Regreso a la eficiencia perdida

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Los desplazamientos de personas y eltransporte de mercancías llegaron a ser responsables de la mayorparte del consumo energético. El modelo de transporte individual y
motorizado, a la par que la dispersión de las urbes, antaño más
compactas, prácticamente se ha universalizado. Las mercancías se
producen en donde resulta más barata (y menos “conflictiva) la
mano de obra y más barata la energía y los impuestos, por lo que
también se ha incrementado el transporte de mercancías.

En cuanto a los desplazamientos urbanos
del día a día, quizá las cosas están empezando a cambiar, en
parte porque se le vieron las orejas al lobo (carestía, escasez y
dependencia) de los combustibles fósiles. Los chinos e indios, que suman entre
ambos un tercio de la población mundial, se pasaron de la eficiente
bicicleta a las motocicletas, y de éstas a los coches. En Europa los
coches nuevos se diseñan cada vez más grandes, y aunque son también
más eficientes, se usan para desplazarse cada vez más lejos (y con
menos pasajeros) al copiar el modelo de ciudad dispersa americana y
su estilo de vida esencialmente individualista.

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Durante décadas, casi las únicas
posibles formas de propulsión fueron los motores de gasolina y
gasoil-diesel, aunque de forma muy puntual y minoritaria se vieron
otras (en España taxis con motores adaptados a gas). Hoy ya son muy
habituales los vehículos híbridos, empiezan a serlo los eléctricos
puros y hay otras formas de propulsión y acumulación de energía
disponibles: pila de combustible, hidrógeno, aire comprimido, etc.
Podría decirse que el progreso nos lleva a volver al principio de la
historia del automóvil, cuando se planteó el automóvil como concepto,. La idea fue sustituir los caballos de un carromato
-que tenían la poca higiénica costumbre de defecar sobre la marcha-
por un motor, que podía ser eléctrico, de vapor o de combustión
interna. Éstos últimos desplazaron a los de vapor y eléctricos,
por su mayor autonomía y potencia, y porque el petróleo a su vez
desplazó a los de Etanol originales, pues llegó a ser baratísimo
… y no tenía que traerse aún de Oriente Medio.

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Las tecnologías eficientes son
teóricamente buenas, pero en la práctica podrían tener el efecto
de que el conjunto del grupo social aún consuma más energía con
ellas que sin elllas. Esto ya sucedió con la irrupción de las
máquinas de vapor, cuando fueron mejoradas con la famosa regulación
centrífuga, que al mejorar la seguridad y control de éstas,
incrementó su demanda y con ello la de carbón. A este “fenómeno”
se le conoce como Paradoja de Jevons. El mismo fenómeno se produce
hoy con algunas neveras modernas o automóviles, pues aunque algunos
modelos modernos se califiquen de altamente eficientes, en realidad
nos llevan a consumir más energía que con otros más antiguos y
simples, lo cual se explica porque se considera la energía por
volumen enfriado o peso movido, y en este sentido sí son máquinas
realmente más eficientes. Sin embargo, podría decirse que podrían
resultar menos eficaces, sobre todo si las neveras no se llenan nunca
(o se llenan de cerveza barata) o los coches van ocupados sólo por
el conductor o un par de personas, quizá para realizar
desplazamiento que podrían perfectamente haberse evitado. Y por ahí llegamos al kid de la
cuestión; la tecnología por sí misma puede llegar a ser incluso
contraproducente en cuanto a facilitarnos la vida., a no producir
efectos significativos en el cómputo global. Eso explica, entre
otras cosas, que la informática y la automatización no hayan
reducido las jornadas de trabajo, pero se han disparado las tareas
superfluas, el marketing y la cultura basura.

Otros cambios también redundarán en
una mayor eficiencia, como el uso más intensivo de los recursos. Una
buena idea en este sentido sería el Car Sharing. En Varias
ciudades de USA y Europa central, también en Madrid, empiezan a
aparecer empresas que alquilan los coches por horas y a precios muy
económicos, pues la aplicación inteligente de la tecnología de
geo-localización, el proceso de información en tiempo real, las
redes móviles, los Smartphones y las Apps permiten reducir al
mínimo los tiempos de inactividad de los vehículos, produciendo una
amortización mucho más rápida de las flotas. La cuestión es para
qué se utilizarán estos servicios, pero de momento se calcula que
cada vehículo compartido de este modo evitaría que hubiera unos 15
coches parados en las ciudades, lo cual no es poco, pues éste es
precisamente un gran problema en las ciudades; el enorme espacio que
se pone a disposición de automóviles estacionados, sobre el
asfalto, frente a semáforos, en cruces, atascos, etc.

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Posiblemente, las soluciones óptimas
son una combinación de diversas soluciones. Quizá lo más “Smart
podría ser combinar el transporte público con bicicletas y coches
compartidos. Cada uno ha de decidir en función de sus necesidades y
preferencias, pues la libertad de elegir no deja de ser algo
sumamente valioso, quizá tanto o más que la eficiencia.

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