Repartir el trabajo no es repartir la pobreza

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El tema se ha repetido aquí demasiadas veces para mi gusto, pero como es algo sobre lo que se hace oidos sordos, es necesario insistir en ello una y otra vez, para que no digan que no sabían nada, o que no lo entendían o que no era posible.Pero esta vez reproduzco un artículo que encontré en Rebelión escrito por Carmen Castro García. Sin estar de acuerdo al 100%, sí suscribo la idea central: la de manipulación de la información para simular motivos para el acoso social, para el golpe de Estado (o estados, en plural) con el que el mundo de las altas finanzas nos impone someternos a su violencia del poder. Sin embargo creo que el discurso feminista está un poco desfasado ya. Si hay diferncias salariales entre hombres y mujeres es porque aún ocupan porcentualmente tipos de empleos distintos, pero dentro de las mismas empresas será difícil, creo, encontrar esas discriminaciones. En cualquier caso, hoy las discriminaciones ya son otras, porque a fin de cuentas siempre se ha tratado de excusas para pagar lo menos posible: dominar el alemán, francés, el ruso o el chino (lenguas que casi nunca son realmente necesarias), las titulaciones superiores (idem), la juventud (excusa para pagar poco, o para no contratar), la madurez (excusa para no soportar personal con criterio propio y experiencia), la poca predisposición a la flexibilidad total  (decir sí a todo), el master (por pedir que no quede), la buena o mala presencia, la simpatía o la antipatía, etc. ; todo puede ser una excusa discriminatoria, y pagar menos es para muchos la única forma que conocen de mejorar la rentabilidad de sus empresas y negocios.

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