Crónicas Neerlandesas – 1: Cochecitos eléctricos quemando rueda, abuelas ciclistas en la ciudad de la perdición, y paraguas aerodinámicos para claustrofóbicos

 

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Estilo típico de abuela neerlandesa para subir o apearse de la bici

 

Cuando, en el 2014, visité Amsterdam (la ciudad legendaria del libertinaje y del XXX), a la vez que otras grandes ciudades de Holanda como Den Hagen (La Haya) y Rotterdam, me sorprendió -entre otras cosas- ver tantos coches eléctricos, ya fuera circulando por el centro o estacionados mientras recargan las baterías en tomas de corriente públicas. Tres años después (en 2017) se ven muchos más.

Los Tesla S, que había visto por primera vez en 2015 exhibidos en los escaparates de la propia marca en los grandes Mall de EE.UU, son hoy en los Países Bajos un coche relativamente fácil de ver, a pesar de su elevadísimo precio. En Rotterdam es mucho más fácil ver pasar un Tesla S (y también el X) que un Porsche Cayenne o Panamera, que tienen similares precios. Esta peculiaridad nos informa de dos cosas, al menos: el nivel de ingresos de una parte de la población es muy alto, y que en estos países los más ricos empiezan a preferir un coche eléctrico de lujo que otro deportivo más “convencional”. Aunque para mí resultan más admirables los profesionales, empresarios y ministros que se desplazan por la ciudad en bici (o tranvía), (incluso para asistir a una recepción oficial con Obama, el entonces Presidente de los EE.UU.), ello no deja de ser una tendencia positiva; al menos los Tesla no apestan con humos tóxicos el cercano carril bici por el que circulo tranquilamente con mi diminuta Beixo plegable, ni me atronan los oídos con acelerones y subidas de revoluciones cuando pasan a mi lado. Y no es que todos circulen como en Paseando a Miss Daysi, pues aunque los conductores de estos potentes coches no son los típicos dados a la exhibición de músculo mecánico, también los he visto dejar en ridículo a los -seguramente- asombrados conductores de potentes deportivos, que salian de un semáforo a toda velocidad tras mirar de reojo al coche eléctrico (y a su conductor tipo Nerd) como midiendo -muy mal- sus fuerzas. Pese al rugir del potente motor de gasolina del provocado y ansioso piloto, éste parecía quedar pegado al suelo en comparación del avance fulgurante del coche eléctrico de la T, que lo dejaba muy, muy atrás en apenas tres segundos. Mataron el coche eléctrico, pero en cierto modo Tesla lo vengó. Ver artículos editados sobre el coche eléctrico.

 

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Taxi Tesla S en Amsterdam

 

 

Pero no solo se ven Teslas ni todo es cuesión de preferencias, poder adquisitvo y modas. Para que la gente se anime a comprar un vehículo eléctrico, o a ir al trabajo en bicicleta, es necesario que los ayuntamientos y administraciones se pongan de acuerdo para ofrecer la infraestructura necesaria, ya sean los punto de carga para los coches eléctricos o los carriles bici y parkings de bicicletas. Desde luego es un gran reto si se parte de la situación de muchas ciudades de España y de los hábitos de la mayoría de sus ciudadanos, más dados a subirse al coche hasta para ir al estanco a por tabaco. ( o comprar la Primitiva).

Amsterdam, por otra parte, sirve también para ilustrar cómo es posible convertir los “problemas” en ventajas mediante soluciones innovadoras, que resultan atractivas para sus ciudadanos.

Pongamos otro ejemplo, más actual. La amenaza de la subida del nivel del mar y la creciente escasez de espacio para las nuevas promociones inmobiliarias, asuntos ambos que vieron que pueden tratar de paliar con la construcción de casas flotantes (¡de hormigón!). Pero no todas las soluciones son de tipo tecnológico, ni tan espectaculares. También el co-housing puede ser parte de la solución de los problemas del urbanismo y la falta de espacio, creando espacios compactos y de calidad para la residencia, con servicios comunes compartidos para el ocio en inclsuo el negocio. De estas cosas trataré en otros post.

Otro problema típico percibido durante décadas en las ciudades de Occidente, es el de la inseguridad del suministro de petróleo, pues si no se lograra mantener la estabilidad en los países de Oriente Medio (en los que generosamente se ha recuperado la Democracia gracias a los esfuerzos del Pentágono), se podría llegar a paralizar completamente el transporte. En los Países Bajos esta ansiedad energética se alivió en parte con la construcción de los carriles bici, los tranvías, trenes de cercanías y la infraestura de intermodalidad, que también permite el aparcamiento seguro de cientos o miles de bicicletas en las estaciones, pues estas estaciones de tren conectan directamente con las de bus, además de metro.

Como ejemplo negativo a evitar pondría los de “mis”propias ciudades: Reus y Tarragona (Catalonia y/o España), en las que las estaciones de tren y autobus están en los puntos diametralmente más alejados posibles -según mapas- de ambas ciudades, como intentando evitar -por alguna extraña razón- que alguien tome un bus inmediatemente después de bajarse de un tren (no sea ya excesivo tanto subversivo transporte público). Tarragona, por otra parte, ostenta probablemente el record mndial de la estación de tren más alejada del centro; la estación del Camp (campo) de Tarragona, a más distancia de la ciudad de Tarragona que la propia ciudad de Reus. Por si esto fuera poco, desde el aeropuerto de Reus (o Barcelona-Sur, tal como indican los carteles de los vuelos de RyanAir en Eindhoven ), no se puede ofrecer una comunicación regular con las ciudades más cercanas, ni siquiera a Reus, que está a unos dos kilómetros. Además de todo esto, en otras muchas del país la infraestructura del tren ha retrocedido (no sé si sola o con la ayuda de los políticos) en lugar de avanzar, obligando cada día a más gente a disponer de un vehículo privado. Claro que eso a los fabricantes de autos no les va tan mal. O sea que no hay mal que por bien no venga (a algún otro).

Sobre los carriles bici también se podrían aprender algunas cosas a partir de la larga experiencia de países como Holanda y Dinamarca, si bien no todo es extrapolable a nuestra compleja disposición mental latina-mediterránea.

Los carriles deben ser seguros; no pueden ser dos líneas pintadas junto -o en medio- de la calzada, dispuntandose el espacio junto a coches, furgonetas y autobuses conducidos por sujetos a menudo estresados y de muy mal humor (que se fijan tanto en la pintura de la calzada como en los derechos de los ciclistas). También se deberían solucionar adecuadamente los cruces no dejandolo todo a merced del buen criterio y paciencia de la gente (que es poca cosa, en general). Tampoco debería ser admisible que se corten caminos existentes desde tiempo casi inmemorial para no entorpecer los recién adquiridos derechos los sacrosantos conductores de vehículos motorizados, cuando esos caminos estaban desde mucho antes que la aparición de los coches de gasolina (algo que también podría ilustrar con algunas carreteras de acceso a Reus) No deberían olvidarse las medidas para favorecer la intermodalidad y los aparcamientos seguros para las bicicletas.

En Holada, donde los carriles bici son una norma (que se ha construido durante décadas , no en 4 días) se está innovando en la propia construcción de los carriles bici, ya hay algunos luminosos, también fotovoltaicos, otros prefabricados, así como propuestas de diseños de “pseudo-asfalto” producido a partir del plástico “recuperado” del mar (el que irresponsablemente lanzamos allí como si fuera el gran basurero internacional). Pero mejor no dar ideas raras, porque los políticos del Sur de Europa prefieren empezar por el final, por lo espectacular, dejando lo inmediato y práctico para “nunca”, si es posible (que lo es).

Sobre bicletas holandesas y holandeses

Muchas de las bicicletas más modernas ya son de pedaleo asistido, lo cual permite a la gente mayor seguir usando la bici a diario hasta edades muy avanzadas; es más fácil ver a un holandés de 80 años subido a una bici que paseando a pie por el fietspad (carril bici) de un parque. Aunque lo de las bicis eléctricas no es una tendencia mayoritaria ni tan solo entre los más mayores; aquí he visto señoras de 70 y pico pedaleando ágilmente sus espartanas y enormes omafiets (bici clásica de abuela) … sin motor eléctrico.

Por parte de los fabricantes de bicicletas también se ha ido produciendo una adaptación constante a la función de su producto. Las bicis holandesas están hechas para la ciudad y el mal tiempo: equipan luces, guardabarros, neumáticos para lluvia y asfalto, caballete, antirrobo, cestas y/o “alforjas” para la compra, unas pocas velocidades, transmisión completamente oculta para poder vestir sin esperpénticas mallas ni otro tipo de ropa especial, etc. El práctico y robusto freno a contrapedal ha dejado paso a los frenos de tambor (al menos en la rueda trasera), igualmente limpios, duraderos y robustos, pero más prácticos, y los cambios de marchas son casi todos del tipo que va integrado en el buje de la rueda posterior (también más limpio y robusto). Los cuadros se han diseñado para una postura de conducción más erguida, lo cual es más cómodo (o menos doloroso) para la espalda, además de que mejora la visibilidad. Muchos modelos van equipados también con manillares regulables en altura.

Es muy raro ver bicicletas deportivas. Las bicis son -sobre todo- una herramienta para el día a día, no para salir a hacer “deporte” los domingos, después de haberlas cargado en la vaca del coche para salir bien lejos de los malos humos de la ciudad (como se ven obligados a hacer los amantes de la bici en España).

En los Países Bajos la mayoría de fabricantes de bicicletas son nacionales (aunque importen los cuadros de China o Taiwan) y hay una cantidad increíble de establecimientos para la venta y mantenimiento, comparado con los standares de una ciudad de España. Creo no equivocarme si digo que hay muchas más tiendas de venta de bicicletas que de venta de móviles (y ya es decir mucho). El negocio de las bicicletas mueve dinero (que además circula más localmente), aquí parece que la gente se gasta el dinero más en aquello que usa y le resulta rentable (smartphones aparte), pues, en comparación, un coche convencional resulta ruinoso por los enormes gastos que implica su uso, sobre todo en relación a un uso ocasional (salir a exhibirlo ocasionalmente).

Muchas familias de aquí tienen un solo coche, normalmente pequeño, a veces con muchos años pero muy bien conservado, pero suelen tener una bicicleta para cada miembro de la familia, que probablemente usen casi a diario para ir al trabajo y/o al supermercado; mientras los hijos pedalean hasta al colegio o instituto, etc. Quizá es una cuestión más de sentido común que de poder adquisitivo.

Otra curiosidad (al menos para un español), es que la gente no deja de moverse en bici porque llueva, y mucho menos por el frío. De hecho el frío y la lluvia son menos molestos que el calor, también hay que decirlo, además de que aquí las cuestas son una rareza (ya me gustaría ver a los jubilados neerlandeses pedaleando sus fietsen por las empinadas calles de Tarragona un tórrido día de mediados de Julio).

 

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¿Chismeando en Facebook?

 

Acróbatas del Smartphone o del paraguas

Resulta curioso ver como se fusionan las tendencias: muchos jóvenes circulan en bici mientras miran casi absortos -no sé si Facebook o qué- en su móvil de última generación. Otros muchos circulan agarrando el paraguas con una mano. Eso es lo más habitual. Como rarezas, he llegado a ver a un joven que pedaleaba encorvado mientras iba leyendo un grueso libro que llevaba apoyado sobre el manillar; también he llegado a ver a un serio señor pedaleando con los brazos cruzados, mirando al horizonte en una actitud distraída o meditativa. También te sorprendes las primeras veces que ves a mujeres sobre los sesenta años subiendose o bajandose de bicis enormes de un ágil salto, al llegar y salir de los semáforos. Realmente aquí crecen subidos a una bici, por eso es tan normal ver estas cosas.

Y será porque la necesidad da lugar a la innovación, en la Escuela Técnica Superior de Delft (TU Delft), se desarrolló una idea estupenda: un paraguas que resiste las tormentas, porque aquí no se quedan en casa solo porque esté cayendo un aguacero acompañado con fuerte viento. Este paraguas tiene una aerodinámica tal que las fuerzas que genera el viento sobre él se equilibran unas con otras, por lo que resiste vientos fortísimos que destrozarían en segundos el más robusto de los paraguas clásicos. Por supuesto, resulta también un paraguas ideal para la bicicleta, y posiblemente se haya diseñado más para este fin, pues es más difícil ver a un holandés andando que pedaleando.

En fin, si además de todo esto (y otras cosas) dominaran el arte de la tortilla de patatas (y la paella), Holanda estaría muy cerca de ser el país perfecto. Pero todo no se puede.

 

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Gracias al soporte especial del Senz Umbrella ahora pueden volver a usar la mano libre para navegar con el smartphone

 

 

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