Perdidos entre cuestiones

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La cuestión no es si la tecnología puede salvarnos, a estas alturas del desastre, sino qué clase de tecnología necesitamos. La cuestión no es si el desarrollo tecnológico produce beneficios sociales, sino cómo se reparten, o si se reparten, incluso. La cuestión también es sopesar sus beneficios y efectos negativos (como en el caso de la energía nuclear, cuyos beneficios son casi ridículos en comparación del altísimo riesgo y daño producido). La cuestión no es que se tomen o no las medidas adecuadas, sino que se tomen en conjunto medidas tecnológicas, sociales y políticas.

La tecnología por sí sola no logrará ningún cambio positivo (salvo a muy corto plazo para los pocos propietarios de las sociedades que administran las patentes). Tratar de avanzar a toda velocidad solo beneficia a unas pocas megacorporaciones al adelantarse a cualquier competencia y al conocimiento y control de las repercusiones negativas de los avances. Tendríamos que tomarnos en serio el principio de precaución (y por ejemplo, no producir industrialmente compuestos químicos nuevos a mayor velocidad de la que se pueden estudiar sus efectos negativos).

Igual que la mejora de la eficiencia (como medida aislada) produce aún mayor consumo de materias y energía, “fenómeno” que explica la llamada paradoja de Jevons, la mejora de la esperanza de vida también producirá un gravísimo rebote de mortandad si no se toman medidas para controlar el crecimiento demográfico. El crecimiento de la población sí es un problema, y aunque sí fuera aún posible mantener adecuadamente a toda la población, no contener el crecimiento demográfico solo retrasa y agrava el problema. Debería dejar de ser un tabú del que nadie quiere hablar, que provoca reacciones airadas y poco meditadas.

Y aquí llegamos a la gran cuestión: deberíamos ser capaces de escucharnos unos a otros (incluso empatizar), convencer con razonamientos (y no con la fuerza o la amenaza); construir un verdadero sistema social democrático, integrador, justo e inteligente.

Si creemos que no puede ser así, entonces sí estamos perdidos.

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Duras dictaduras

monarca rey borbon dictador francoAmbas dictaduras, la fascista y la financiera, tienen muchas cosas en común: líderes títeres, libertades y democracia en retroceso, sometimiento al sinsentido político, y falta de sentido común. En ambas dictaduras la población con más capacidad de crear auténtica riqueza (la clase media y trabajadora) sufre una dura represión (de un modo u otro) que le impide realizarse. Y la consecuencia es que unos pocos (poquísimos) ganan a costa del empobrecimiento y sufrimiento de una inmensa mayoría.

Hablando de España en concreto; puntualmente, como en la ocasión del “fallido” golpe militar del 23 de Febrero de 1981, o como en la reforma “exprés” del artículo 135 de la Constitución (realizada en apenas una semana en agosto de 2011) se realizan movimientos estratégicos para reforzar las dictaduras (políticas o financieras). Pero no nos engañemos, el día a día es un cúmulo de  avances del sistema para controlar cada parcela de libertad. Nuevamente se disfrazarán los lobos de cordero y nos ofrecerán alternativas calculadas para que lo esencial permanezca inalterable, para que los intereses y voluntades que importan no sean contrariadas. hitler-general-franco

Hoy día el  control por la fuerza militar ya no sería admisible, no está de moda por esta parte del mundo, pero lo que se lleva es la doctrina del shock y el control férreo de la política fiscal y financiera, y las deudas parece ser que se exigirán por la fuerza, caiga quien caiga. La canciller alemana (Frau Merkel) no movilizará ni un solo soldado para reclamar su espacio vital. Ni falta que le hace; le basta con desplegar desde Bruselas a unos pocos funcionarios muy bien pagados (troika, hombres de negro) para controlar y exigir medidas de ajuste del déficit draconianas, para intentar el pago de una deuda colosal. Grecia ya cayó víctima de estas nuevas estrategias ofensivas, quizá en buena medida para intentar pagar los submarinos franceses y los tanques alemanes. ¿para qué guerra, nos preguntamos?

La muerte tenía más de un precio

curiosos-funerales-ghana-L-KWVsX7Se suele decir que la muerte es de las pocas cosas (¿o es la única?) de las que podemos tener total y absoluta certeza. Pero en cierto modo tampoco de la muerte podemos estar seguros, pues también se considera (en muchas culturas) que la extinción de la vida es algo de relativa trascendencia y que no es un final real sino un cambio o tránsito; es decir, que puede tener significados muy distintos en función de la cultura y religión en las que estemos inmersos. Pero al margen de estas consideraciones de carácter trascendental y religioso, el fallecimiento de un ser querido supone un trauma emocional más o menos doloroso, según las circunstancias de cada caso.

the_funeral_of_shelley_by_louis_edouard_fournier En las sociedades modernas actuales no consideramos la muerte como una parte más de la vida, es más, la tendemos a ocultar de nuestras miradas. No debiera sorprendernos, en cuanto vivimos fundamentalmente alejados de la propia Naturaleza, en climatizados edificios de acero, hormigón y vidrio, rodeados de asfalto y tecnología, como luz artificial y alimentos procesados industrialmente. En este contexto de artificialidad de la sociedad moderna, la muerte es algo que se trata de ocultar a toda costa.

Sin embargo, la muerte no llega necesariamente tras un proceso más o menos previsible de envejecimiento y enfermedad; también puede sorprendernos, por supuesto. Es en estos casos en los que disponer de un buen seguro puede suponer una diferencia significativa… para los familiares, claro está. La diferencia de encontrarse en una situación emocionalmente muy estresante en la que apetece menos que nunca realizar las gestiones relacionadas, y peor aún, que no se disponga del dinero suficiente para hacerles frente.

Parece ser que suele entenderse así, y así se explica que pese a la crisis, la contratación de estos servicios no solo no se ha resentido, sino que ha experimentado un pequeño aumento, también debido a los residentes extranjeros, para quienes los trámites aún pueden resultar más complicados y caros.logo rojo_0

En cuanto a si escoger una mutua o una compañía, las mutuas pertenecen a los tomadores del seguro (los que contratan las pólizas; los mutualistas), mientras que las compañías son sociedades que, por tanto pertenecen a los accionistas. En teoría, el objetivo de una aseguradora tradicional es maximizar el beneficio para sus accionistas, y el de las mutuas maximizar los beneficios que obtienen sus mutualistas a través de los servicios que ésta presta.

Resumiendo, parece que es mejor añadir un seguro de decesos (como el de MDC) al seguro general, que tener un seguro de vida convencional. Porque recibir ayuda en un momento así, no tiene precio.

Más información:

http://www.asesorseguros.com/mutuas.html

 

http://www.teledocumentales.com/funerales-de-color-en-ghana/

 

http://ghaneantes.wordpress.com/2012/03/15/de-funeral/

 

http://esoterismo-guia.blogspot.com.es/2012/06/diferentes-ritos-funerales-entierros.html