Mundialmente soporífero

 

hincha loco013

Cada vez entiendo menos la pasión que desatan los partidos de ese juego del balonpié, porque lo que es el espectáculo me resulta mas bien aburrido. Además de poco emocionante, parecería que tienen la misma probabilidad de ganar cualquiera de los dos equipos, con independencia de su destreza en el juego. Por si fuera poco, si al final de 90 minutos más un tiempo de prórroga de juego uno de los equipos ha jugado claramente mejor pero no ha conseguido meter un solo gol, todo se decide a unos tiros de penalties. Con lo cual casi toda la responsabilidad recae en el portero y quizá en menor medida en el tirador. Está claro que es para que el público (incluido el que está en casa viendolo por tv) no muera de inanición esperando un desenlace prórroga tras prórroga.

Lo mejor del tema es que no soy yo solo, muchos a mi alrededor constatan que cada vez les resulta menos emocionante. La humanidad podría por fin estar evolucionando a un nivel de conciencia superior, dado que el fútbol empieza a aburrirnos, que es lo lógico. Aunque también podría ser que la publicidad “La FIFA contra el amaño de partidos” podría resultar más necesaria que nunca y los partidos estén en buena medida influenciados por un arbitraje no del todo imparcial.

Algún día, con algo de suerte, y si el balonpié sigue evolucionando hacia el aburrimiento absoluto, la gente volverá a jugar a la pelota -o a cualquier otro juego- con la misma pasión con que hasta ahora se ponen del lado de “sus” equipos, naciones, colores y banderas. Que conste que he dicho jugar, no mirar.

 

¡Felices (y filosóficas) fiestas!

La navidad ya no es lo que era

La navidad ya no es lo que era

En estas fechas “señaladas” se utilizan como nunca las palabras felices, felicidad y feliz (junto con otras igual de imprecisas y abstractas como paz y amor). Las usamos para desear felices fiestas, feliz Navidad, año nuevo, etc. Por ello me pregunto estos días, ¿que es la felicidad? Yo no lo tengo tan claro; y tu seguro que tampoco, no creas.

Algunos -la mayoría, me temo- pueden considerar que la felicidad está en algunas cosas “pequeñas” como un abrazo con un ser querido, sentirse bien y optimista, el buen sexo y otras sensaciones placenteras (una comida rica, el primer trago de cerveza, comprarse algo bonito- y aún mejor si es un “chollo”-, recibir un elogio, etc.). Es una forma de felicidad breve y con características adictivas.

Otra versión de la felicidad es la sensación de logro y/o superación, como puede ser alcanzar un objetivo difícil (perder unos kg, ponerse cachas, aprobar un curso o examen difícil, ligar con aquel o aquella que parecía tan inaccesible…). Recibir un aumento de sueldo, encontrar empleo, o mejor aún, cambiar de empleo, montar un negocio (y aguantar), o divorciarse, pese a los obstáculos de todo tipo… También ayudar a otros te hace feliz, pero supongo que esto no funcionará con todo el mundo.

Otras circunstancias generalmente felices son: casarse o iniciar una convivencia feliz (al menos al principio), tener un hijo (según las circunstancias, y también al principio, al menos), los logros de los hijos – algunos-, mudarse a un lugar mejor, etc. No olvido que recibir un premio de lotería también proporciona felicidad (y cómo olvidarlo en Navidad) Pero, por muy grande que sea la cantidad, es curioso que es del tipo de felicidad breve (aunque no tanto como un buen revolcón) que mencionaba en primer lugar.

Dicen los que se dedican a analizar estas cuestiones que los que consiguen tomar las riendas de su vida (crean su negocio, deciden dónde y cómo vivir ) y toman decisiones frecuentemente, no dejando que sean siempre otros los que decidan por uno, son por lo general mucho más felices que los que logran una cantidad de dinero importante sin haberlo ganado, sin haberse forjado carácter, y se dejan llevar por la consecución de esos placeres inmediatos que el dinero puede fácilmente comprar, pero que no son otra cosa que otra versión -pero mejor vista- de las drogas duras, fuertemente adictivas y que destruyen el carácter (suponiendo que uno tuviera algo así).

Por tanto, es cierto que el dinero da un tipo de felicidad, breve y adictivo. Para algunos no parece haber otra felicidad posible, lo cual parecía defender Woody Allen cuando sentenció algo así como: “En efecto, el dinero no da la felicidad, pero (gastarlo) proporciona una sensación tan parecida que es difícil notar la diferencia”. Bueno, a mí me parece que sí se nota la diferencia; la verdadera felicidad sería una sensación de energía y entusiasmo que te permite soñar y avanzar hacia objetivos grandes (nobles, auténticos, genuinos…) y eso no se compra con dinero (aunque por supuesto ayuda si sabes cómo gastarlo).

Mirado así, la mayoría somos unos infelices durante la mayor parte de la vida, si no toda. Quizá ya es hora de cambiar.

Repartir el trabajo no es repartir la pobreza

dormir_trabajo2

El tema se ha repetido aquí demasiadas veces para mi gusto, pero como es algo sobre lo que se hace oidos sordos, es necesario insistir en ello una y otra vez, para que no digan que no sabían nada, o que no lo entendían o que no era posible.Pero esta vez reproduzco un artículo que encontré en Rebelión escrito por Carmen Castro García. Sin estar de acuerdo al 100%, sí suscribo la idea central: la de manipulación de la información para simular motivos para el acoso social, para el golpe de Estado (o estados, en plural) con el que el mundo de las altas finanzas nos impone someternos a su violencia del poder. Sin embargo creo que el discurso feminista está un poco desfasado ya. Si hay diferncias salariales entre hombres y mujeres es porque aún ocupan porcentualmente tipos de empleos distintos, pero dentro de las mismas empresas será difícil, creo, encontrar esas discriminaciones. En cualquier caso, hoy las discriminaciones ya son otras, porque a fin de cuentas siempre se ha tratado de excusas para pagar lo menos posible: dominar el alemán, francés, el ruso o el chino (lenguas que casi nunca son realmente necesarias), las titulaciones superiores (idem), la juventud (excusa para pagar poco, o para no contratar), la madurez (excusa para no soportar personal con criterio propio y experiencia), la poca predisposición a la flexibilidad total  (decir sí a todo), el master (por pedir que no quede), la buena o mala presencia, la simpatía o la antipatía, etc. ; todo puede ser una excusa discriminatoria, y pagar menos es para muchos la única forma que conocen de mejorar la rentabilidad de sus empresas y negocios.

Sigue leyendo

La seguridad del rebaño

nada es lo que parece

Por Alberto Montiel

La clave de una utópica evolución de la Humanidad posiblemente sería la integración del desarrollo tecnológico con el avance de la inteligencia integral: emocional, social, intuitiva, moral y ecológica.

Esta inteligencia, que supone la comunicación y aprovechamiento pleno de las facultades mentales propias de ambos hemisferios cerebrales (el derecho, imaginativo, intuitivo y capaz de abstracción; con el izquierdo, analítico y secuencial) permitiría que la tecnología no se empleara de forma caótica, egoísta y contraproducente, o que la política no estuviera exclusivamente dedicada a servir a la minoría rica. Sigue leyendo

Una lengua universal.

De vez en cuando me lo planteo. Aunque soy consciente del gigantesco desfase entre los avances  tecnológicos y el “retraso humanistico” en todo el mundo (aunque en unos lugares más que en otros), aún me sorprendo al comprobar la enorme dificultad que padecemos a la hora de comunicarnos, seguramente una de las principales causas que lastran el desarrollo social de la humanidad entera.

Porque otra vez las dificultades no son tecnológicas, pues disponemos de un maravilloso conjunto de tecnologías casi inimaginables hace unas pocas décadas, sino de la capacidad de ponernos de acuerdo sobre algo mucho más simple: la adaptación de una lengua auxiliar universal para toda la humanidad.

Y ya existe esa lengua, conocida como Esperanto. Es fácil de aprender por su diseño simple y práctico, y la hablan al menos 2 millones de personas como segunda lengua. Es una lengua que se aprende en mucho menos tiempo que cualquier otra, que sería lengua común y no patrimonio exclusivo o diferenciador de nadie; cuya cultura anexa sería la de la humanidad entera, y que podría acercar a personas de diferentes países y culturas de todo el mundo, de forma mucho más eficaz y neutra que otras lenguas que no son tan universales como se pretende (me refiero al inglés, claro).

El desarrollo es, como siempre, una cuestión de elegir buenas opciones. La comunicación, que hoy la tecnología hace posible entre personas residentes en partes opuestas del globo, presenta, sin embargo, otro gran obstáculo: la lengua; pues si bien se pretende que el inglés cumpla esta función, aún son muy pocas las personas (a parte de los propios nativos, claro) con un dominio de esta lengua lo suficientemente amplio como para permitir una comunicación eficaz y precisa en ambitos que así lo requieren.

Os invito a conocerla. Yo, por mi parte, dedicaré algún tiempo a su aprendizaje, como buen utópico.

¿Sin esperanza?

Si nos rendimos al credo mediático no nos quedará mas que languidecer y morir en vida, tales son los mensajes y consignas con los que nos alimentan. Pero lo cierto es que no tiene por qué ser así: podemos pensar libremente (aunque no es tan fácil, claro) sacando nuestras propias conclusiones.

Yo trato de pensar libremente casi desde que tengo uso de razón (o eso creo, al menos) y he llegado a algunas conclusiones que contrastan con las ideas que con tanta frecuencia se divulgan en los grandes medios de comunicación, mercenarios del Tinglado (el “sistema”). Trataré de resumir las más importantes.

Sigue leyendo

Neoanarquismo

( Texto de Manuel Castells, publicado originalmente en el diario La Vanguardia)

Nuestra época no es la del fin de las ideologías, sino del renacimiento de aquellas que encuentran eco en la experiencia presente. Tal es el caso del anarquismo, dado por muerto y enterrado por sus numerosos sepultureros y que, bajo nuevas formas y expresiones, parece gozar de excelente salud en los movimientos sociales que brotan por doquier desde las profundidades de la resistencia a un desorden global cada vez mas destructivo. Basta con seguir los debates, presenciales o por internet, en el movimiento contra la globalización capitalista para constatar la presencia dominante de los temas anarquistas de autoorganización y de oposición a cualquier forma de Estado (“¡que se vayan todos!”). Y aunque los intelectuales de la vieja izquierda, sobre todo en América Latina, aún se encaraman al podio de las arengas mediáticas del movimiento, las simpatías mayoritarias van hacia formas apenas organizadas y generalmente autogestionadas de la movilización y del debate, como era evidente en el último Foro Social Mundial en Porto Alegre. También en el ámbito teórico-político, las tesis autonomistas, cercanas de la matriz histórica anarquista, articuladas por ejemplo por Michael Hardt y Toni Negri, y por el grupo de la revista Multitudes,heredera directa del mayo del 68 francés, están alcanzando hoy día una amplia difusión (el ultimo libro de Hardt y Negri, titulado precisamente Multitudes,incluso tiene un rango muy alto en la lista de ventas de Amazon.com).

Y aunque los anarquistas organizados no son muchos (por ejemplo, en España el periódico CNT tiene unos 6.000 suscriptores y el sindicato CGT, al que yo sitúo en la tradición libertaria, cuenta con unos 100.000 afiliados), las ideas antiestatistas, de internacionalismo solidario y la afirmación de la libertad individual y de la libre asociación son temas comunes a movimientos muy dispares (de los okupas de Barcelona a Los Forajidos de Ecuador, los piqueteros argentinos o los autónomos italianos), pero que coinciden en la afirmación de su autoemancipación sin delegación de poder a intermediarios políticos profesionales. ¿De dónde surge esta nueva vitalidad del anarquismo, que aparece como ideología del siglo XXI al tiempo que el marxismo parece quedar confinado a un siglo XX ya concluido?

En realidad, la fuerza de las ideologías (cuyos mitos son atemporales) depende de su contexto histórico. Y mi hipótesis es que el anarquismo, en contra de la creencia general, se adelantó a su tiempo.

Ideología dominante de los orígenes del movimiento obrero (la Primera Internacional), desde Andalucía y Catalunya hasta la Rusia zarista, a la Charte d´Amiens francesa y al Chicago que originó el 1 de mayo, el anarquismo no sobrevivió como práctica organizada a la represión sufrida a la vez bajo el capitalismo y bajo el comunismo. Pero su vulnerabilidad provino sobre todo de haber designado como enemigo principal al Estado nación en el preciso momento histórico del desarrollo de dicho Estado como centro y principio de la organización social: el siglo XX fue el siglo del Estado nación. El anarquismo clásico se expresó en una amplia gama ideológica, desde el individualismo irreductible de Stirner hasta el cooperativismo social de Proudhon, pasando por el comunismo libertario de Bakunin y Kropotkin, inspirando luchas sociales en contextos tan distintos como la revolución campesina de Makhno en Rusia, los movimientos sociales urbanos mexicanos de los años 20 o los embriones de revolución social que intentaron los anarquistas catalanes y españoles en la primera fase de la Guerra Civil.Y claro que el sindicalismo de la CNT no era lo mismoq ue el activismo político de la FAI. Pero a través de esa amplia corriente ideológica en la que creyeron y por la que lucharon millones de personas, latía una idea central: la liberación definitiva de la fuente última de la opresión, el Estado. Precisamente en el momento en que se armaban las máquinas de guerra nazi-fascistas, estalinistas y liberal-democráticas para exterminarse los unos a los otros y asegurar, a través del Estado, el control de cuanto más mundo pudieran.

Y miren por dónde, el triunfo de los estados, de uno y otro signo, condujo a su crisis medio siglo después. El comunismo no fue capaz de digerir precisamente aquello para lo que Marx lo había inventado: el desarrollo de las fuerzas productivas. Porque la revolución tecnológica informacional no podía asumirse sin una sociedad informada, o sea, autónoma del Estado.Yel capitalismo, en su dinámica expansiva, se globalizó, socavando las bases del Estado nación sobre el que se asentaba políticamente. La economía se hizo global, el Estado siguió siendo nacional y entre los dos la sociedad, huérfana del Estado y a merced de los vientos globales, se atrincheró cada vez más en lo local.Ose transformó en colección de individuos, cada uno con sus propias ansieda-des y proyectos. Mucha gente, sobre todo jóvenes con su página ideológica aún por escribir, dejaron de creer en los políticos, aunque no en la política, en otra política. De modo que mientras los grandes poderes se definen en una compleja relación entre la globalización y los estados nacion, la supervivencia y la resistencia a lo que no va surge desde lo individual y lo local. O sea, los materiales con los que se construyó la ideología anarquista.

Ahora bien, la gran dificultad para el anarquismos iempre fue cómo conciliar la autonomía personal y local con la complejidad de una organización productiva y de la vida cotidiana en un mundo industrializado y en un planeta interdependiente. Y es aquí donde la tecnología resultó ser una aliada del anarquismo más que del marxismo. En lugar de grandes fábricas y gigantescas burocracias (base material del socialismo), la economía funciona cada vez más a partir de redes (base material de la autonomía organizativa). Y en lugar de estados nación controlando el territorio, tenemos ciudades Estado gestionando los intercambios entre territorios. Todo ello a partir de internet, móviles, satélites y redes informáticas que permiten la comunicación y el transporte local-global a escala planetaria. Esto no es mi interpretación de los hechos, sino el discurso explícito que se da en los debates de los movimientos sociales, tal como ha sido documentado en el espléndido libro reciente de Jeffrey Juris sobre el tema. O sea, la disolución del Estado y la construcción de una organización social autónoma a partir de personas y grupos afines, debatiendo, votando y gestionando mediante la red interactiva de comunicación. ¿Utopía? No, ideología. Acuérdese de la distinción: la utopía prefigura el mundo deseado. La ideología configura la práctica. Con la utopía se sueña. Con la ideología se lucha. El anarquismo es ideología. Y el neoanarquismo es un instrumento de lucha que parece adaptado a las condiciones de la revuelta social del siglo XXI. Bueno, uno de los dos instrumentos. Porque mientras el anarquismo clama, como hizo siempre, “ni Dios, ni Señor”, su principal competidor en la resistencia al capitalismo global se funda en el reconocimiento de “Dios como mi único Señor”. Frente a un capitalismo global fuera de control, y mientras el socialismo se instala en la jubilación, la resistencia surge de la oposición contradictoria entre fundamentalismo y neoanarquismo.

Inconformes

Insumisos e inconformes. Son los llamados antisistema. Son, ni más ni menos, ciudadanos que se oponen al sistema político-económico vigente. Otra cosa es que siempre hay algunos pocos violentos que aprovechan la situación de confusión para provocar o llevar a cabo directamente acciones violentas (de baja intensidad, eso sí). Y a menudo son tan ajenos a la movida real que incluso son policías de incógnito. Y es que los medios, el sistema, se complace en señalarles y destacar su violencia a la vez que les relacionan con los pacíficos, con los que tienen las cosas muy claras y que estarían muy dispuestos a dejarse oír si los medios se propusieran entrevistar a algún representante de estos “antisistema”. Pero los medios no quieren que se les oiga, porque tienen miedo de lo que puedan decir.

Lo cierto es que tienen muchos, muchísimos motivos para estar contra el “sistema”. Lo cierto es que muchos, desde la comodidad de nuestro sofá, les admiramos por su valentía y nos avergonzamos un poco de nosotros mismos, por nuestra cobardía.

Por cierto, señores políticos, señores banqueros, “grandes” empresarios: que la huelga no haya sido tan contundente como temían que fuera no es señal de que la gente esté tranquila, ni conforme, ni que no estemos muy cabreados con este patético gobierno y sus lamentables políticas de ajuste, ni con la escandalosa transferencia de riqueza desde las clases populares a los más ricos.  Lo que pasa es sólo que estamos hartos también de los grandes sindicatos, que callaron cuando no deberían haber callado y que hicieron su papel tarde y mal, con la boca pequeña, cuando ya sabían que estaba todo perdido. Estamos hartos de su hipocresía y por ello muchos no hemos apoyado la huelga.  Y porque no creemos que la única protesta posible dependa de estas grandes y poco transparentes organizaciones.

Todos los sensatos, inconformes, esforzados ciudadanos que anhelamos un futuro mejor, no sólo para nosotros sino para nuestros hijos, deberíamos declararnos “antisistema”.

¿Somos ciudadanos libres?

No es una pregunta para tomar a la ligera.  Cuando se acercan unas elecciones, o un hecho como una huelga general, cabe planteársela seriamente.

Si se discurre lo suficiente (o quizá no demasiado aún) es posible llegar a las siguientes conclusiones:

–           Si bien en apariencia podemos elegir entre diversas opciones vitales, el propio Estado y el sistema económico vigente que lo alimenta (en más de un sentido) acota y limita estas opciones en función de sus intereses y en perjuicio de los intereses de los ciudadanos. (la economía requiere del “sacrificio” del individuo para su propia supervivencia).

–           Para lograr ampliamente ese “control” no se recurre a ningún modo de coerción violenta, pero si a un relativamente sutil modo de “programación” que consiste en fijar en la mente del ciudadano unas premisas perversas que “bloquean” su mente.

–           Estas premisas consisten en valores equivocados que se nos graban a fuego: la competencia y competitividad, frente a la colaboración; el esfuerzo y el sacrificio, frente al poder creativo de la mente; el trabajo como valor en sí mismo, (casi sagrado, según quienes no han trabajado en su vida). De estos valores emanan otros muchos, de carácter secundario, que impregnan por entero nuestras vidas “normales”.

La educación, pese a las apariencias de cambio, continúa siendo autoritaria, vertical, monofacética, programada y rígida.  No obstante los maestros son funcionarios que únicamente cumplen su función, que no es educar como algunos equivocadamente puedan creer, sino instruir.

Se concede hipócritamente a la familia la “responsabilidad” de la educación, pero a ésta no se le concede apenas “tiempo” para llevar a cabo esa importantísima función. Las largas jornadas de trabajo, con sus correspondientes desplazamientos, y las largas jornadas escolares, repletas de instrucción superflua y muy carentes de casi todo lo que realmente necesita un niño aprender, impiden en la realidad que exista otra educación que no sea  la instrucción escolar y su educación temprana en la competencia y el esfuerzo, arrinconando desde la tierna infancia las capacidades creativas y los valores cooperativos.

Por si fuera poco, un tiempo considerable de televisión, grabará en la mente del niño otros “valores” insidiosos ( como la felicidad que proporcionan los objetos y el dinero) además de reforzar los demás valores básicos (competencia, fuerza, etc.).

Algunos padres realmente sí se implican, pero es fácil que en gran medida sólo logren reforzar las pautas mencionadas, ya preprogramadas en sus propias mentes. Es el clásico ejemplo de los progenitores que imponen una férrea disciplina para amoldar las capacidades y caracteres de sus hijos a los estándares y patrones “normales”.  De este modo, en lugar de permitir e incluso apoyar y reforzar las habilidades sobresalientes de los niños, se deja de lado aquello en lo que ya son buenos y se “insiste despiadadamente” en los puntos en los que no están a la altura. Con ello se logra una mente media (o mediocre) y se arruina cualquier posibilidad de expresar otros modos de inteligencia, a la vez que (lo más importante) se impide que el niño-niña sea feliz.

Pero la felicidad: ¿acaso se contempla en el PIB?

¿Qué hay que arreglar, exactamente?

La curiosa, sospechosa y pretendidamente animosa campaña estosololoarreglamosentretodos.org es una de esas campañas –cada vez más frecuentes-  que toma por tontos a los ciudadanos-consumidores-votantes-contribuyentes-sufrientes de este país. No sabemos exactamente qué es esto (de qué hablamos, exactamente), ni quienes somos todos (porque los de siempre se escaquean, seguro), ni por qué dicen que solo se arregla entre todos (¿acaso ahora que -ellos- la han cagado bien cagada esperan que la maltrecha clase-media-trabajadora les saque las castañas del fuego, como siempre?).

“Esto” merece un análisis más en profundidad, un poco más allá del bobalicón sentimentalismo de hincha futbolero, dispuesto al sacrificio por el amor a su “equipo”.

Para empezar, “todos”no jugamos en el mismo equipo. Que no nos metan a todos en el mismo saco, cuando unos se beneficiaron durante años del sobreconsumo, del sobreendeudamiento y de la especulación; y otros sólo las vimos venir (o ni eso) sin poder hacer nada ante los ataques y abusos de unos y otros.

La forma de arreglarlo que se insinúa (ni tan sólo se atreven a decirlo abiertamente) es un continuar con la música como si aquí no pasara nada (esto me recuerda el hundimiento del Titanic). La música, cómo no, es el consumo a lo tonto, de cacharrería varia y servicios diversos, como coches nuevos, vacaciones en la costa, móviles y teles, servicios de pago, ocio, etc, a pesar de las incertidumbres y nubarrones que tenemos sobre nosostros. Y una resignación ante la adversidad sobrevenida “fortuitamente”.

Cabría preguntarse antes de nada qué es lo que pretendemos salvar, y de qué. Porque, pensando un poco en el tema, no es difícil darse cuenta de que la economía ya iba muy mal cuando según “ellos” iba todo viento en popa. (Y me huele que quieren volver a meternos en el mismo redil de antes). Sólo que ahora los perros ovejeros se hicieron viejos y perdieron vista y las ovejas están más resabiadas, con lo que no van a funcionar las mismas fórmulas de siempre. Por eso, ahora “ellos” (gobiernos, banca, multinacionales, financieros, etc.) van a jugar más duro que ayer. Porque la comedura de coco sólo es la parte suave del “tratamiento”; una parte muy eficiente, porque puede reducir el costo de la parte dura de la solución. (lo cual no es nada nuevo: la Gestapo y las SS ya sabían cómo actuar con eficiencia).

Salvar la sociedad de consumo y las jerarquías económicas y políticas es perpetuar los grandes problemas sociales y ecológicos de nuestra sociedad y nuestro mundo, que son los auténticos problemas que afrontamos, y no la caída de la demanda, la confianza empresarial, o la recaudación fiscal. Ocultar lo clamoroso es la verdadera labor de quienes orquestan estas patéticas campañas. Obsesionarnos con los datos macroeconómicos es el objetivo de quienes se benefician de una economía “sana” por encima de una sociedad sana.

Contra tanta chorrada, permitidme sólo un poco de lógica filosófica económica:

  1. La economía es la ciencia de la producción y la redistribución social de la riqueza producida.
  2. La redistribución eficiente de la riqueza producida permite el acceso de la población a los bienes y servicios.
  3. Por tanto, el buen funcionamiento de la economía implica la maximización de la felicidad social, dados unos recursos determinados.

Esto, claro, es la teoría, siempre inmaculada.

En la práctica, las fuerzas del mercado y de la política, que son relativamente visibles (contra lo que dicen ciertas teorías interesadas), actúan a favor de la concentración de la riqueza y la desigualdad, valiéndose de medios tan “sutiles” como la alienación y la pura coerción, para que la gran mayoría (silenciosa, sumisa, asustada, humilde, sacrificada y arrinconada) cumpla su papel de siempre ( producir, consumir, votar, contribuir -pagando impuestos-, obedecer y callar). Y ésta es la triste realidad, al menos la que hemos tenido hasta hoy.

Por ello, si “esto” al final no lo salva ni Dios…, pues vaya tú, que mala suerte; algunos es posible que aprendan lo que es el trabajo de verdad, y no puedan seguir viviendo del cuento (de los demás, más precisamente). Un cuento muy aprendido, que va de democracia representativa y de libre mercado (aunque realmente no tiene nada de libre).

Las causas y las excusas

Las noticias (también aquellas que no podemos evitar oir) nos causan desasosiego. No tanto por las propias noticias, mayormente de catastrofes, desgracias, desdichas e injusticias; que parecen noticias patrocinadas por el fabricante de Prozac. También por ello, sí, pero sobre todo causan desasosiego porque son noticas que parecen recogidas por dementes y explicadas a retrasados. ¡Y lo peor es que aparentemente se crea debate serio en torno a ellas!

Dicen por ahí que el sentido común murió. Añadiría que la capacidad de análisis está en coma profundo, pues no parece haber actividad cerebral propia del estado de consciencia.

Lo curioso es que la gente – algunos al menos – individualmente muestra signos de inteligencia. Pero colectivamente el nivel del discurso se ajusta, por parte de los medios, de modo que la “audiencia” se maximice (aunque a costa de minimizar el valor y complejidad del contenido), con lo cual se nos trata como a deficientes mentales. Los políticos son un caso especial, pues se han habituado tanto a la presencia de los medios de comunicación que ya entre ellos hablan como si no les quedaran muchas neuronas sanas o enteras.

Y los periodistas se ganan la vida como les permite su vilipendiada profesión.

Por ellos algunas noticias no son noticia y otras -que no pueden ocultarse del todo-, al menos se degradan al rango de mero suceso anecdótico.

Pero también podríamos hacer noticia de los sucesos, al menos de los más relevantes, como las catástrofes.

Una de las más recientes catástrofes, en este caso genuinamente artificial (aunque todas lo son en cierto modo) es el accidente de la planta de energía eléctrica de Connecticut (U.S.A.), que estaba en construcción

Una explosión de gas de enorme potencia se llevó la vida de al menos ¿¿cinco trabajadores?? y causó graves heridas en decenas de ellos. Sobre las causas “investigan”. Aunque en realidad no hay mucho que investigar, y si quisieran conocer las circunstancias podrían hacerlo si demasiada dificultad preguntando entre el personal superviviente (no entre los jefes de mayor rango, por supuesto).

Al margen de los detalles, se trata de un caso claro de puesta a prueba de las fórmulas economicistas más modernas, según las cuales la eficiencia económica es un valor absoluto, superior a todos los demás. Los números y las “estrategias” económicas marcan un trepidante ritmo de trabajo;  un trabajo eficiente que genera beneficio a las empresas, ingresos a la administración, y valor al accionista, aparte de un paupérrimo salario al trabajador que está a pie de obra, ignorante a menudo de lo que se cuece a su alrededor.

Ni los CEOs, ni los managers ni los accionistas que imponen plazos y velan por la competitividad sabrían nada -ni querrían- del agobio o cansancio de los trabajadores que llevaban meses aguantando jornadas maratonianas en un duro trabajo, realizado mayormente a la intemperie y en condiciones adversas. Los accionistas en particular no sabrán -supongo- en que condiciones trabaja un soldador, un tubero, un mecánico industrial o un auxiliar.

Claro que ¿a quién le importa?. A veces creo que sólo a las familias de las víctimas (si acaso).

Nos reperirán aquello del precio del progreso. No hay neuronas para más.

¿Televisión? No. Gracias

OK_dees

Existen buenas razones para no ver la TV. Todo lo que nos exige el televisor es encenderlo y sentarnos frente a él.. Mientras vemos la televisión no nos relacionamos con los demás, no leemos, no realizamos ninguna actividad creativa, no resolvemos ningún asunto pendiente, no jugamos, no pensamos por nosotros mismos y perdemos de vista lo que nos rodea.

La televisión utiliza trampas para atraernos. Se aprovecha de nuestra capacidad instintiva para estar alerta. Cualquier movimiento, cualquier cambio, atrae nuestra mirada. Sigue leyendo

El trágico hundimiento del Titánic

Hace unos días, durante un visionado parcial y repetido de la película “Titanic” del director James Cameron, me sorprendió advertir cómo de la brevísima historia del famoso barco pueden extraerse multiples paralelismos con el “hundimiento” del sistema económico (¿y político y social?) actual; realmente fascinante.

titanic

El Titanic fué concebido para satisfacer a los viajeros mas exigentes -en cuestión de lujo al menos-. Fué diseñado como el barco más seguro posible en su época, tanto que se permitieron dejar la cubierta más despejada en beneficio de la estética, pues creían que los botes salvavidas eran un elemento de seguridad relativamente superfluo en un barco así y afeaban demasiado la cubierta, por lo que no se instalaron todos los necesarios.

Su gran tamaño y su aspecto de hotel de lujo hacia creer a sus pasajeros – y lo que es peor, quizá a la tripulación- que su universo era el barco, y se olvidaban “casi” de que navegaban por un inmenso océano que podía albergar numerosos peligros. Sigue leyendo

Resistencia

Transporte-de-ganado

Pobres de nosotros. Somos víctimas y verdugos a la vez. Y no somos conscientes de ninguno de los dos papeles. Es más: creemos que tenemos cierto control sobre nuestras vidas. Bueno, algunos quizá sí, pero no la mayoría. Ésta se tiene que conformar con vivir una fantasía de libertad, de placer sintético, de satisfacción física más bien; algo así como la satisfacción del ganado estabulado al que se le infla de pienso, hormonas y antibióticos, y al que probablemente ésta satisfacción primordial (o saciedad) le produce endorfinas, procurándole una tranquilidad necesaria para que engorde y crezca, se desarrolle y se convierta finalmente en un producto estandarizado, de peso adecuado, listo para su transformación en productos cárnicos que serán introducidos en la cadena de comercio de nuestro mundo desarrollado.

Algo parecido sucede con el género humano: somos educados para competir, producir, adaptarnos y aguantar. Nuestro talento se deberá prostituir (ni siquiera sacrificar)  por el mezquino dogma libremercantilista, por el credo del desarrollo sostenido (e insostenible, pero qué más da) que está dispuesto a acabar con la dignidad humana a cambio de un poco más de crecimiento económico.

Peor aún. Los humanos no somos simplemente víctimas: muy a menudo también somos verdugos de nuestros congéneres, pues aceptamos participar en el juego impuesto en el que le competencia del todos contra todos se toma muy en serio. Si para ello hemos de actuar, participar, colaborar, callar, aceptar, o simplemente fingir que aceptamos, todo ello a sabiendas de que dañamos a alguien o a muchos, lo haremos con tal de que recibamos nuestra nómina mensual. Lo haremos por nuestros hijos. O por nosotros mismos, no seamos tan hipócritas.

Pero tampoco nos hagamos las víctimas. Podemos enfrentarnos a la dura realidad con algo más de coraje. Reconozcamos que nos quieren dominar unos malditos bastardos, y que éstos han convencido a muchos zombies para que participen en el juego y les apoyen.

La buena noticia: no son necesarias armas de fuego para enfrentarse. Ejerzamos la resistencia con el intelecto; el arma más poderosa y temida por los gobiernos tiranos ( me pregunto si los hay que no lo sean ).

Quizá si nos atrevemos a desenchufar la tele cuando emitan estúpidos realitys, los gallineros de las noticias rosa, los espacios desinformativos o cualquier otra bazofia habitual. Quizá si dejamos de hacer caso de los medios de comunicación y su adulteración de la realidad, ya sea por medio de radio, prensa o televisión; o si dejamos el cine para ocasiones especiales. Quizá entonces tengamos alguna oportunidad de empezar a pensar con la cabeza clara, despejada, lista para que entren ideas de verdad, para que la creatividad se dispare, para que podamos aprender a ser libres. Porque la libertad, la auténtica libertad, nace en nuestras mentes, no nos quepa duda.

Os invito a ser libres por medio de la resistencia. El esfuerzo valdrá la pena.

La magia de pensar a lo grande.

bichos

Texto extraido del libro de mismo título de DAVID J. SCHWARTZ.

Cree en ti mismo y las cosas buenas empezarán a pasar.

Tu mente es una “fábrica de pensamientos”. Es
una fábrica muy ocupada que produce innumerables
pensamientos cada día.

La producción en tu fábrica de pensamientos está
a cargo de dos capataces. Uno se llama Señor Triunfo y
el otro Señor Derrota. El primero está a cargo de la
fabricación de pensamientos positivos. Se especializa en
producir razones que te digan: tú puedes, tú estás cualificado,
tú podrás.

El otro capataz, el Señor Derrota, produce pensamientos
negativos y depresivos. Es un experto en desarrollar
razones que te digan: tú no puedes, tú eres
débil, tú eres inadecuado. Su especialidad es la cadena
de pensamientos del “no lo lograrás”.
Ambos son obedientes. Prestan atención inmediatamente.
Lo único que tienes que hacer para captar
su atención es estar a su disposición y enviarles señales.
Si las señales son positivas, el Señor Triunfo empezará
a trabajar. Si por el contrario son negativas, el que se
pondrá manos a la obra será el Señor Derrota.
Sigue leyendo

La superación inevitable

emboscado

Estamos entrando en una nueva época, mal que les pese a algunos. Nueva, a pesar de que se venían adelantando acontecimientos desde hacía algunos años. Pero hasta la fecha sólo parecían pequeños elementos aislados; en cambio ahora es algo mucho más importante y amplio, probablemente sea inevitable un auténtico Cambio con todas las de la ley.

De momento lo llamamos “crisis” pero terminará siendo mucho más que eso. Será una época de ajuste severo de la forma en que nos relacionamos con nuestro entorno, así como de las relaciones sociales y económicas, de eso no me cabe duda,…si bien también puedo equivocarme.

Llegar a “solucionarlo” requerirá entenderlo mejor, mucho mejor que ahora. Y no será fácil, pues los medios de comunicación de masas difundirán información con poco o ningún valor, quizá con el efecto de crear una confusión aún mayor, lo cual, desde luego, es lo que han venido haciendo siempre. Entender supondrá un importante esfuerzo y apertura mental.

En el aspecto económico se pretenderá salir del atolladero iniciado por la sinrazón de las finanzas globales con dosis mayores de la misma medicina macroeconómica y monetarista de siempre. Igual de absurdo es que se trate de combatir el paro con mayor productividad (que es en esencia lo que destruye el empleo), compitiendo en el mercado global con los países cuyos ciudadanos son poco más que esclavos. O que se pretenda incrementar el consumo fomentando un endeudamiento creciente, reduciendo a la vez la carga salarial de las empresas y con el fin de mejorar los beneficios de éstas. Más difícil todavía: todo ello ha de llevarse a cabo mientras la burocracia de los estados se multiplica, el gasto público se dispara y la población aumenta sin cesar impulsada por la inmigración de ciudadanos necesitados de la ayuda de un estado protector.

Otro acierto, en este caso obra de sagaces analistas, asiduos invitados de las telecutreces y radiotontadas, es culpar del desempleo juvenil a la falta de profesionales adecuadamente formados, justo cuando la tasa de universitarios es la mayor de la historia y cuando los titulados no consiguen un empleo en el que aplicar sus recién adquiridas aptitudes técnicas o bien estas no se remuneran lo suficiente para disuadirlos de escoger una birria de empleo con mejor salario y puede que también mejor horario.

No es difícil llegar a la conclusión de que los políticos de todo el mundo desarrollado lo están haciendo mal, muy mal; de hecho lo hacen requetemal en casi todo, ya sean liberales, demócratas, socialdemócratas, socialistas, comunistas, republicanos, o tiranos, da igual. Lo hacen mal en economía y en política energética e industrial, agrícola, del transporte, o educación, de salud e inmigración…, no soy capaz de encontrar ningún ámbito en el que el acierto sea digno de mención. Quizá el mayor acierto es que los servicios secretos logren evitar -de momento- guerras y grandes atentados: pero esos hechos concretos… eso quizá nunca lo sabremos.

Cambiar de lo nefasto a la utopía posible no es imposible: hemos de hacer que nos dejen de joder. A ver si nos entra en la mollera, que esto ya nunca será lo que era.

Como para aceptar lo nuevo debemos deshacernos antes de lo viejo, y dadas las fechas señaladas en las que nos encontramos, quiero hacer un regalo a los sufridos y pacientes lectores – de haberlos -que hayan llegado hasta aquí. Se trata de un gran libro; de los que pueden servir para salvar lo que queda en uno de sentido común, o de desviar nuestro trayecto hacia la absoluta idiotez, respecto al tema del trabajo y el empleo que hoy se pretende salvar por parte de nuestros insufribles representantes políticos.

Es un auténtico best seller que conmocionó Francia en su día, y se tradujo a una veintena de idiomas ya hace una década. Para su autora fue el gran libro de su vida, y supuso, según sus declaraciones, un esfuerzo intelectual muy, pero que muy importante. A pesar de la importancia del libro, éste tiene poquitas páginas; es de los que se leen rápido y fácilmente, si bien con apasionamiento y cierto dolor en el corazón. Por supuesto, es de esos pocos libros que a mí me causaron huella. Os lo quiero acercar, para que comprobéis hasta qué punto el sistema económico se basa en un disparate horrible. Quizá es nada menos que el meollo de todo el mal social del llamado abusivamente mundo desarrollado, y sin embargo la mayoría de los políticos tratan el tema del empleo con la misma absoluta falta de comprensión y sentido común con que tratan todo lo que tocan.

Podéis descargarlo desde el “Box” que está en este blog, bajando a la derecha. Sólo hay que escoger el archivo a descargar y carpeta de destino.

El horror económico. De Viviane Forrester.

Sobre masculinas ministras y el reparto del trabajo

Divagando acerca del reparto de carteras ministeriales del nuevo gobierno de España me dio la impresión de que al sistema mercantilista del libre-capitalismo le sienta muy bien el socialismo adulterado que trata de hacerse pasar por progresista. Me explico: para que unos pocos sigan acumulando pasta gansa a costa de las penurias del resto sin que estos últimos relacionen su “mala suerte” con la “buenísima suerte” de los primeros y se cabreen en consecuencia, se debe crear un caldo de cultivo adecuado al desarrollo del mercado y la lucha de todos contra todos. El libre mercado requiere la adaptación de la psicología del ciudadano-trabajador-consumidor de tal manera que se justifique, entre otras insensateces, la competencia despiadada para alcanzar objetivos “supremos” como el crecimiento empresarial, la mejora de las cuentas de resultados o unos atractivos dividendos para el accionista. Y los partidos “pseudo-rojillos” se ocupan a las mil maravillas de convencer al ciudadano de lo que es progreso y lo que no.
Sigue leyendo

Antenas de telefonía móvil

antene-camuflada.jpg

Decir que no podemos escapar a la influencia tecnológica es una verdad literal. Al menos en muchos aspectos de nuestra vida diaria. Tal es el caso de las microondas de telefonía móvil, ya que estas nos alcanzan allá donde nos encontremos, hagamos uso o no de un teléfono móvil, o incluso cuando creamos no estar en las cercanías de ninguna antena.
Sigue leyendo