La mochila ecológica

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Viajar puede ser una de las mejores experiencias de la vida, siempre y cuando uno lo haga con la ilusión de un niño, con curiosidad y mente abierta. Lo sabremos nosotros (Elisa y Alberto).
Pero, hasta hace poco, cuando viajaba me sentía culpable por el impacto medioambiental. Para un “sensibilizado ecológico” es casi un pecado pensar en coger un avión, y sin embargo a veces casi no hay otra opción, o esas otras opciones no son buenas altarnativas. No lo sería, imagino, embarcarse en un crucero de lujo para evitar volar de Barcelona a Miami.
Pero no nos creamos todo lo que nos cuentan (ni me crean sin más lo que yo mismo cuento). A veces viajar en avión puede hasta ser mas “ecológico” que hacerlo en tren. Tal es el caso de los viajes largos (en clase turista), comparados con el tren de alta velocidad (sobre todo en primera clase). Porque muy poco tiene de ecológico un tren de alta velocidad, o un tren lento pero que pare cada 2 kilómetros y vaya casi vacío.
Tampoco viajar en coche es siempre una mala opción; no es en absoluto lo mismo ir con un coche que consume 5 litros cada 100 Km, ocupado por 4 personas, que viajar sólo en un deportivo de 6 cilindros. Las medias solo son medias, nada más. Hay que afinar más en las comparaciones. El sentido común, combinado con el pensamiento lógico, suele ser una buena guía.

El tipo de transporte, la tecnología de propulsión, el combustible, la velocidad media, el índice de ocupación (número de pasajeros), la ruta elegida (si es que se puede elegir), la distancia, etc. son factores que tienen repercusión en el cálculo del consumo y las emisiones. También habría que considerar la vida útil del vehículo y la intensidad de uso del mismo. Por ejemplo, si tenemos un vehículo híbrido (ecológico, en principio) pero solo lo usamos para viajar dos personas o menos, y además hacemos poquísimos trayectos, la energía y materiales invertidos en la fabricación del vehículo tendrá más repercusión en el cálculo de la huella medioambiental que el propio consumo.
aicasa_103_gc8991Cabría plantearse si viajar para ir al trabajo es más justificable y ecológico que hacerlo por placer. Pero ni siquiera eso está claro. Si el trabajo consiste en vender cosas innecesarias, por ejemplo, o en cualquier variante de especulación financiera o tecnológica, tampoco ir a trabajar sería una justificación para la huella ecológica. En cambio, el placer de viajar, si es comedido y se aprovecha para una estancia larga, podría ser perfectamente asumible en un cómputo de emisiones/huella ecológica. A fin de cuentas pocas cosas hay más importantes que ser feliz y tener buenas experiencias.
Y hacer el bien, añadiría. Y si es posible “haz el bien y no mires a quien”

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de Alberto Publicado en Sin categoría

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