Soy un gnomo

Gnomo feliz

Rindo pleitesía ante vuestros poderes mágicos: Marketing Avanzado, Organización de organizaciones, Exexutive Business, Master del Universo por la Esculea Superior de seres superiores. Me inclino ante los sacerdotes que ofician los ritos de la Sagrada Economía, obedientes a las inescrutables fuerzas de la Mano Invisible del Grandísimo Libre Mercado. Oh, Señor de las Finanzas Etéreas, Misterio entre los misterios, te ruego me sea concedido tu misericordioso crédito.

Soy un gnomo del reino fabuloso donde nunca se ponía el Sol. Un reino abandonado del favor de los dioses, que han permitido que las fuerzas del mal nos dejen sumidos en la oscuridad. El euro-ogro y la UE-ogra nos acosan y hostigan, y los populares verdugos elegidos para el necesario sacrificio hacen el trabajo sucio que nadie haría en su sano juicio.

Por si fuera poco, unos perezosos esclavos poco competitivos, que ya no quieren trabajar de sol a sol por una escudilla y una promesa, que se niegan a vender lo poco que les queda para pagarse un billete a Disneylandia (en cómodos pagos mensuales), que no consumen alocadamente ni ahorran, ni invierten ya en bolsa, a los que incluso cuesta ya vaciar los bolsillos poniéndoles la etiqueta de contribuyentes a cada paso, movimiento, inhalación o parpadeo… (¡Malditos! No merecen vivir ya al amparo del reino).

Soy un gnomo desterrado, que vive no en un país, sino en una marca. Eso sí, dicen que es una marca de diseño. Claro que uno podría pensar “el diseñador que la diseñó buen diseñador no será”. Pero en realidad no hubo diseñador sino que la marca fue un restyling de un viejo y anticuado producto que poco tiene de diseño. Pero el marketing es eso: venderte la destartalada moto como si fuera nueva.

Soy un gnomo despistado que no sabe de donde le vendrá la próxima Gran Ostia (que nada tendrá de sagrada); humilde siervo de la marca . Una marca que pretende competitir con otras tan competitivas como… China, la antes exótica y después popular.

China… anhelada por tantos Señores de los Negocios, país-marca donde sus competitivos ciudadanos pobres sí que saben cuales son sus obligaciones: trabajar por lo que quieran los amos darles, hasta que se les caiga la fábrica encima, enfermen o mueran de agotamiento.

Pero yo soy un gnomo que sueña y trabaja por un mundo mejor y que viendo que es posible, contento baila en el jardín. Un gnomo desterrado y despistado, pero feliz.

 

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Marketing de precisión

diana

Tanto en empresas como en otras instituciones públicas y privadas, la competencia por la atención de los potenciales usuarios-clientes es feroz; la explicación parece deberse a que los medios de difusión son más potentes que nunca a la par que la capacidad de prestar atención del público decrece ante la masiva información, y para empeorar las cosas, el consumo parece haberse estancado. Dada esta situación complicada ¿Cómo pueden las empresas llegar a nuevos clientes? La publicidad tiene varios caminos, cada cual con sus pros y contras -como todo- y cada experto parece decantarse por un tipo de acciones, en función de diversas variantes técnicas y el mayor o menor conocimiento de las ventajas de cada una.

En los medios “clásicos” como la prensa, radio y televisión el mensaje va destinado a las masas, sin definir apenas el destinatario del mensaje -target- (aquí un divertido ejemplo); en otros medios más modernos como internet o el email marketing, es posible precisar quien es el destinatario, segmentando y personalizando el mensaje. Incluso con el email marketing es posible enviar unicamente estos mensajes a personas que hayan dado muestras de interés sobre los asuntos en cuestión (opt-in). Por ejemplo, una empresa de Email marketing como adSalsa incorpora más de 50.000 nuevos usuarios diariamente a su Base de Datos, cuyos datos identificativos se enriquecen con los datos de hábitos de consumo, situación familiar y laboral, hobbies, intenciones de compra, nivel adquisitivo, etc. El proceso de enriquecimiento de datos se realiza a través de un cuestionario elaborado y programado con algoritmos de lógica que conduce las preguntas en función de las respuestas del usuario en todo momento.

El email marketing es una forma de comunicación que puede ser muy precisa en su objetivo, por lo que un muy elevado número de destinatarios es solo relativamente relevante, y la “receptividad” de los mismos se vuelve, en cambio, mucho más determinante. Pese a la veteranía del Email, la combinación con una cuidadosa elaboración de una base de datos y la utilización adecuada de la misma, hace del email marketing una opción aún con muchas posibilidades. Pero es de suponer que el futuro más o menos inmediato nos traerá un marketing aún más sensible a las necesidades reales del consumidor, que resulte menos invasivo y distractivo para éste, y más efectivo para el comunicador (pero sin llegar a ser perverso). La web semántica tendrá seguramente un gran papel en este asunto, pues el marketing se favorecerán de una tecnología que aporta cierta “inteligencia”.

La vieja academia de mecanografía

Aula de mecanografía del Colegio Wesley fotografía de Oria Cruz-Sánchez 100 dpi

Recuerdo cuando una academía de mecanografía y taquigrafía, que estaba en el barrio desde tiempos casi inmemoriales, se modernizó para ofrecer también clases de informática -no hace tanto, no creais-. Lo que enseñaban estos atrevidos emprendedores en realidad era -más precisamente- eso que después se llamaría ofimática (Excel y Word, principalmente). Poco tiempo después la estrella de la academia sería internet, el nuevo fenómeno-acontecimiento de moda que sonaba tan snob en boca de los que hablaban de su nuevo juguete. Estos “frikis” solían ser varones de alrededor de 20-25 años que lo primero que hacían cuando compraban un PC era abrirlo para verle las tripas, para indagar que ranuras libres emplearían para tunear el aparato, tal como le ocurría a la moto o el coche del neng.

Sí, como lo oís, chavales, Internet era una cosa que sonaba muy exótica y moderna. Hoy nos sorprendería tener que ir a un sitio así para aprender a navegar por internet y abrir una cuenta de Facebook o Twitter. Pero por entonces internet era algo realmente inusual, entre otras cosas porque la conexión de 56k que ofrecía la única compañía telefónica existente en España no daba para mucho y aún no había ni apenas páginas que visitar, ni blogs, ni por supuesto redes sociales online, invento mucho más tardío. Aún recuerdo a mi emocionado amigo cuando me convenció para enseñarme la página oficial de la NASA (de las pocas instituciones que tenían página web en condiciones, por aquel entonces) y mi ya escaso entusiasmo se quedó en nada cuando pasó casi un minuto para descargar la pantalla inicial, y aparecieron unos decepcionantes gráficos, realmente cutres si lo comparamos con cualquier blog actual. Pero entonces ni siquiera la agencia tributaria tenía página; lógico, pues aún ignorábamos qué era la declaración de la renta, malévolo invento que algunos años después nos amargaría la existencia aún más que los propios ordenadores.

También recuerdo, en relación a todo esto de la nuevísima tecnología cibernética doméstica, que asistí a una innovadora academia (otra, exlusivamente de informática) antes de comprar nuestro primer PC familiar. Nos enseñaron los rudimentos de la informática: qué era un ordenador y para qué servía,…(en realidad para muy poco, en aquel entonces)… con el único ordenador de la academía; un impresionante IBM que costaría una pequeña fortuna, por entonces. En realidad no nos enseñaron gran cosa, a parte de algo de BASIC y MS-DOS, sistema operativo necesario para copiar o formatear discos, introducir pequeños cambios en el arranque y cosas así de emocionantes. Hasta hace poco aún conservaba un libro del sistema operativo de MicroSoft, voluminoso como novela de Tolstoi.

ibm-pc

Con mi último ordenador no tuve que hacer mucho más que sacarlo de la caja y enchufarlo. Tiene sentido la anécdota-chiste que contrataca ácidamente la crítica de la lentísima evolución de los automóviles comparada con la evolución vertiginosa de los ordenadores personales, porque el hardware y los primitivos sistemas operativos nos han regalado sinsabores y frustraciones como creo que pocos inventos han hecho jamás.

Ojalá hubiera tenido entonces la oportunidad de aprender cómoda y rápidamente en un centro de formación avanzada como netmind, lo cual te puede ahorrar mucho tiempo y disgustos. Merece la pena considerar la opción de netmind, uno de los principales proveedores de formación avanzada en tecnologías de la información de España, con oficinas en Barcelona y Madrid. Dispone de un amplio y actualizado catálogo de cursos, más de 350 títulos oficiales y avalados por los principales fabricantes de software y entidades de reconocidísimo prestigio internacional. Cuenta con una cartera de más de 700 clientes y sus más de 7.500 alumnos anuales responden a los distintos perfiles profesionales específicos del sector de las tecnologías de la información.

Uno mira atrás, si ya tiene algunos añitos -como yo- y se sorprende del cambio, aunque sigamos viajando en coches propulsados por un motor de explosión, que se mantienen separados del asfalto por unos neumáticos de caucho sintético, y no por campos de fuerza atómicos, como creían en los setenta los futurólogos propagandistas de entonces. Pero lo que nos ha acabado sorprendiendo ha sido la economía, no la tecnología. Precisamente, la más espectacular diferencia que percibimos los automovilistas tiene lugar cuando llenas el depósito (si te atreves a llenarlo), ya sea de gasolina como de gasoil: es prácticamente tan caro como si lo hicieras con vino de Rioja (y dura aún menos). Y eso que el combustible es “a granel” y autoservicio total (en cambio el Rioja viene en elegantes botellas de vidrio perfectamente etiquetadas, tapón de corcho y gollete de estaño). Dentro de muy poco nos saldrá a cuenta que los motores funcionen a base de Vodka barato. Humm…ya voy a poner a punto la bicicleta.

Ni lo sueñes

Si no tienes objetivos honestos nunca serás feliz

Anuncio muy original, visualmente impactante, divertido… en cierto modo; pero comunica ideas horribles: que solo la riqueza extrema te puede hacer feliz, y que ése es el mayor sueño que puede perseguirse… y que alcanzar ese sueño (para ti o para mí) solo es posible jugando. Aunque se olvidan de contar que también hay que ganar una premio importante, lo cual no es nada fácil. De hecho es mucho más probable hacerse rico mediante el trabajo creativo y bien enfocado (que tampoco es tan probable) que jugando a juegos de azar.

Realmente es fácil creer lo que quieren que creas; que somos esclavos del dinero, que sólo el dinero puede redimirnos del aburrimiento y la desidia de una vida triste y gris. Que solo el dinero da brillo, nos aporta entusiasmo, o incluso nos hace parecer más inteligentes. Y el Estado, el mismo que administra los boletos y la suculenta porción que se queda, se ocupa, además, de que así sea. Es decir, se ocupa de diseñar un mundo en el que sin dinero la vida sea cada vez más difícil, incómoda, incluso prácticamente imposible si se vive en un entorno urbano, moderno y tecnológico; todo eso que llaman “avanzado”. Por tanto, parecen aconsejar: trabaja duro para que te sobre un poco de dinero para comprar tu boleto. O bien: fórmate, haz un máster -o un doctorado- … y luego emigra a Alemania para emplearte, pero vuelve por Navidad … y no olvides comprar lotería del Estado.

Pero lo cierto es que los que ganaron su fortuna mediante el azar o una gran herencia no obtuvieron una felicidad muy duradera, tan sólo -y por un par de años- disfrutaron de la euforia del dinero fácil, pero la carencia de una personalidad forjada en el sacrificio y la autodisciplina propia de la ¿mayoría? de los ricos, (bueno, exceptuando a los banqueros, que son “diferentes” y a los ricos herederos, inclasificables) que no suele reflejarse en el cine con la misma frecuencia que otros aspectos más glamurosos de sus vidas, les impide alcanzar la satisfacción del “éxito”, del mismo modo que las vidas de muchos artistas y deportistas de élite son consumidas por un triunfo arrollador para el que no estaban preparados.

Me atrevería a aconsejar que, si te gusta jugar un poco, optes por alguna lotería que destine un mayor porcentaje a una labor social, como es la ONCE o la Cruz Roja, que además no torturan a la gente con su manipuladora publicidad.

Ahorro energético particular

Saramago y el optimismo

Saramago y el optimismo

Se ha de reconocer el talento  de los organizadores de La hora del planeta, campaña de WWF diseñada, supuestamente, para sensibilizarnos ante la necesidad de ahorrar energía (como si hiciera falta más motivación que pasar apuros para pagar las factura de luz y gas), pero que en cualquier caso es un relativo éxito para atraer la atención sobre la propia organización y sobre la salvadora tecnología… que nos salvará de la propia tecnología.

Lo más sorprendente para algunos (entre los que me incluyo) es ya la vinculación del derroche energético de los particulares con el cambio climático, cuando cada vez el rango de acción del ciudadano de a pie es más estrecho.

Lo explico. Para empezar por algo muy común y rutinario: en los supermercados (también en los productos eco) los envases de plástico y bandejitas de poliestireno son la norma, el agua embotellada en polietileno; el reciclaje es una necesidad más que una solución, porque se producen ingentes cantidades de desechos en envoltorios de todo tipo (botellas no retornables, tetrabriks, plásticos, cartones, latas de aluminio y acero,  etc.), además de que abundan los productos cargados de conservantes,  potenciadores del sabor y azúcar refinado; todo lo cual podría evitarse en buena medida con unas normas menos permisivas con la industria que redundarían en beneficio de casi todos.

En cuanto al tema de las bombillas “eficientes”, que no lo son tanto si se analiza con cierto rigor, además de la necesidad de un reciclaje especial por la manipulación del mercurio que contienen;  en realidad el meollo del asunto es otro: que los lugares de trabajo y viendas no aprovechan apenas la luz natural, porque ahorrar no mola.  Como tampoco se aprovecha el sol para calentar el interior de las viviendas, porque se diseñan de espaldas a cualquier consideración bioclimática (es más negocio proponer una calefacción eficiente de gas “natural”, a unos “espartanos” 21ºC, para poder ir casi en manga corta en Enero, cuando nieva en la calle).

Otro tema igual de contradictorio es que se considere aumentar la velocidad máxima en autopistas, dado que la resistencia aerodinámica aumenta con el cuadrado de la velocidad, y a partir de cierta velocidad es responsable de la mayor parte del consumo de energía. Está claro que se trata de complacer a los fabricantes de automóciles, a los que sale más rentable vender coches grandes y potentes que utilitarios económicos.

Tan contradictorio como que dejen de invertir en trenes regionales y cercanías y se “invierta” en un tren de alta velocidad que es un lujo casi tan innecesario como algunos aeropuertos de ciudades pequeñas. O que los edificios “modernos” se tengan que mantener climatizados casi todo el año, o que se subvencionen neveras combi enormes porque son clase A, cuando un pequeño y sencillo refrigerador clase B gasta aún menos, etc, etc.

Mundo pésimo

Algunos de estos ecologistas de postín que nos reprochan nuestro despilfarro (y que arreglan su conciencia iluminando sus mansiones de 500 metros cuadrados con bombillas de bajo consumo, montando colectores solares para climatizar la piscina con jacuzzi, conduciendo un Lexus híbrido y acumulando alimentos eco-pijos en una nevera gigante clase A+++, entre otras inteligentes y prudentes medidas de austeridad energética), nos quieren convencer de que derrochamos energía en nuestros pisitos con 4 bombillas y  que tenemos que cambiar el derrochador utilitario de 12 años de antigüedad por un eficiente coche Clase A.

El mensaje (bastante hueco, por cierto) es criticable se mire por donde se mire.  Y es demasiado simplista y nos toma a todos por gilipollas (estúpidos, necios, cortos de entendederas). Aunque algo de razón tienen.

¿Sequedad vaginal en las primeras relaciones?

Por Alberto Montiel

Normalmente no haría esta clase de recomendaciones para las empresas de marketing, pero esta vez haré una excepción: me llamó poderosamente la atención como los ejecutivos que deciden cómo gastar el dinero en la publicidad televisiva no parecen tener clara la diferencia entre eficiencia y eficacia, de lo contrario no me explicaría por qué se emiten anuncios dirigidos a adultos en medio de programas infantiles o juveniles (para adolescentes, concretamente).

He comprobado que entre medio de una serie infantil-juvenil (emitida en Neox, para ser exactos) se emiten anuncios tan sorprendentes como de productos para lavavajillas, trajes para hombres, productos antironquidos, … ¡incluso de preservativos y lubricantes vaginales! Bueno, lo de los preservativos puede ser incluso justificable para algunos, pero lo de los lubricantes vaginales … con seguridad tendrá poca demanda entre las adolescentes.