Conflicto diplomático en el Toilet

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Desde muy joven me preguntaba por el porqué de las guerras. Pero, ¿que son las guerras? Podría decirse que son el resultado de la incapacidad de resolver los conflictos entre grupos (paises, facciones o tribus) por la vía diplomática; de lo que deriva un enfrentamiento entre fuerzas o bandos armados. Y, ¿por qué hay conflictos armados entre naciones? Quizá por el egoísmo, que impide valorar las necesidades del vecino si éstas compiten con las necesidades propias. Si hay un único pozo de agua en medio de dos poblados, será necesario repartir de forma muy justa y equilibrada la producción del pozo. Si el pozo no da para las necesidades de ambos grupos o las necesidades de ambos crecen desigualmente, las negociaciones del reparto se van, seguramente, a complicar mucho.

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La importancia de Quién lo dijo.

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El reciente fallecimiento de un familiar cercano, que fue monja durante buena parte de su vida, me ha traído ciertos recuerdos. Además de recordar las visitas a los conventos en los que mi tía era Madre superiora, a veces antiguos colegios que en verano eran para mi imaginación un castillo deshabitado, otras veces eran -realmente- un viejo palacete en el casco antiguo de un pueblo histórico, recuerdo especialmente sus comentarios en tono de humor fino y su uso constante de viejos dichos castellanos, ya casi en desuso por entonces.

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Rebeldes y comprometidos

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Quizá creas que vestir con mucha personalidad -pasando de las modas-, no votar, o votar a un partido con un programa o candidatos “radicales”, llevar tatuajes o piercings, protestar enérgicamente en Twitter y en foros online (o en el bar de tu barrio), o ir a una manifestación de vez en cuando, son elecciones que definen a un rebelde contemporáneo, un progresista dispuesto a cambiar el mundo. Sin embargo, todo eso no molesta ya a nadie, ni amenaza al orden establecido; es decir, no va a cambiar gran cosa. Pero tú crees que el mundo no va por buen camino o que incluso necesitamos una revolución, ¿Que vas a hacer?: ¿dejar que la frustración te lleve a evasiones como el alcohol o las drogas? ¿unirte a una guerrilla? No parecen ideas sensatas, ni creo que sirvan de mucho. Opino que hay otras cosas más efectivas que podrías hacer, que de verdad pueden ponerlo todo patas arriba, iniciando una transformación social tremendamente poderosa (sobre todo si un número de personas suficiente se apuntara a esta corriente de cambio). Sin embargo, suponen incluso más compromiso que hacerse un tatuaje o afiliarse a un partido político (y el mundo lo agradecerá mucho más).Cada una de estas acciones es efectiva por separado, pero juntas son una verdadera revolución.

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Los sueños del hombre blanco

En 1855, el jefe Noah Sealth de la tribu Duwamish, escribió al presidente Franklin Pierceprotestando ante su decisión de comprar las tierras tribales. En la carta, el jefe indio se explicaba así:

“¿Cómo puede comprar o venderse el cielo, el calor de la tierra? La idea nos resulta extraña. Ninguno es dueño de la frescura del aire o de la espuma del mar. ¿Cómo puede comprarnos esas cosas?”
“Sabemos que el hombre blanco no nos entiende. Una porción de la tierra es para él lo mismo que otra, porque es un extraño que viene en la noche y roba a la tierra lo que desea. La tierra no es su hermana, sino su enemiga, y cuando la ha conquistado, continúa adelante. Abandona la tumba de su padre, y el suelo donde ha nacido su hijo queda olvidado.”
“El aire es precioso para el piel roja. Porque todas las cosas llevan el mismo aliento — los animales, los árboles, el hombre —. El hombre blanco parece que no presta atención al aire que respira. Como un hombre moribundo por largo tiempo, está demasiado entumecido para poder siquiera oler la fetidez.”
“El hombre blanco debe tratar a lo animales de esta tierra como a sus hermanos. Soy un salvaje y no entiendo otra forma. He visto en la pradera miles de búfalos muertos que abandona el hombre blanco, quien los mata por diversión desde el tren en marcha. ¿ Qué es el hombre sin los animales? Si todos los animales desapareciesen, el hombre moriría por la gran soledad de espíritu que le embargaría, porque lo que pasa a los animales también le sucede al Hombre. Todas las cosas están vinculadas. Todo lo que le ocurre a la tierra, también le ocurre al Hombre.”    (…)

“Quizá comprendiéramos si supiésemos cuáles son los sueños del hombre blanco, qué esperanzas infunde a sus hijos en las largas noches de invierno, qué visiones imprime en sus mentes.”

Cuestión de pelotas

 

Jugadoras de futbol

La afición a pasarse la pelota unos a otros para tratar de meter goles es la mejor metáfora de nuestra sociedad tecno-capitalista: Los problemas se mantienen en movimiento y se tratan de llevar al campo contrario a toda costa. Todo esa fricción esférica y choque de cuerpos está regulada y rigurosamente controlada por unos árbitros debidamente “homologados” así como por una comisión y varios organismos internacionales. Pero la seriedad con que nos tomamos el asunto nos hace olvidar que no es más que un juego arbitrariamente diseñado, en el que el fin verdadero de tanto movimiento y peloteo no es que uno de los equipos gane, sino que el público quede fascinado por el juego, pague su entrada y se mantenga fiel como aficionado o socio. Al final del juego, en el fútbol, los jugadores ganadores suelen abrazarse y saltar de alegría, y el público, por motivos más sentimentales que prácticos, se alegra casi en la misma medida. Los perdedores se darán una ducha y se irán a buscar a sus novias para dejarse consolar.

En la vida real el final del juego puede ser mucho más siniestro: no habrá ya ganadores, todos pierden, pese a las apariencias, los trofeos y los honores. También los “amos” de lo que quede tendrán que vivir en una deteriorada propiedad, codo con codo con sus enemigos, con la despensa peligrosamente desabastecida y el termostato descontrolado.

En el final del juego de la carrera de ratas tecno-capitalista no habrá ganador alguno. Y tampoco habrá novias ni duchas.

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¡Felices (y filosóficas) fiestas!

La navidad ya no es lo que era

La navidad ya no es lo que era

En estas fechas “señaladas” se utilizan como nunca las palabras felices, felicidad y feliz (junto con otras igual de imprecisas y abstractas como paz y amor). Las usamos para desear felices fiestas, feliz Navidad, año nuevo, etc. Por ello me pregunto estos días, ¿que es la felicidad? Yo no lo tengo tan claro; y tu seguro que tampoco, no creas.

Algunos -la mayoría, me temo- pueden considerar que la felicidad está en algunas cosas “pequeñas” como un abrazo con un ser querido, sentirse bien y optimista, el buen sexo y otras sensaciones placenteras (una comida rica, el primer trago de cerveza, comprarse algo bonito- y aún mejor si es un “chollo”-, recibir un elogio, etc.). Es una forma de felicidad breve y con características adictivas.

Otra versión de la felicidad es la sensación de logro y/o superación, como puede ser alcanzar un objetivo difícil (perder unos kg, ponerse cachas, aprobar un curso o examen difícil, ligar con aquel o aquella que parecía tan inaccesible…). Recibir un aumento de sueldo, encontrar empleo, o mejor aún, cambiar de empleo, montar un negocio (y aguantar), o divorciarse, pese a los obstáculos de todo tipo… También ayudar a otros te hace feliz, pero supongo que esto no funcionará con todo el mundo.

Otras circunstancias generalmente felices son: casarse o iniciar una convivencia feliz (al menos al principio), tener un hijo (según las circunstancias, y también al principio, al menos), los logros de los hijos – algunos-, mudarse a un lugar mejor, etc. No olvido que recibir un premio de lotería también proporciona felicidad (y cómo olvidarlo en Navidad) Pero, por muy grande que sea la cantidad, es curioso que es del tipo de felicidad breve (aunque no tanto como un buen revolcón) que mencionaba en primer lugar.

Dicen los que se dedican a analizar estas cuestiones que los que consiguen tomar las riendas de su vida (crean su negocio, deciden dónde y cómo vivir ) y toman decisiones frecuentemente, no dejando que sean siempre otros los que decidan por uno, son por lo general mucho más felices que los que logran una cantidad de dinero importante sin haberlo ganado, sin haberse forjado carácter, y se dejan llevar por la consecución de esos placeres inmediatos que el dinero puede fácilmente comprar, pero que no son otra cosa que otra versión -pero mejor vista- de las drogas duras, fuertemente adictivas y que destruyen el carácter (suponiendo que uno tuviera algo así).

Por tanto, es cierto que el dinero da un tipo de felicidad, breve y adictivo. Para algunos no parece haber otra felicidad posible, lo cual parecía defender Woody Allen cuando sentenció algo así como: “En efecto, el dinero no da la felicidad, pero (gastarlo) proporciona una sensación tan parecida que es difícil notar la diferencia”. Bueno, a mí me parece que sí se nota la diferencia; la verdadera felicidad sería una sensación de energía y entusiasmo que te permite soñar y avanzar hacia objetivos grandes (nobles, auténticos, genuinos…) y eso no se compra con dinero (aunque por supuesto ayuda si sabes cómo gastarlo).

Mirado así, la mayoría somos unos infelices durante la mayor parte de la vida, si no toda. Quizá ya es hora de cambiar.

Deserción silenciosa

niños y guerra

A estas alturas casi me parece increíble; aún sigue oyéndose en los “informativos” televisivos de España lo siguiente: que las medidas económicas tienen como fin promover el crecimiento para así crear empleo. Perla de sabiduría que podría ser una frase literal de algún portavoz gubernamental. Pues si es así como piensan crear empleo, armémonos de paciencia. Quizá la economía pueda aún crecer por algún tiempo más en algún país que otro; o en otro planeta si alguna vez se inicia la conquista espacial, pero en la Tierra no; tampoco en la Luna ni en Marte, que son demasiado inhóspitos.

Si los asesores de los gobiernos hicieran de verdad su trabajo investigando e informando sobre el estado del mundo en que viven, en lugar de contarles lo que desean oír, o si los políticos instalados en el poder tuvieran verdadero interés por comprender la situación, reconocerían -creo- que la economía en su conjunto no tiene ya espacio para crecer. Pueden aún crecer algunos países y sectores, a costa unos de otros, incluso a corto plazo podría crecer el PIB a costa de algún gran desastre o guerra, pero esta “solución” no debe ya parecer aceptable (económicamente) ni tan sólo para los que tenían “costumbre” de tales estrategias.

Pero no nos alarmemos. Si lo pensamos un poco llegamos a la feliz conclusión de que su economía (esa de la que nos hablan constantemente) no nos debería importar un pimiento. No sé para qué debería preocuparnos que se hunda ese engendro monstruoso que llaman “economía”. Lo que nos debería importar de verdad es la prosperidad de las personas, de los buenos proyectos y empresas que sí contribuyen al bien común; pero no la prima de riesgo, ni el PIB, ni el crecimiento, ni los principales índices bursátiles… que realmente no guardan relación con el bien común. Lo que nos debería preocupar es, precisamente, el crecimientode la estupidez economicista.

Y el empleo, si de verdad les importara, debería ser una prioridad, no una excusa más para seguir “intentando crecer”. Deberían abrir los ojos y ver la magnitud del desastre que su “economía” está cometiendo. Quizá sea esta una nueva guerra global; sin armamento pero violenta; sin ejércitos pero con muchos reclutados inocentes; sin tiros ni bombas pero con incontables víctimas. Una guerra de información, manipulación, sometimiento, miedo, caos, que arruinará a millones de personas en beneficio de los que la orquestan y controlan. No esperemos de ellos clemencia si nos empeñamos en permanecer en el campo de batalla. Ante tal panorama, la única opción sensata podría ser desertar. Nunca he pensado que los desertores fueran cobardes inconscientes; de hecho, a menudo eran los más valientes y coherentes.

A fin de cuentas, hay otros “lugares” donde vivir, donde la gente se gana la vida digna y honradamente, donde tiene derecho a prosperar, vivir una vida creativa, en armonía con su entorno natural. Hay lugares que son paraísos en construcción, que ya existen en la mente de personas que despertaron del estado hipnótico de esta economía del crecimiento. Podemos hacerlo realidad. Quizá es ahora o nunca.