Mis mejores deseos

maromo

Santa Claus afeitadito y depiladito parece otro; más joven incluso.

Más concreto -y mucho mejor- que desearte solo Felices fiestas, deseo para ti lo siguiente:

Que hagas nuevos y buenos amigos/as (y te diviertas muchísimo con ellos), disfrutes de exquisita comida (sin engordar y en buena compañía), duermas reparadoramente y de un tirón (mejor si es después de disfrutar de buen sexo), obtengas el dinero que necesitas para vivir confortablemente, te reconozcan tus méritos laborales (y te lo recompensen generosamente), se te valore por lo estupendo y buena gente que eres (y des motivos sobrados para ello), sepas perdonar a aquellos que te ofendieron (si hubo alguno, que no creo), dejes de fumar o adelgaces (si es lo que quieres y si de verdad lo necesitas), te pongas en forma, sonrías más (puede que tu ya seas de los/las que sonríes a menudo), olvides los problemas pasados y no te agobies tanto por el futuro, te levantes cada día optimista y lleno de energía, que tu familia y amigos sepan que les aprecias y el sentimiento sea recíproco, te perdonen los que ofendiste (seguramente sin pretenderlo), te relajes más a menudo, hagas más ejercicio (pero no demasiado), trabajes menos (pero ingreses más dinero), logres al menos una buena parte de todo lo que te propongas para el próximo año (si no todo), sepas apreciar mejor las cosas pequeñas que te ofrece la vida, seas (aún) más creativo y las ideas sirvan para ayudarte a ti y a los demás … Y que todo esto sea para siempre, no solo para las fiestas.

Santa Claus se pidió una excedencia: de momento le sustituirá una becaria sin carnet de trineo de renos…

Seguro que olvido algunas cosas que podrían mejorar, pues no pretendo hacer una lista exhaustiva. Resumiendo: deseo que disfrutes al máximo de la vida, seas amado y ames, juegues, goces y rías con ganas. ¿Se puede pedir más? Es posible, todo es cuestión de imaginación.

¡Felices (y filosóficas) fiestas!

La navidad ya no es lo que era

La navidad ya no es lo que era

En estas fechas “señaladas” se utilizan como nunca las palabras felices, felicidad y feliz (junto con otras igual de imprecisas y abstractas como paz y amor). Las usamos para desear felices fiestas, feliz Navidad, año nuevo, etc. Por ello me pregunto estos días, ¿que es la felicidad? Yo no lo tengo tan claro; y tu seguro que tampoco, no creas.

Algunos -la mayoría, me temo- pueden considerar que la felicidad está en algunas cosas “pequeñas” como un abrazo con un ser querido, sentirse bien y optimista, el buen sexo y otras sensaciones placenteras (una comida rica, el primer trago de cerveza, comprarse algo bonito- y aún mejor si es un “chollo”-, recibir un elogio, etc.). Es una forma de felicidad breve y con características adictivas.

Otra versión de la felicidad es la sensación de logro y/o superación, como puede ser alcanzar un objetivo difícil (perder unos kg, ponerse cachas, aprobar un curso o examen difícil, ligar con aquel o aquella que parecía tan inaccesible…). Recibir un aumento de sueldo, encontrar empleo, o mejor aún, cambiar de empleo, montar un negocio (y aguantar), o divorciarse, pese a los obstáculos de todo tipo… También ayudar a otros te hace feliz, pero supongo que esto no funcionará con todo el mundo.

Otras circunstancias generalmente felices son: casarse o iniciar una convivencia feliz (al menos al principio), tener un hijo (según las circunstancias, y también al principio, al menos), los logros de los hijos – algunos-, mudarse a un lugar mejor, etc. No olvido que recibir un premio de lotería también proporciona felicidad (y cómo olvidarlo en Navidad) Pero, por muy grande que sea la cantidad, es curioso que es del tipo de felicidad breve (aunque no tanto como un buen revolcón) que mencionaba en primer lugar.

Dicen los que se dedican a analizar estas cuestiones que los que consiguen tomar las riendas de su vida (crean su negocio, deciden dónde y cómo vivir ) y toman decisiones frecuentemente, no dejando que sean siempre otros los que decidan por uno, son por lo general mucho más felices que los que logran una cantidad de dinero importante sin haberlo ganado, sin haberse forjado carácter, y se dejan llevar por la consecución de esos placeres inmediatos que el dinero puede fácilmente comprar, pero que no son otra cosa que otra versión -pero mejor vista- de las drogas duras, fuertemente adictivas y que destruyen el carácter (suponiendo que uno tuviera algo así).

Por tanto, es cierto que el dinero da un tipo de felicidad, breve y adictivo. Para algunos no parece haber otra felicidad posible, lo cual parecía defender Woody Allen cuando sentenció algo así como: “En efecto, el dinero no da la felicidad, pero (gastarlo) proporciona una sensación tan parecida que es difícil notar la diferencia”. Bueno, a mí me parece que sí se nota la diferencia; la verdadera felicidad sería una sensación de energía y entusiasmo que te permite soñar y avanzar hacia objetivos grandes (nobles, auténticos, genuinos…) y eso no se compra con dinero (aunque por supuesto ayuda si sabes cómo gastarlo).

Mirado así, la mayoría somos unos infelices durante la mayor parte de la vida, si no toda. Quizá ya es hora de cambiar.