Vídeo

Ciudades sostenibles

Alex Steffen, diseñador ecológico que propone unir estrechamente tecnología y ecología en su web WorldChanging, explica en este vídeo la necesidad de aplicar cambios en las ciudades para convertirlas en entornos más sostenibles, reduciendo el transporte, aprovechando el sol, el aire, el agua y los espacios, de forma mucho más eficiente y lógica.

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Ahorro energético particular

Saramago y el optimismo

Saramago y el optimismo

Se ha de reconocer el talento  de los organizadores de La hora del planeta, campaña de WWF diseñada, supuestamente, para sensibilizarnos ante la necesidad de ahorrar energía (como si hiciera falta más motivación que pasar apuros para pagar las factura de luz y gas), pero que en cualquier caso es un relativo éxito para atraer la atención sobre la propia organización y sobre la salvadora tecnología… que nos salvará de la propia tecnología.

Lo más sorprendente para algunos (entre los que me incluyo) es ya la vinculación del derroche energético de los particulares con el cambio climático, cuando cada vez el rango de acción del ciudadano de a pie es más estrecho.

Lo explico. Para empezar por algo muy común y rutinario: en los supermercados (también en los productos eco) los envases de plástico y bandejitas de poliestireno son la norma, el agua embotellada en polietileno; el reciclaje es una necesidad más que una solución, porque se producen ingentes cantidades de desechos en envoltorios de todo tipo (botellas no retornables, tetrabriks, plásticos, cartones, latas de aluminio y acero,  etc.), además de que abundan los productos cargados de conservantes,  potenciadores del sabor y azúcar refinado; todo lo cual podría evitarse en buena medida con unas normas menos permisivas con la industria que redundarían en beneficio de casi todos.

En cuanto al tema de las bombillas “eficientes”, que no lo son tanto si se analiza con cierto rigor, además de la necesidad de un reciclaje especial por la manipulación del mercurio que contienen;  en realidad el meollo del asunto es otro: que los lugares de trabajo y viendas no aprovechan apenas la luz natural, porque ahorrar no mola.  Como tampoco se aprovecha el sol para calentar el interior de las viviendas, porque se diseñan de espaldas a cualquier consideración bioclimática (es más negocio proponer una calefacción eficiente de gas “natural”, a unos “espartanos” 21ºC, para poder ir casi en manga corta en Enero, cuando nieva en la calle).

Otro tema igual de contradictorio es que se considere aumentar la velocidad máxima en autopistas, dado que la resistencia aerodinámica aumenta con el cuadrado de la velocidad, y a partir de cierta velocidad es responsable de la mayor parte del consumo de energía. Está claro que se trata de complacer a los fabricantes de automóciles, a los que sale más rentable vender coches grandes y potentes que utilitarios económicos.

Tan contradictorio como que dejen de invertir en trenes regionales y cercanías y se “invierta” en un tren de alta velocidad que es un lujo casi tan innecesario como algunos aeropuertos de ciudades pequeñas. O que los edificios “modernos” se tengan que mantener climatizados casi todo el año, o que se subvencionen neveras combi enormes porque son clase A, cuando un pequeño y sencillo refrigerador clase B gasta aún menos, etc, etc.

Mundo pésimo

Algunos de estos ecologistas de postín que nos reprochan nuestro despilfarro (y que arreglan su conciencia iluminando sus mansiones de 500 metros cuadrados con bombillas de bajo consumo, montando colectores solares para climatizar la piscina con jacuzzi, conduciendo un Lexus híbrido y acumulando alimentos eco-pijos en una nevera gigante clase A+++, entre otras inteligentes y prudentes medidas de austeridad energética), nos quieren convencer de que derrochamos energía en nuestros pisitos con 4 bombillas y  que tenemos que cambiar el derrochador utilitario de 12 años de antigüedad por un eficiente coche Clase A.

El mensaje (bastante hueco, por cierto) es criticable se mire por donde se mire.  Y es demasiado simplista y nos toma a todos por gilipollas (estúpidos, necios, cortos de entendederas). Aunque algo de razón tienen.