Repartir el trabajo no es repartir la pobreza

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El tema se ha repetido aquí demasiadas veces para mi gusto, pero como es algo sobre lo que se hace oidos sordos, es necesario insistir en ello una y otra vez, para que no digan que no sabían nada, o que no lo entendían o que no era posible.Pero esta vez reproduzco un artículo que encontré en Rebelión escrito por Carmen Castro García. Sin estar de acuerdo al 100%, sí suscribo la idea central: la de manipulación de la información para simular motivos para el acoso social, para el golpe de Estado (o estados, en plural) con el que el mundo de las altas finanzas nos impone someternos a su violencia del poder. Sin embargo creo que el discurso feminista está un poco desfasado ya. Si hay diferncias salariales entre hombres y mujeres es porque aún ocupan porcentualmente tipos de empleos distintos, pero dentro de las mismas empresas será difícil, creo, encontrar esas discriminaciones. En cualquier caso, hoy las discriminaciones ya son otras, porque a fin de cuentas siempre se ha tratado de excusas para pagar lo menos posible: dominar el alemán, francés, el ruso o el chino (lenguas que casi nunca son realmente necesarias), las titulaciones superiores (idem), la juventud (excusa para pagar poco, o para no contratar), la madurez (excusa para no soportar personal con criterio propio y experiencia), la poca predisposición a la flexibilidad total  (decir sí a todo), el master (por pedir que no quede), la buena o mala presencia, la simpatía o la antipatía, etc. ; todo puede ser una excusa discriminatoria, y pagar menos es para muchos la única forma que conocen de mejorar la rentabilidad de sus empresas y negocios.

El reparto del trabajo representa, hoy por hoy, una alternativa necesaria para la redistribución de los recursos y la riqueza desde otro paradigma, basado en la equidad de género y la solidaridad intergeneracional.

Es puro sentido de común y por ello, precisamente, resulta fácilmente entendible. Si el trabajo remunerado no alcanza para todas las personas que están disponibles para el empleo, por qué  no modificar el criterio de reparto del mismo, reduciendo la parte del tiempo que comprometemos laboralmente en nuestras vidas. Según los datos de la última EPA, de los 22,8 millones de población activa que hay en el Estado Español, 6,2 no consiguen empleo. ¿Qué impide pasar de la jornada laboral máxima de 40 horas a otra de 25 o 30 horas máximas a la semana? Francamente, creo que nos iría mejor si pensásemos en clave de inversión, en qué capacidades y perspectivas estamos sembrando para el futuro; en cuál es la herencia social, económica y medioambiental que estamos traspasando.

Hay quien dice que una propuesta como esta no cuajaría porque parte de la ‘clase trabajadora’ se resiste a reducir su nivel de ingresos. En mi opinión, esta es una más de las muchas falacias con las que el sistema capitalista pretende mantener su propio ‘estatus quo’. Es la estrategia del ‘divide y vencerás’ de toda la vida: fomentar la rivalidad y división de intereses, entre quienes precisan de una renta del trabajo para subsistir; asentando, al mismo tiempo, la tradicional división sexual del trabajo. 

El desigual impacto de la crisis sobre las mujeres pone en evidencia la persistencia de brechas de género en el empleo (trabajo remunerado) y en el trabajo no remunerado; algo que al sistema heteropatriarcal, que sostiene a este capitalismo depredador, le va muy bien y que delimita las posibilidades reales de las mujeres de desarrollar sus proyectos de vida, cercenando sus oportunidades de acceder a una renta de trabajo.

Mientras las políticas neoliberales continúan con el expolio de derechos y recursos, la división sexual del trabajo se intensifica y precariza aún más. El desmantelamiento de servicios públicos destinados al cuidado de personas dependientes, menores y personas adultas deriva la responsabilidad de los cuidados en la reconcentración familiar y esto, en la práctica, quiere decir que son las mujeres quienes vuelven a asumir este mayor trabajo -no remunerado-.

De cómo las manipulaciones de economistas ultraortodoxos no tienen límite…

Recientemente se ha desmontado una de las grandes estafas ideológicas que ha sustentado el austericidio ejecutado por la troika europea. Un trabajo académico firmado por Reinhart y Rogoff insiste en que la deuda pública por encima del 90% del PIB provoca un crecimiento negativo de -0,1%; y este análisis se está utilizando por el FMI y la troika cual ‘mantra neoliberal’; con ello  justifican los planes de reducción de la deuda pública vía recortes presupuestarios y los planes de austeridad.

Los efectos del fundamentalismo del déficit cero no se han hecho esperar; la profundización de la crisis arroja ya, en el Estado Español, una tasa de desempleo que supera el 27%, una tasa de desempleo femenina superior a la media y la descapitalización de una sociedad con más del 57% de su población joven, formada y que debería estar tomando el relevo productivo, en situación de desempleo y sin perspectivas. El artículo mencionado, y las conclusiones recogidas en el mismo, ha sido refutado al descubrir que contenía sesgos y errores de cálculo importantes. Resultaría hasta cómico, de no ser por las dramáticas consecuencias que está provocando y la involución social que trae consigo. Porque veamos, ¿quién va a asumir la responsabilidad de haber creado en el sur de Europa la nueva zona de ‘low cost’ salarial de occidente?

Mucho me temo que nadie lo hará. Más bien lo contrario; porque están preparando dosis mayores de la misma medicina. Ya han empezado a transmitir que el aumento de la esperanza de vida, lejos de poder ser interpretado como un reflejo de la mejora de condiciones sociosanitarias desarrollada durante el pasado siglo, será el factor de penalización con el que las políticas neoliberales pretenden desmontar el sistema público de pensiones. Tal vez consigan inculcar el miedo suficiente para que haya quien se trague la mentira de que como vivimos años ‘por encima de nuestras posibilidades’ tendremos que trabajar durante más años y cobrar un importe menor una vez nos hayamos jubilado.

Sin embargo, la indignación y el hartazgo social frente a esta podredumbre sigue creciendo y en mi opinión, algo se empieza a resquebrajar.

La resistencia se manifiesta cada vez de manera más explícita entre quienes sabemos que, en el largo plazo, hay una relación directa entre la igualdad, el desarrollo y la sostenibilidad de la vida. Y  es, precisamente, este eje de cambio lo que nos puede permitir transformar no solo el modelo de producción actual, sino sobre todo el modelo de sociedad. ¿Y si en vez de seguir permitiendo que crezcan la rivalidad y la competencia nutrimos activamente la reciprocidad y la cooperación como  germen de un proceso de devolución social? ¿Y si decidimos apostar por construir proyectos de vida plena, en los que la división sexual del trabajo sea algo completamente desterrado y la violencia estructural un lamentable fantasma del pasado?

El momento es ahora; no habrá otro más oportuno.

Tenemos un gran poder transformador en las iniciativas ciudadanas, en las estrategias de economía social y solidaria y en algunas experiencias desarrolladas desde la gestión colectiva, por ejemplo. Necesitaremos también apropiarnos del poder político para conseguir reorientar el marco de actuación hacia la igualdad efectiva. ¿Por qué no empezar por el reparto del trabajo (remunerado y no remunerado) en clave de equidad? Soy de las personas que piensan, como muchas otras activistas feministas, que necesitamos igualdad de género para otro modelo de sociedad.

Bueno, me gustaría que hubiera sido algo más concisa. La evidencia es esta: en la mayoría de los trabajos una parte importante de la jornada se pasa entre la cafetería o frente a la máquina del café, consultando wikipedia (o facebook), echando un cigarro, contando chismes, despotricando de algún jefe (y los defes de algún colega), hablando por teléfono con amigos y familiares, haciendo sudokus, etc.; aunque a veces los jefes deciden cortar o limitar internet y el café, en cuyo caso se pasa más tiempo dedicado a la introspección (mirando las musarañas), y los jefes se informan en la prensa escrita.  Esto es lo que ocurre en las grandes empresas (y he estado en algunas), y en la administración (idem). Sé que casi los únicos que dan el callo realmente son los médicos, abogados y jueces, algunos pocos funcionarios, por supuesto los autónomos, algún becario despistado y los profesionales sin titulación, autodidactas; o sea un porcentje pequeño en realidad. De los demás, por supuesto, nadie admitirá perder el tiempo durante -al menos- un 30% de su jornada, lo sé; pero mienten.

En cuanto a los jefes y mandos superiores de todo tipo y condición que dicen no tener horas suficientes; es una cuestión de semántica: le llaman trabajo a las comidas con colegas, las reuniones, los viajes en AVE o avión (en 1ª clase), las recepciones, las presentaciones, etc. Y sí, a veces es trabajo, pero es más divertido y emocionante, por lo menos.

Atajar todas esas distracciones (facebook, messenger, cafés, etc.) no produce ni una gota de beneficio adicional en las empresas, como tampoco las innumerables horas de calentamiento de sillas han producido nunca ningún beneficio ni a las empresas ni a la sociedad. Y el dinero no llega a fin de més porque los mismos que organizan la escasez de empleo se encargan de ello (burbuja inmobiliaria, impuestos, marketing, etc.). La cuestión es -por duro que suene- tener a la gente “sobrante” colocada en algún sitio donde no moleste, haciendo cosas en su mayoría inútiles o contrarias al bien común (con tal de que se cargue el IVA sobre el “valor añadido”) mientras una gran cantidad de personas se desesperan por no encontrar un trabajo como el que los empleados -secretamente- aborrecen. Es un mundo de locos. Y de hipócritas.

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2 comentarios el “Repartir el trabajo no es repartir la pobreza

  1. Alberto, enhorabuena por tu blog!! me tienes ya no sólo suscrita, sino enganchada.
    Clara e ilustradora tu forma de pensar y escribir!!
    Yo pienso que no hemos vivido por encima de nuestras posibilidades sino que hemos vivido por encima de las posibilidades del planeta lo cual es muy diferente.
    Escribes para mi, soy valiente y atrevida.
    Contacta conmigo por favor. Gracias!!

    • Gracias Silvia, por tus elogiosos comentarios. Hacía mucho que no recibía ninguno de esta clase 😉 Creo que uno empieza a escribir bien cuando además de haberlo hecho muy a menudo llega el día que va perdiendo la vergüenza a decir tonterías y se suelta el pelo (en mi caso es un decir; tengo poco y cortito).

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