La solución más simple suele ser la mejor

Bicicletas, calentadores de energía solar, molinos de viento e hidráulicos; todas estas tecnologías existían antes de la irrupción de la energía fósil.Antes de la aparición de los primeros calentadores de gas en muchas casas de USA ya calentaban el agua de la ducha y el baño con calentadores solares. Antes de la llegada de los primeros motores de explosión buena parte de los coches ya eran eléctricos, y la mayoría de la gente se desplazaba en bicicleta. Con vapor producido con energía solar se habían movido máquinas y se había extraído agua del subsuelo. Mucho antes de las máquinas de vapor y eléctricas, ya los molinos y las pequeñas fabricas se impulsaban con energía hidráulica y eólica. Pero la comodidad de uso de las fuentes de energía concentradas y constantes, además de la fascinación producida por el automóvil, destrozaron el progreso de estas maravillosas tecnologías y el mundo se metería en el mayor lío que hubiera podido imaginar. Menos de un siglo después de la perforación de los primeros yacimientos las ciudades están atestadas de coches, el smog asfixia a millones de personas, y los ejércitos parecen servir sobre todo para defender el acceso a las fuentes energéticas, exigiendo su mantenimiento una fracción del PIB tan enorme que amenaza con arruinar las economías de las principales potencias. Otros problemas, como la destrucción de la capa de ozono estratosférico, o la amplificación del efecto invernadero debido a los gases como el CO2 producido por la combustión de petróleo y carbón principalmente, son también consecuencia del uso desmesurado y creciente de la energía de origen fósil.

Hoy podemos volver la vista atrás para reconocer que muchas tecnologías se quedaron atascadas por la irrupción de los combustibles fósiles y la electricidad.

De igual modo que los generadores eólicos son una evolución de los viejos molinos, o las centrales termo-solares lo son de los primitivos calentadores solares, también la bicicleta está a punto de experimentar un avance tecnológico revolucionario, este modelo de bicicleta que es apenas una mejora de los primitivos bocetos atribuidos a Leonardo daVinci, y que tan poco ha cambiado en los últimos 100 años. Aunque quizá haya cambiado tan poco porque ya es un invento genial por su sencillez y eficacia.

(tomado de Barritas energéticas)gulch bike

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Vídeo

El gran cambio

Este video, continucación del La historia de las cosas (Story of Stuff), se adentra en lo que podemos hacer para mejorar el mundo además de actuar con nuestras elecciones como consumidores. Pues nuestro protagonismo en el cambio ha de ir necesariamente más allá si deseamos ver resultados claros.

El CV de la Suerte

robot improvidador

Muchísimo más importante que el CV que trae de cabeza a tantos jóvenes y no tan jóvenes, ese casi ya inútil Curriculum Vitae que se pretende llenar de diplomaturas, másters y certificados varios con el objeto de destacar entre el resto de mortales y ser el afortunado elegido (para firmar un contrato de “trabajo” que le permita endeudarse de por vida, entre otras cosas), hay otro CV mucho más significativo y auténtico. Se llama círculo virtuoso, algo que podría considerarse un “abono” de la buena suerte. De forma general, un círculo virtuoso sería la situación en la que unas modestas y mínimamente buenas condiciones de partida permiten el desarrollo de otros condicionantes positivos, que a su vez pueden dar lugar a condiciones aún más favorables, dándose una espiral ascendente de mejora continua, perfeccionamiento, experiencia valiosa y acumulación de conocimiento útil.

En esta idea de mejora gradual se basa la poco conocida y relativamente novedosa terapia centrada en las soluciones, una forma de terapia que en vez de indagar obsesivamente en el pasado y el subconsciente (acumulando horas y horas de improductiva introspección) se centra en identificar los pequeños cambios que pueden ir cambiando sin excesivo esfuerzo y sacrificio, de manera que la experiencia de pequeños éxitos animan al paciente a nuevos y mayores esfuerzos y así sucesivamente alcanzar objetivos que de otro modo hubieran sido extremadamente complicados.

De forma más general es lo que proponen los hermanos Chip & Dan Heath en su interesante y útil libro “Cambia el Chip”: cuando todo parece ser desastroso, tratar de identificar las situaciones y condiciones excepcionales en que el asunto objeto de mejora funcionan razonablemente bien, lo cual no sólo apunta claves para mejorar las cosas, sino que proporciona esperanza y motivación. Es decir, se trata de no focalizarse tanto en los problemas como en las soluciones, concentrarse en las fortalezas más que en las debilidades. Y justo eso también lo apuntaba Ken Robinson en relación a la educación en su muy recomendable libro “El elemento”. Sir Ken Robinson es alguien muy crítico con el sistema educativo convencional, pues en su opinión (y la mía) mata literalmente la creatividad. ¿Cómo? Pues, por ejemplo, centrándonos únicamente en tratar de corregir y mejorar en las asignaturas en las que los alumnos flojean. Si alguien es malo para las matemáticas y la física, por ejemplo, pero muy bueno en alguna otra asignatura como podría ser literatura, música, dibujo, o deportes, ¿no sería más lógico tratar de centrarse especialmente en lo que es bueno, en lugar de desesperarse en lograr el nivel medio en aquella asignatura que no tolera? Muchos grandes genios lo han sido por la visión y el apoyo de algún profesor excéntrico o de unos padres comprensivos, que han sabido dar a las cosas su importancia adecuada. Ningún genio es excelente haciendo de todo. Es más, si les hubieran obligado a mejorar a toda costa en aquello sobre lo que no manifestaban ningún interés, probablemente hubieran dejado bastante más de lado sus cualidades más sobresalientes.

Por otro lado, ¿acaso es positivo “fabricar” jóvenes homogéneos? ¿no sería preferible la variedad, buscar la excelencia puntual, aunque suponga que se puedan dejar un poco de lado aquellas asignaturas en la que algunos estudiantes son “malos”? Las sociedades que premian la excelencia personal (y empresarial) son sociedades que verdaderamente valoran el progreso; las otras (como la española, quizá) son sociedades que buscan la uniformidad educativa de la única forma posible: igualando por abajo.

Nos creemos innovadores, pero nos comportamos como puros imitadores. Deberían reconocer que cada país tiene una idiosincrasia particular, con valores igual de importantes que los de los demás, aunque distintos. Por ejemplo, la capacidad de improvisación y la natural aversión por el esfuerzo, buscando el camino menos transitado y creativo -valores que ha satanizado la hipócrita moral judeocristiana-, son en realidad grandes valores en el mundo nuevo en el que ya hemos entrado, estrategias que las empresas verdaderamente creativas e innovadoras prefieren mantener en secreto para así disponer de ventaja competitiva

Plan B

Pero en España (y en más lugares, me temo) muchos “expertos” y asesores nos continúan lavando el cerebro con la necesidad de una planificación estratégica (en realidad poco meditada), un esfuerzo continuado (en objetivos errados) y una competitividad a base de bajar los costes laborales (para intentar ganar en un juego sin ganadores).

Con sus poco sabios consejos nos invitan a permanecer en el círculo vicioso, y empiezo a dudar que solo les guíe la ingenuidad. En cualquier caso opino que seguirles la corriente es de idiotas, ustedes me perdonen.

Vídeo

Ciudades sostenibles

Alex Steffen, diseñador ecológico que propone unir estrechamente tecnología y ecología en su web WorldChanging, explica en este vídeo la necesidad de aplicar cambios en las ciudades para convertirlas en entornos más sostenibles, reduciendo el transporte, aprovechando el sol, el aire, el agua y los espacios, de forma mucho más eficiente y lógica.

Perdidos entre cuestiones

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La cuestión no es si la tecnología puede salvarnos, a estas alturas del desastre, sino qué clase de tecnología necesitamos. La cuestión no es si el desarrollo tecnológico produce beneficios sociales, sino cómo se reparten, o si se reparten, incluso. La cuestión también es sopesar sus beneficios y efectos negativos (como en el caso de la energía nuclear, cuyos beneficios son casi ridículos en comparación del altísimo riesgo y daño producido). La cuestión no es que se tomen o no las medidas adecuadas, sino que se tomen en conjunto medidas tecnológicas, sociales y políticas.

La tecnología por sí sola no logrará ningún cambio positivo (salvo a muy corto plazo para los pocos propietarios de las sociedades que administran las patentes). Tratar de avanzar a toda velocidad solo beneficia a unas pocas megacorporaciones al adelantarse a cualquier competencia y al conocimiento y control de las repercusiones negativas de los avances. Tendríamos que tomarnos en serio el principio de precaución (y por ejemplo, no producir industrialmente compuestos químicos nuevos a mayor velocidad de la que se pueden estudiar sus efectos negativos).

Igual que la mejora de la eficiencia (como medida aislada) produce aún mayor consumo de materias y energía, “fenómeno” que explica la llamada paradoja de Jevons, la mejora de la esperanza de vida también producirá un gravísimo rebote de mortandad si no se toman medidas para controlar el crecimiento demográfico. El crecimiento de la población sí es un problema, y aunque sí fuera aún posible mantener adecuadamente a toda la población, no contener el crecimiento demográfico solo retrasa y agrava el problema. Debería dejar de ser un tabú del que nadie quiere hablar, que provoca reacciones airadas y poco meditadas.

Y aquí llegamos a la gran cuestión: deberíamos ser capaces de escucharnos unos a otros (incluso empatizar), convencer con razonamientos (y no con la fuerza o la amenaza); construir un verdadero sistema social democrático, integrador, justo e inteligente.

Si creemos que no puede ser así, entonces sí estamos perdidos.

Las cuestiones que importan

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 Hartitos y aburridos nos tienen de tanto repetirnos los mismos mantras una y otra vez. Sobre economía: que si el crecimiento, el desarrollo, el PIB, la mejora de la competitividad, la flexibilización del empleo … y las mil y una sandeces habituales. Sobre política: que si la lucha contra la corrupción, los pactos, los planes, las medidas, la estrategia… y las demás cuestiones que son -cada vez más- palabrería hueca en el mejor de los casos, manipulación en otros muchos. No soportamos ni un telediario-noticiario-informativo más. Para oír lo que hay que oír: todo pesimismo y ninguna información constructiva. Ni destructiva de otra cosa que no sea la moral del sufrido espectador. Mejor apaga (la tele) y vámonos. Porque la sensación transmitida por las mayoría de políticos es que no parecen ver, van como perdidos en una espesa niebla. Y se empeñan en avanzar con una brújula escacharrada, sin mapas de la zona y un sextante que de nada sirve en medio de tanta oscuridad. Lo indicado en estos casos sería detenerse, o al menos ir muy despacito. Pero no, siguen empeñados en que hay que seguir a toda máquina, hacia no saben muy bien dónde. Quizá porque la economía del crecimiento es como una bicicleta, que se para y cae si no pedaleas, sobre todo cuando vamos cuesta arriba, como ahora.

 Sobre los mantras de la economía del crecimiento cabe dudar: avance (¿hacia un muro o un iceberg?), cambio (¿a peor?), desarrollo (¿de un tumor?), competencia (¿contra la miseria?), creación de empleo (¿fabricando armamento, por ejemplo?), etc.  Si no creen necesario justificar las mayores contradicciones, como el retraso de la jubilación pese a la necesidad -supuestamente- de crear empleo, ¿para qué van a hablar del qué? Porque las cuestiones (el qué) son: ¿Nos importa realmente “salvar” la economía, si hay que alimentarla a base del sacrificio infame de vidas humanas?; ¿Necesitamos un gobierno que actúe como un verdugo, obedeciendo ciegamente las órdenes de instituciones supranacionales doblegadas al poder económico?; ¿Necesitamos un gobierno implacable, que no se compadece del malestar y sufrimiento de los ciudadanos? Creemos que no. Pero siguen ¿aparentando? creer que es necesario crecer, avanzar, invertir en alta tecnología, hacer crecer el PIB, etc. Si no comprenden el error de todo ello, deberían empezar a dedicar tiempo a informarse convenientemente.

Muchos opinamos que el capitalismo financiero se está revelando tan desastroso como el socialismo. Y que sería necesario un retorno a una “ilustración”, científica, filosófica, social, política y económica. Un gobierno ilustrado, en las antípodas de lo que tenemos: insensible, desinformado, aislado en su pedestal, y ¿aparentemente? necio. Un gobierno en el que participe la ciudadanía, verdaderamente democrático, en el que se debatan seriamente los asuntos importantes, de forma transparente, informada y atendiendo a la justicia social. Definamos lo que importa; lo esencial, valioso y justo. Si no empezamos por ahí, solo se añade más confusión. A partir de ahí, necesitaremos talento y creatividad para ponerlo en práctica.

Ya somos ricos, en realidad

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Hace unos días escribí un post en eidonlink acerca del coworking en el que hice una breve alusión a la nueva economía. Una economía que supone la irrupción de nuevas formas de consumo y organización de los negocios, expresados -entre otros- por Lisa Gansky en La malla, o divulgados en completos directorios por gente más cercana (Barcelona), como Albert Cañigueral a través de las webs consumocolaborativo y ouishare. Esta nueva forma de economía forma parte de un cambio más amplio que se traduce en una serie de cosas a las que la administración normalmente suele dar la espalda, como es potenciar las pymes y lo local, la calidad de vida en el entorno urbano (para los que la bossa no sona: la mayoría) y una economía que facilita al ciudadano de a pie su participación y expresión de sus talentos, desarrollándose un auténtico tejido creativo, tal como exponen algunos grupos, como en el Manifiesto de Memphis.

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No puedo dejar de preguntarme (con esperanza) si esta nueva economía -y cultura- supondría en un cierto plazo una tendencia hacia menos monopolios y más emprendedores, menos multinacionales todopoderosas y más empresas cercanas al ciudadano, menos administración y más autogestión, menos monocultura y más diversidad cultural, menos dictadura financiera (mejor ninguna) y más democracia participativa (partimos prácticamente de cero), más calidad de vida y jornadas de trabajo más cortas pero fructíferas y satisfactorias (y no solo para el empresario). Deseo creer que sí, que esta nueva economía, diría que emparentada con el capitalismo natural propuesto por la gente del rmi y la economía azul de Gunter Pauli, es la única posibilidad de organizar una sociedad moderna en torno a un sistema económico sostenible. Porque el modelo capitalista de concentración y escasez premeditada ya ha fracasado, a pesar de que traten de reanimarlo con masivas inyecciones (de liquidez) a bancos casi quebrados y recortes despiadados al maltrecho estado de bienestar. Sería mucho más sensato no prolongar su agonía ni un día más, pues ésta conlleva empeorar la situación y el sufrimiento generalizados.

Mientras el viejo y decrépito sistema languidece, demos la bienvenida a la nueva, vital y esperanzadora economía creativa (compartida, distribuida, azul, etc.) de ciudadanos más implicados en la política, más recompensados económicamente, socialmente más justa, económicamente sostenible, ecológicamente viable. Si podemos definirlo, puede ser real. Ya somos ricos, pero nos escondieron el tesoro. Aunque sabemos dónde encontrarlo; está entre nosotros.

Los juegos del Hombre

portada tecnología

Los Juegos del Hombre es un ebook-magazín que pone en tela de juicio, a través de varias fuentes y del propio sentido crítico del autor-editor, la defensa de la tecnología a ultranza, por encima del sentido común, tan poco común ya. Hay también un poquito de guasa, porque el asunto la tiene, en realidad. Se abordan de forma tan seria como comprometida (o sea, poco) temas como la nanotecnología, la inteligencia artificial, la ingeniería genética, la gerontología, el turismo espacial, etc. También se señalan vías alternativas como la economía azul de Gunter Pauli, o el capitalismo natural de la gente del Rocky Mountain Institute, la solución energética Solar o las más sorprendentes tecnologías del agua.

Nuestra memoria externa

tipos moviles de ceramica

“Aunque los hombres nacen y mueren desde hace un millón de años, solo escriben desde hace seismil.”      Etiemble

Desde los primeros grabados en piedra de los que se tiene constancia, hasta los libros electrónicos actuales, se han acumulado muchos desarrollos e inventos para configurar esta memoria o archivo de la cultura humana, externa y tecnológica.

Enumerando algunos hitos destacables:

Lascaux, Francia, 20.000 años antes de nuestra era: unos hombres pintan unos (¿quizá los primeros?) dibujos en una roca.

Uruk, Mesopotamia, 4000 a.d.C.: alguien, quizá un contable, anota en unas tablillas de arcilla registros de sacos grano y cabezas de ganado. Se trata de pictogramas o dibujos simplificados de aquello que representan.

Con el tiempo estos pictogramas se van volviendo más y más abstractos, hasta que no quedará ya ningún realismo en ellos y se convierten en puros signos.

Más tarde, en Sumeria y Egipto, nacería el jeroglífico, un sistema basado en representar indirectamente las cosas, a partir de símbolos que representan los sonidos de las palabras de la lengua hablada.

Babilonia, 1760 a.d.C.: se iniciaría el desarrollo de una de las primeras formas de escritura propiamente dicha, capaz de ser empleada para diferentes lenguas. Los conocedores de esta escritura, los escribas, eran inicialmente una poderosa casta aristocrática. Leer y escribir era un poder muy exclusivo y un privilegio.

Entre tanto, avances técnicos como la hoja (de papiro), la tinta y la pluma se iban introduciendo desde hace unos 5000 años.

Sobre el 1000 a.d.C los fenicios iniciarían el primer alfabeto, que con una treintena de signos permite leer y escribir sin necesidad de los centenares de jeroglíficos del “egipcio” antiguo, los mil ideogramas chinos, o los más de seiscientos signos cuneiformes del escriba de Mesopotamia.

Siglo II a.d.C: aparece el pergamino; hecho de piel, normalmente cordero, ternera o cabra. Con el pergamino cosido nacerían los primeros libros. Fue un invento de sustitución, a falta del papiro que Egipto se negó a seguir suministrando a sus vecinos países de Asia Menor.

Los “nuevos” inventos tecnológicos:

4 siglos antes de la imprenta de Gutemberg, en China ya se desarrolló un sistema de imprenta de tipos móviles de porcelana para imprimir sobre papel de arroz. El problema de los chinos fue que no tenían un alfabeto como en Europa, sino un millar de complejos ideogramas. Un par de siglos más tarde fueron los coreanos los que, inspirados por el invento chino, idearon la primera imprenta de tipos móviles metálicos.

El gran aporte de Johannes Gensfleisch (Gutemberg) fue el de unir una prensa del tipo de las de exprimir la uva, con unos tipos móviles de plomo (más duraderos que los de madera) y un tipo de tinta más densa para que se pegara bien a los tipos. Una combinación de ideas genial, que sin embargo no le permitió disfrutar de las rentas de su invento, pues acabó arruinado por un pleito de su socio prestamista que le obligó a entregar todos los derechos sobre su entonces inacabada -y después famosa- biblia.

La litografía y otros métodos de impresión evolucionarían a partir de la idea de la imprenta , pero sin los tipos móviles. Más recientemente, el offset permitió la impresión muchísimo más rápida y eficiente, de tecto e imágenes, y aún permite la impresión de la mayoría de publicaciones en papel hoy en día, cuando hablamos de grandes tiradas.

"offset" digital para pequeñas tiradas

El siguiente paso de importancia tuvo lugar hace muy poco, de la mano del avance de la informática moderna, que permitió almacenar en forma de bits y visualizar en pantallas electrónicas textos de todo tipo.

Desde hace muy poco tenemos a nuestro alcance una tecnología que tan solo 40 años antes hubiera sido considerada imposible por la mayoría de las personas. Aún hoy nos resulta fascinante a los que no pertenecemos a la generación digital. Pues hoy podemos descargar en pocos segundos, a través de la señal recibida por un par de finísimos cables, cantidades enormes de información, estructurada para su cómoda lectura, modificación y archivo. Disponemos de soportes físicos que pueden almacenar y visualizar, en poco más de 200 gramos de peso (lo que un ligero librito de bolsillo) más de 1000 libros, que pueden leerse a partir de una “tinta electrónica” tan cómoda para la vista como la tinta sobre papel, pues no emite luz y permite leer incluso en exteriores luminosos (como en la playa), además de que no consumen energía mientras no se cambia de página. Y estos mismos soportes (e-readers) pueden guardar nuevos libros que se descargan desde una señal inalámbrica (wifi) , o desde una memoria externa o una conexión micro usb.

También podemos usar para ello una tablet, que es un soporte menos específico, no diseñado exclusivamente para la lectura, pero que permite acceder a imágenes en color ,vídeos y juegos en alta resolución. Sus desventajas, para los lectores empedernidos (como yo): duración mucho menor de la batería, pues no tienen pantalla de tinta electrónica sino pantallas LED (o TFT, los más baratos), que por este mismo motivo no son tan confortables para la vista; y su mayor peso y dimensiones, pues albergan procesadores más potentes, para sus funciones gráficas entre otras.

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En cualquier caso, los fabricantes de e-readers de tinta electrónica (como el kindle-paperwhite) son conscientes de estas otras limitaciones respecto a la tablet y van añadiendo funciones que estrechan las diferencias: la comunicación wifi y 3G, pantallas táctiles para evitar teclas adicionales, salida de audio, posibilidad de añadir notas sobre los libros, etc. Casi podría decirse que las principales diferencias son únicamente la ausencia de colores y la velocidad de refresco de la pantalla, limitaciones impuestas por la propia tecnología de la tinta electrónica.

De hecho, son tantas las opciones, que es muy recomendable visitar una página de análisis comparativo de tipos de soportes digitales, como esta: http://librista.es

Porque hoy nuestra limitación fundamental es de tiempo y discernimiento: no podemos conocer las casi innumerables opciones tecnológicas que tenemos a nuestro alcance.

Recuerden que no existe la opción perfecta; lo que es mejor en un aspecto puede no serlo en los otros, por lo que todo es una cuestión de preferencias y equilibrio. El mismo buen criterio que deberíamos tener para seleccionar nuestras lecturas… y todo lo demás.

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