Perdidos entre cuestiones

perdidos_en_la_tierra

La cuestión no es si la tecnología puede salvarnos, a estas alturas del desastre, sino qué clase de tecnología necesitamos. La cuestión no es si el desarrollo tecnológico produce beneficios sociales, sino cómo se reparten, o si se reparten, incluso. La cuestión también es sopesar sus beneficios y efectos negativos (como en el caso de la energía nuclear, cuyos beneficios son casi ridículos en comparación del altísimo riesgo y daño producido). La cuestión no es que se tomen o no las medidas adecuadas, sino que se tomen en conjunto medidas tecnológicas, sociales y políticas.

La tecnología por sí sola no logrará ningún cambio positivo (salvo a muy corto plazo para los pocos propietarios de las sociedades que administran las patentes). Tratar de avanzar a toda velocidad solo beneficia a unas pocas megacorporaciones al adelantarse a cualquier competencia y al conocimiento y control de las repercusiones negativas de los avances. Tendríamos que tomarnos en serio el principio de precaución (y por ejemplo, no producir industrialmente compuestos químicos nuevos a mayor velocidad de la que se pueden estudiar sus efectos negativos).

Igual que la mejora de la eficiencia (como medida aislada) produce aún mayor consumo de materias y energía, “fenómeno” que explica la llamada paradoja de Jevons, la mejora de la esperanza de vida también producirá un gravísimo rebote de mortandad si no se toman medidas para controlar el crecimiento demográfico. El crecimiento de la población sí es un problema, y aunque sí fuera aún posible mantener adecuadamente a toda la población, no contener el crecimiento demográfico solo retrasa y agrava el problema. Debería dejar de ser un tabú del que nadie quiere hablar, que provoca reacciones airadas y poco meditadas.

Y aquí llegamos a la gran cuestión: deberíamos ser capaces de escucharnos unos a otros (incluso empatizar), convencer con razonamientos (y no con la fuerza o la amenaza); construir un verdadero sistema social democrático, integrador, justo e inteligente.

Si creemos que no puede ser así, entonces sí estamos perdidos.

Manifiesto de Memphis

central nuclear reconvertida en parque de atracciones

La creatividad es fundamental para el ser humano y es un recurso básico para la vida individual, comunitaria y económica.

Las comunidades creativas son lugares vibrantes y humanizadores que alimentan el crecimiento personal, que dan lugar a avances culturales y tecnológicos, y que generan empleo y riqueza, al tiempo que aceptan varios estilos de vida y cultura diferentes.

La creatividad reside en todos y en todas partes, por lo que construir una comunidad de ideas implica otorgar a todo el mundo la capacidad de expresar y utilizar su propia creatividad como ciudadanos responsables.  (Del preámbulo al Manifiesto de Memphis)

El Baktún número 13

amazonia

Se acabó el decimotercer Baktún que forma la Cuenta Larga de 5128 años del famoso calendario maya. Y no tiene pinta de que se acabe hoy el Mundo, ni de que sea el Fin de los tiempos.

Sin embargo, lo que sí es cierto es que podríamos estar metidos de lleno en un período histórico único para la Humanidad, pues en no mucho más de una generación humana “se jugará” el futuro de muchas más generaciones. El verdadero fin (más bien de la Humanidad, que no del Mundo, ni de los tiempos) puede depender más de lo que hagamos ahora (como civilización) que de los movimientos planetarios, actividad solar, volcánica o sísmica. Todo esto de los milenarismos, profecías, incompletos calendarios exóticos, etc., distrae de riesgos mucho más acuciantes, y que además sí son controlables (envenenamiento generalizado de la vida debido a químicos, radiaciones y electromagnetismo, contaminación genética, destrucción de selvas y bosques, acuíferos, contaminación marina, atmosférica, etc, etc.)

Este “daño” se ha agravado con dos factores fundamentales: la expansión del modelo económico occidental industrial-financiero basado en un consumo energético intensivo, y el crecimiento de la población mundial y su desplazamiento a entornos y modos de vida “urbanitas”. Este desastroso panorama podría también explicarse por la creciente complejidad (y por tanto, mayor exposición a riesgos) de la civilización, como fallo de los sistemas de gobierno democráticos, como fallo del propio sistema capitalista financiero, como incapacidad de la tecnología para lograr ese paraíso de paz y seguridad que prometían, etc., etc.Aunque quizá, por encima de todo esto, este Desastre Global podría explicarse por nuestra estupidez colectiva, por la ceguera ante los asuntos críticos, que no siempre son los más urgentes, pero que ahora ya son críticos y urgentes por igual.

En fin, creo que nos han vuelto a engañar una vez más; quizá la nueva era nos acabe de ayudar a “despertar”.

Una excusa dañina

Por Alberto Montiel

Escuchar de Viva Voz

El origen de la crisis, en realidad, no tuvo mucho que ver con las hipotecas subprime, ni con ningún “producto basura” parecido. Es solo que la economía incurre en el mismo error que la medicina, que puede llegar a confundir el primer síntoma con la enfermedad. E insistir en el error de planteamiento.

La economía es, más que una ciencia, una excusa.

Sigue leyendo