enigma machine

Conversación privada

No trabajan en universidades (ya sea en docencia o investigación), ni en empresas de software, ni en banca financiera, ni en investigación privada sobre cosas tan raras como la inteligencia artificial, las redes neuronales o la lógica difusa; no, algunos de los mejores matemáticos son reclutados por eso que hoy se llama defensa. Porque la mejor arma (perdón, defensa) de cualquier ejército siempre ha sido la información… sobre lo que hace y pretende hacer el enemigo, cómo y cuándo. No es un asunto especialmente moderno, pero sabemos de ello sobre todo por el cine, al relatar episodios (ficticios o no) de espionaje durante la 2ª guerra mundial y la posterior guerra fría. Uno de estos episodios tiene como protagonista a una máquina de encriptación (o mejor dicho, cifrado)*1 alemana que se utilizó en la 2ª guerra mundial, denominada Enigma. Durante algún tiempo permitió a los militares alemanes mantener informaciones confidenciales, pero sus códigos pudieron ser descifrados por otra maquina aún más sofisticada desarrollada por los norteamericanos, que además tenían en su poder varias máquinas Enigma (aunque les faltaban las claves, sin las cuales no podían leerse las transcripciones)…. hasta que atraparon un submarino con todas las claves.

enigma machine

Curiosamente, los militares norteamericanos habían utilizado anteriormente un sistema mucho más simple y también eficaz: el lenguaje navajo, en el que además no existen palabras como submarino, tanque o avión, obviamente (un sistema que los alemanes no acertaron a imaginar durante algún tiempo). Hoy pocos confiarían a un medio tan rústico como el locutor de claves navajo (o algo equivalente) para la transmisión de información confidencial, pero podemos estar relativamente seguros al confiar las operaciones como las transacciones bancarias mediante internet a un cifrado (encriptado) informático, desarrollado por algún equipo de matemáticos destacados. *2

Tras las grandes guerras, y al mismo tiempo que aparentemente se iba apagando la guerra afría, el espionaje industrial va cobrando cierta importancia; lo cual no es solo porque hubiera espías disponibles, sino por el empeño de las escuelas de negocios en aplicar estrategia militar al mundo de los negocios (El Arte de la Guerra, de Sun Tzu, ha sido libro de cabecera de muchos ejecutivos agresivos). Como a menudo la inteligencia innovadora crea conocimiento valioso por su escasez; como propiedad intelectual, estrategia empresarial, negocios de altos vuelos, etc. es útil cifrar comunicaciones de secreto empresarial o industrial, además de proteger la intimidad de las conversaciones. La vulnerabilidad de las comunicaciones digitales móviles está creando una nueva clase de soluciones de cifrado, como la que ofrece Cellcrypt, que cifra las llamadas de voz en teléfonos móviles como Android , BlackBerry, iPhone y Nokia, proporcionando seguridad y facilidad de uso al mismo tiempo. Realizar una llamada segura es tan simple como hacer una llamada normal desde el mismo dispositivo. Las Soluciones de Cellcrypt soportan muchos tipos de teléfonos móviles y se pueden instalar a los usuarios en ubicaciones remotas a través de Internet en cuestión de minutos.

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Luego no digan que no lo sabían

*1 encriptación, poniéndonos rigurosos, significaría introducir en una cripta

2* Mensajes cifrados que otros matemáticos pueden tratar de descifrar. Incluso en algún caso, alguno como John Forbes Nash, cuya historia se dio a conocer al público a través del film Una mente maravillosa, llega a “descifrar” imaginariamente a través de los titulares de los periódicos, pues llegó a padecer esquizofrenia paranoide. Cuando decía que los extraterrestres se comunicaban con él por medio del periódico New York Times, un profesor del MIT que lo visitó al psiquiátrico le preguntó: ¿Cómo puede un hombre tan inteligente y lógico creer que los extraterrestres le envían mensajes? La respuesta fue simple: Porque las ideas sobre seres sobrenaturales vinieron a mí de la misma forma que las ideas matemáticas. Por eso las tomé en serio.   Lo cual es sumamente revelador acerca de la naturaleza del conocimiento científico.

La vieja academia de mecanografía

Aula de mecanografía del Colegio Wesley fotografía de Oria Cruz-Sánchez 100 dpi

Recuerdo cuando una academía de mecanografía y taquigrafía, que estaba en el barrio desde tiempos casi inmemoriales, se modernizó para ofrecer también clases de informática -no hace tanto, no creais-. Lo que enseñaban estos atrevidos emprendedores en realidad era -más precisamente- eso que después se llamaría ofimática (Excel y Word, principalmente). Poco tiempo después la estrella de la academia sería internet, el nuevo fenómeno-acontecimiento de moda que sonaba tan snob en boca de los que hablaban de su nuevo juguete. Estos “frikis” solían ser varones de alrededor de 20-25 años que lo primero que hacían cuando compraban un PC era abrirlo para verle las tripas, para indagar que ranuras libres emplearían para tunear el aparato, tal como le ocurría a la moto o el coche del neng.

Sí, como lo oís, chavales, Internet era una cosa que sonaba muy exótica y moderna. Hoy nos sorprendería tener que ir a un sitio así para aprender a navegar por internet y abrir una cuenta de Facebook o Twitter. Pero por entonces internet era algo realmente inusual, entre otras cosas porque la conexión de 56k que ofrecía la única compañía telefónica existente en España no daba para mucho y aún no había ni apenas páginas que visitar, ni blogs, ni por supuesto redes sociales online, invento mucho más tardío. Aún recuerdo a mi emocionado amigo cuando me convenció para enseñarme la página oficial de la NASA (de las pocas instituciones que tenían página web en condiciones, por aquel entonces) y mi ya escaso entusiasmo se quedó en nada cuando pasó casi un minuto para descargar la pantalla inicial, y aparecieron unos decepcionantes gráficos, realmente cutres si lo comparamos con cualquier blog actual. Pero entonces ni siquiera la agencia tributaria tenía página; lógico, pues aún ignorábamos qué era la declaración de la renta, malévolo invento que algunos años después nos amargaría la existencia aún más que los propios ordenadores.

También recuerdo, en relación a todo esto de la nuevísima tecnología cibernética doméstica, que asistí a una innovadora academia (otra, exlusivamente de informática) antes de comprar nuestro primer PC familiar. Nos enseñaron los rudimentos de la informática: qué era un ordenador y para qué servía,…(en realidad para muy poco, en aquel entonces)… con el único ordenador de la academía; un impresionante IBM que costaría una pequeña fortuna, por entonces. En realidad no nos enseñaron gran cosa, a parte de algo de BASIC y MS-DOS, sistema operativo necesario para copiar o formatear discos, introducir pequeños cambios en el arranque y cosas así de emocionantes. Hasta hace poco aún conservaba un libro del sistema operativo de MicroSoft, voluminoso como novela de Tolstoi.

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Con mi último ordenador no tuve que hacer mucho más que sacarlo de la caja y enchufarlo. Tiene sentido la anécdota-chiste que contrataca ácidamente la crítica de la lentísima evolución de los automóviles comparada con la evolución vertiginosa de los ordenadores personales, porque el hardware y los primitivos sistemas operativos nos han regalado sinsabores y frustraciones como creo que pocos inventos han hecho jamás.

Uno mira atrás, si ya tiene algunos añitos -como yo- y se sorprende del cambio, aunque sigamos viajando en coches propulsados por un motor de explosión, que se mantienen separados del asfalto por unos neumáticos de caucho sintético, y no por campos de fuerza atómicos, como creían en los setenta los futurólogos propagandistas de entonces. Pero lo que nos ha acabado sorprendiendo ha sido la economía, no la tecnología. Precisamente, la más espectacular diferencia que percibimos los automovilistas tiene lugar cuando llenas el depósito (si te atreves a llenarlo), ya sea de gasolina como de gasoil: es prácticamente tan caro como si lo hicieras con vino de Rioja (y dura aún menos). Y eso que el combustible es “a granel” y autoservicio total (en cambio el Rioja viene en elegantes botellas de vidrio perfectamente etiquetadas, tapón de corcho y gollete de estaño). Dentro de muy poco nos saldrá a cuenta que los motores funcionen a base de Vodka barato. Humm…ya voy a poner a punto la bicicleta.