130 años después…

El Día internacional de los
trabajadores
, el primero de Mayo en la mayor parte del mundo, es un
festivo en el que se conmemora a los mártires de la revuelta de
Haymarket
, ocurrida el 4 de Mayo de 1886, 3 días después del inicio
de unas grandes huelgas en Chicago, como protesta por el
incumplimiento de una ley que pretendía reducir las jornadas de
trabajo a 8 horas. Como resultado de la explosión de una
bomba en la concentración convocada aquel día  -hasta ese momento pacífica-, murió un
policía. Dispararon indiscriminadamente sobre un gran número de trabajadores y detuvieron a un gran número de sospechosos, torturando a algunos de ellos, Tras los juicios, condenaron a
muerte a 5 trabajadores anarquistas y condenaron a cadena perpetua a otros
tres.

Considerando el incremento espectacular de la productividad
(debido a la eficiencia, la tecnología y los “esclavos
energéticos”), es más que sorprendente que 130 años después de
aquellos sucesos los privilegiados continúan anclados a las 8 horas de jornada mientras otros se mantienen o retroceden hacia jornadas de 10 o 12 horas. Estas jornadas tan largas -e innecesarias- son contraproducentes para los trabajadores y las empresas,
pero, sobre todo, son dañinas para la sostenibilidad de los ecosistemas y de la
misma economía. Es aparentemente absurdo que no presentando ninguna
ventaja evidente se mantenga tozudamente este tipo de jornadas. Quizá
no es una cuestión de lógica, después de todo.

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