Patrimonio inmaterial de la Humanidad

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La imprudencia y la frecuente y subsiguiente metedura de pata es el sello distintivo del Ser Humano, un sello especialmente reconocible cuanto más civilizado y desarrollado.

Las grandes y pequeñas tragedias muy a menudo son responsabilidad humana (directa o indirectamente, de inmediato o en diferido), aunque a veces no se ve así a primera vista. Incluso las catástrofes naturales a menudo suelen ser menos naturales de lo que se pretende.

Estos días en España, el trágico accidente del Alvia por un lado y los grandes incendios como el de Mallorca (unas 2000 hectáreas) nos recuerdan la famosa frase latina: “Errare humanum est”. Ambos sucesos, pese a la espantosa diferencia de las víctimas humanas, tienen un aspecto en común; se pretende focalizar la culpabilidad sobre un individuo imprudente: un maquinista temerario y una persona que quemó rastrojos muy imprudentemente. Pero en ambos casos podrían citarse otras posibles causas, claro. En el caso del tren; los sistemas de seguridad, la falta de un segundo maquinista y una curva peligrosa, como mínimo. En el incendio cabría considerar el abandono de los bosques (que produce acumulación de maleza), propiciado por unas leyes que dificultan vivir del campo como antaño, por ejemplo. Siempre hay algún motivo más, pero no son evidentes a primera vista. Y son motivos que también nacen en el error humano, casi siempre errores de planificación.

Pero hay otros peligros, aún más graves, que nos podrían algún día dejar tan estupefactos como el cisne negro de Nassim Taleb. Son peligros globales, en los que nos hemos metido casi inadvertidamente, pero que podrían tener un gran impacto sobre una cantidad enorme de personas. Son fruto de una planificación inadecuada, o incluso de la falta de planificación, y a su vez son producto de una defectuosa transmisión de información. Me explico, hay algunos riesgos, que pese a haber sido detectados y descritos más que correctamente, no son tomados en consideración. El motivo no es tanto la falta de conciencia acerca del riesgo como los intereses económicos que las medidas correctoras desafían. Hay una gran cantidad de casos de medicamentos, productos químicos, aditivos alimentarios, etc. , sobre los que recaían y recaen graves sospechas sobre su peligrosidad, pero que demoran una eternidad su retirada del mercado (si es que se retiran). Hay otros muchos sobre los que las medidas aplicadas son tibias e insuficientes, pretendidamente por la falta de consistencia de las pruebas en contra.

Los riesgos de graves crisis alimentarias, sequías catastróficas, contaminación radioactiva, virus letales mutados, superpoblación y conflictos armados, uso de armas de destrucción masiva, cambio climático, Peak Oil, retorno de la esclavitud encubiertimprecisióna y ruina económica de la mayor parte de la humanidad, tampoco se toman en serio, pero la probabilidad de que sucedan graves incidentes es mayor de lo que cree la mayoría, me temo.

Retrospectivamente todo se verá con claridad. Dentro de 50 años dirán de nosotros que éramos unos brutos ignorantes, como si lo estuviera viendo. Tendrán razón. Aunque seguirán siendo unos brutos ignorantes, claro. Y quien sabe si aún más ignorantes, porque la inteligencia humana parece avanzar como los camaleones, un par de pasos hacia delante, uno para atrás; ¿o quizá últimamente es al revés?

En cualquier caso, cabría considerar que La Cagada Global sea nominada patrimonio cultural inmaterial de la humanidad. Sería una forma de declaración de intenciones de enmienda, como mínimo.

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Ese extraordinario planeta azul

Planeta XXL (el planeta azul)

Planeta XXL (el planeta azul)

Desde Ibexian XXX-5, con amor – Por Alberto Montiel

Fiamm, el joven arqueólogo del planeta Ibexian XXX-5 parecía saber lo que se hacía. Pese a sus escasos 2 siglos (ibexianos) de experiencia trabajando con posibles vestigios de inteligencia en el planeta azul (XXL) y a que sólo había estudiado 8 años sobre su especialidad (el ser bípedo que según sus estrambóticas tesis podría haber dominado en ese espléndido planeta durante miles de años), ya estaba en la pista de una de las más importantes investigaciones de su generación: el descubrimiento de vida inteligente extraplanetaria.

En cuanto inició sus investigaciones acerca de ese feo y raro ser de apariencia tan frágil, tuvo casi de inmediato la sensación de que podría ser el animal inteligente que andaban buscando, pese a las muchas evidencias en contra. Por supuesto, sus colegas se habían reído con ganas cuando les contó la ocurrencia.

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Vídeo

Ciudades sostenibles

Alex Steffen, diseñador ecológico que propone unir estrechamente tecnología y ecología en su web WorldChanging, explica en este vídeo la necesidad de aplicar cambios en las ciudades para convertirlas en entornos más sostenibles, reduciendo el transporte, aprovechando el sol, el aire, el agua y los espacios, de forma mucho más eficiente y lógica.

Los pilares de la Tierra

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Más que las catedrales, cabría decir que son los árboles los verdaderos pilares de la Tierra, pues sostienen la vida entera en ella. Conectan los rayos solares con la vida del subsuelo que alimenta a su vez toda la vida sobre la Tierra. Los árboles podrían continuar perfectamente sobre la Tierra sin seres humanos (incluso diría que prosperarían mejor), pero difícilmente nosotros podríamos sobrevivir sin árboles… a menos que nos traslademos a vivir al Mar, o a Marte; ambas opciones muy del gusto de algunos alucinados científicos que se entusiasman con soluciones extremas y complejísimas, además de ciertamente caras e incómodas.

Hoy, 22 de Abril, día internacional de la Tierra, deberíamos recordar la insensatez que supone no proteger los árboles. No me refiero solo a la barbarie que es la destrucción de las selvas tropicales; también cerca nuestro ocurren tragedias similares, en menor escala pero repetido miles de veces: se talan árboles que llevan décadas creciendo, a veces incluso árboles centenarios, para ampliar carreteras y construir nuevas urbanizaciones de chalets, hoteles para apenas 3 meses de ocupación, etc. ¿puede darse una confluencia mayor de despropósitos? Eliminamos -matamos- seres vivos perfectamente adaptados al entorno, que producen oxígeno, protegen de la erosión y la desertización, conservan húmedo el subsuelo, atraen lluvia (cuando hay muchos), aportan belleza, etc.; a cambio de una capa de negro asfalto y/o cemento, para un fin planificado a muy corto plazo. Asfalto que resultará en su mayoría casi inútil en una década (cuando el precio del combustible nos obligue a replantearnos la lógica del transporte); cemento para construir urbanizaciones que serán igualmente inútiles en algunos años, tal como expresan documentales como The end of Suburbia.

Al mismo tiempo, hablamos muy en serio de cosas tales como el comercio de emisiones y las soluciones de alta tecnología y superingeniería para protegernos del calentamiento del excesivo efecto invernadero que parecen producir las emisiones de CO2 de la quema de combustibles fósiles. Pero parecemos olvidar que los árboles, además de lo dicho, también acumulan CO2 (hasta un 50% de su peso). Lo olvidan tan a menudo que se han diseñado incluso “árboles” artificiales para tal fin. A veces cabe preguntarse de que inteligencia hablan los que opinan que somos los reyes de la creación. A título individual aún es posible encontrar personas que manifiestan inteligencia, pero colectivamente nos comportamos… ¿como animales? No, como animales no.

Vídeo

WWF: ¿F de fundación o de fraude?

Un video muy bonito y emotivo, pero no te fies demasiado de los genios del marketing y de una campaña con dinero abundante, pues WWF mueve mucho dinero.

No olvidemos que esta organización tenía como presidente de honor en España a Don Juan Carlos de Borbón, hasta que se descubrió su afición a cazar elefantes, y que fue creada por otros “nobles” aficionados a cazar tigres de bengala en la India y otras cosas igual de naturales. Como siempre, apoyando ciegamente estas campañas cedes tu poder a un grupo que tiene intereses muy concretos y sabe mejor que tú por qué hace lo que hace.  En esta ocasión, también es mejor pensar globalmente pero actuar localmente.

La hora del planeta pretende convencer a la población de la necesidad de ahorrar energía mediante un “apagón” simbólico. Es estupendo eso de ahorrar energía, pero realmente no es necesario que se gasten dinero en campañas, pues como somos cada día más pobres y la enegría es más cara ya nos acordamos cada día del año de no dejar luces encendidas y de no coger el coche si no es muy necesario. Sin embargo poco podemos hacer frente a las decisiones políticas de mayor calado, como la de mantener centrales nucleares que se pagarán durante las siguientes generaciones (si no ocurren más accidentes), o de que se empeñen en sustituir los trenes regionales por AVEs de gran potencia, o de que nos organicen urbanisticamente para vivir y trabajar en ciudades y polígonos industriales, gasten una buena parte de los impuestos en asfalto y dejen de lado los trenes de cercanías, para que sea mucho más atractivo -y necesario- comprarte un coche (eficiente, eso sí). Tampoco se dice ni una palabra de la obsolescencia programada o de la obsolescencia percibida que nos aplican los grandes fabricantes, o de los viajes en avión cuyo queroseno se subvenciona, o de tantas otras cosas que sí supondrían una diferencia significativa (la lista podría ser muy larga).

Pero en fín, si acabamos perdiendo nuestra capacidad de pensar, aunque sea un poco críticamente, quizá sí seamos más felices bailando al ritmo de estas organizaciones tan molonas y guais