Crónicas Neerlandesas – 1: Cochecitos eléctricos quemando rueda, abuelas ciclistas en la ciudad de la perdición, y paraguas aerodinámicos para claustrofóbicos

 

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Estilo típico de abuela neerlandesa para subir o apearse de la bici

 

Cuando, en el 2014, visité Amsterdam (la ciudad legendaria del libertinaje y del XXX), a la vez que otras grandes ciudades de Holanda como Den Hagen (La Haya) y Rotterdam, me sorprendió -entre otras cosas- ver tantos coches eléctricos, ya fuera circulando por el centro o estacionados mientras recargan las baterías en tomas de corriente públicas. Tres años después (en 2017) se ven muchos más.

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Las dulces mentirijillas de Navidad

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La Navidad es una fecha mágica para los niños (y para algunos adultos también): vacaciones, celebraciones familiares, adornos navideños, regalos, dulces … Lástima que la ilusión no dura mucho para la mayoría; en pocos años los niños averiguan la verdad sobre los regalos, y los demás… quizá algunos años más tarde también llegan a averiguar que el resto de tradiciones se sostienen por la ilusión colectiva y unas cuantas mentirijillas piadosas.

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Igualdad entre sexos

La comodidad ante todo

La comodidad ante todo

La revista Men’s Health, en un artículo acerca de curiosidades sobre el pene, se refiere a la injusta desigualdad sobre los orgasmos humanos en su Fact number 4,  explicando la siguiente perla:

The average male orgasm lasts 6 seconds. Women get 23 seconds. Which means if women were really interested in equality, they’d make sure we have four orgasms for every one of theirs.

“La media del orgasmo masculino es de 6 segundos. El de las mujeres es de 23 segundos. Lo cual significa que si las mujerres estuvieran realmente interesadas en la igualdad, se asegurarían de que tuviéramos 4 orgasmos por cada uno de los suyos”

Invertir en apostar: ¿una jugada maestra?

¿ruleta rusa?

Los Reyes Magos se juegan el oro, el incienso y la mirra a la ruleta

El juego de azar podría llegar a convertirse en breve plazo en un sector de la economía estratégico en este vilipendiado país llamado España, si prosperan los macroproyectos Eurovegas y Barcelona World, en Madrid y Tarragona respectivamente (sí, Tarragona, es correcto).

Las apuestas de todo tipo (bingos, casinos, máquinas tragaperras, loterías, quinielas, bonolotos, primitivas, poker online, etc.) se han reconocido como un modo eficaz de recaudar y exprimir (aún más) a la clase trabajadora. El Estado mira para otro lado por si accidentalmente asoma la mala conciencia al recordar las miles de personas y familias a las que esta adicción causará sufrimiento, e incluso la ruina económica en muchísimos casos. Pero como hacen también las mafias, no se hacen demasiadas preguntas por el origen de los ingresos si estos son fluidos y constantes.

En este caso, si bien la inmoralidad de estas especiales actividades económicas podrían recordarnos los negocios de la famosa organización siciliana, podemos quedarnos tranquilos; todo resultará perfectamente legal, aunque para ello se modificarán leyes, normativas y disposiciones de todo tipo con tal de adecuar nuestro inflexible país a este nuevo sector estratégico tan dinámico y moderno. Pero no viene ya de aquí: en España son tradicionales ciertos sorteos “extraordinarios” asociados a días tan señalados como el de Navidad o el Niño (Jesús), que mezclan el sentimentalismo navideño con el juego (de azar), como si comprar o regalar un décimo fuera la cosa más noble y cristiana que puede hacerse por estas fechas.

No contentos con esta forma tan “ingeniosa” y cruel de recaudar a costa de la debilidad psicológica de la población, se plantean estos macropelotazos inmobiliarios para construir unos complejos de casinos y salas de máquinas tragaperras (escurabutxaques -escurrebolsillos- en catalán) diseñados bajo unos criterios a medio camino entre campo de concentración, gran centro comercial y parque de atracciones temático. Una forma hábil de coerción que obligue a dejarse el doble o triple de la pasta que los visitantes ingenuamente presupuesten para sus “vacaciones”.

Es muy probable que económicamente (para el conjunto del país o la ciudadanía) resulte -de llevarse a cabo- una inversión tan acertada como lo está siendo el AVE. Sin embargo, igual que en el caso de este moderno tren, la construcción de estos hoteles-casino-complejos repartirá plusvalías entre un selecto grupo de actores económicos, estratégicamente posicionados.

Pero no todo sería tan negativo; también se crearán algunos puestos de trabajo; aunque no de sectores de la alta tecnología ni titulados superiores (sí algún director de casino u hotel) y las mayor parte de los empleados podrían ser “de importación” (como la clientela). Además, los ingeniosos dueños del negocio calculan que los empleados de salas de juegos -como los croupier- podrían percibir buena parte de sus emolumentos directamente de los clientes, en forma de propinas, por lo que no será necesario pagarles demasiado, aunque tampoco cotizarán mucho. Y por si creían que al menos las arcas públicas engordarán un poco a costa de los casinos, recordar que se baraja rebajar el porcentaje aplicado a las apuestas a un tercio o menos del actual.

El tema da para mucho más, pero no quiero abusar ni crearles mala sangre (con la mía ya es suficiente). Además, aún con todo lo esperpéntico del asunto, cabe considerar que las posibilidades de éxito del “negocio” sean tantas como en su día las tuvo el Gran Scala que se planeó en el desierto de los Monegros, en la provincia de Huesca. Por tanto, quizá no debamos preocuparnos tanto. Por si acaso; hagan sus apuestas, señoras y señores.

Ayer fue Navidad

Clement of Alexandria

Sí, como lo oyen, ayer pudo ser Navidad… y ni me acordé.

En el siglo III, Clemente de Alejandría propuso el 20 de mayo como día del nacimiento de Cristo. Jesucristo pudo no nacer un 25 de diciembre… La verdad es que nadie sabe con certeza la fecha de la Navidad. La Iglesia católica escogió esta fecha en los tiempos en que eran perseguidos por los romanos: 25 de diciembre era la celebración del Natalis Solis Invicti, el Sol Inconquistable. Amenazados por los cultos paganos, los cristianos decidieron utilizar la misma fecha para festejar su Navidad, aparentando de este modo que se integraban en las celebraciones romanas.