menos multinacionales todopoderosas y más empresas cercanas al ciudadano, menos administración y más autogestión, menos monocultura y más diversidad cultural, menos dictadura financiera (mejor ninguna) y más democracia participativa (partimos prácticamente de cero), más calidad de vida y jornadas de trabajo más cortas pero fructíferas y satisfactorias (y no solo para el empresario). Deseo creer que sí, que esta nueva economía, diría que emparentada con el capitalismo natural propuesto por la gente del rmi y la economía azul de Gunter Pauli, es la única posibilidad de organizar una sociedad moderna en torno a un sistema económico sostenible. Porque el modelo capitalista de concentración y escasez premeditada ya ha fracasado, a pesar de que traten de reanimarlo con masivas inyecciones (de liquidez) a bancos casi quebrados y recortes despiadados al maltrecho estado de bienestar. Sería mucho más sensato no prolongar su agonía ni un día más, pues ésta conlleva empeorar la situación y el sufrimiento generalizados.

Mientras el viejo y decrépito sistema languidece, demos la bienvenida a la nueva, vital y esperanzadora economía creativa (compartida, distribuida, azul, etc.) de ciudadanos más implicados en la política, más recompensados económicamente, socialmente más justa, económicamente sostenible, ecológicamente viable. Si podemos definirlo, puede ser real. Ya somos ricos, pero nos escondieron el tesoro. Aunque sabemos dónde encontrarlo; está entre nosotros.

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