“Decidí salir del armario”

CIMG1154

Ésta es una expresión que normalmente se aplica para describir la decisión de mostrar públicamente una homosexualidad que hasta entonces se ha mantenido oculta. Los motivos para ocultar la homosexualidad, que ahora empieza a percibirse en muchas sociedades como normal, podían ser varios: miedo a una opinión fuertemente contraria, rechazo social, rechazo incluso de padres y hermanos.

Si lo analizamos, el hecho de que los homosexuales se ocultaran (y muchos aún se oculten) es un síntoma de una sociedad enfermiza. Pero lo rechazable no es la tendencia gay (of course), sino la hipocresía social debida a algunos individuos marcadamente intolerantes que provocan ese miedo en algunas minorías.

Y el caso de la intolerancia hacia diferentes tendencias sexuales es más o menos evidente, pero hay otras intolerancias que no son tan fácilmente reconocibles. Cualquiera que decida vivir de una forma diferente, o no se amolde a los patrones marcados entre los estrechos límites impuestos por lo “normal” y lo “decente” corre el peligro de ser estigmatizado del mismo modo que un gay lo era (o es) cuando decide vivir con alguien del mismo sexo. Es el caso del que abandona un empleo fijo y bien pagado para irse a vivir a una comuna, o la chica (o el chico) de buena familia que no se quiere casar, o el que abandona la carrera de abogado (o ingeniero, o médico, o lo que sea) porque cree que esa vida no es para él. Yendo un poco más lejos, también es mal visto o es sospechosamente peligroso el que no cree en la democracia y no vota nunca, el que no cree en Dios (o en algo alternativo) el que lleva el pelo demasiado largo, o demasiado corto, o demasiado colorido, el que rechaza la autoridad competente (por incompetente), el que voluntariamente no ahorra y se conforma con poco, y el que no tiene coche porque no le apetece, o vive como un monje teniendo dinero para vivir “bien”, o el que no es hincha de ningún equipo de fútbol o el que no se emociona con ningún himno ni bandera, etc, etc. Parece ser que si uno no es como el personaje standard, tan bien definido por la publicidad (caprichoso de todo lo que se vende, consumista, aburrido, idiotizado, manipulable, decente, guapo, corriente…) es uno sospechoso de rebeldía antisistema.

Pero quien más quien menos se deja llevar por ese miedo y practica esa hipocresía light de amoldarse a las masas tratando de no llamar la atención.

Todos somos algo cobardes (unos mucho más que otros) y practicamos el engaño y el camuflaje. Pero algunos, especialmente cobardes e hipócritas, no se conforman con pasar desapercibidos; estos tratan de mostrar su normalidad poniendo a raya a los que se salen de la vereda. Estos ya tienen la piedra en la mano y están dispuestos a lanzarla a la primera oportunidad. Más nos vale no estar en su punto de mira.

Lectura Basura

Pildora roja

No creas en nada meramente por la autoridad de maestros, mayores u hombres sabios.

No creas en nada, ni siguiera porque lo haya dicho yo. Cree solamente después de cuidadosa observación y análisis, cuando encuentres que concuerda con tu razón y que conduce a lo bueno y al beneficio de uno y de todos…

Entonces acéptalo y vive según ello.

Buddha

Sin ser demasiado conscientes, casi inadvertidamente, estamos enfermando; y no poco a poco sino a pasos agigantados. La comida chatarra (comida basura), los aditivos, el azúcar y las harinas refinadas, las grasas “malas”, etc. tienen parte de la culpa. Pero como no solo de pan vive el hombre, también lo que nos entra por los ojos y oídos, la excesiva información (a veces adulterada) que apenas somos capaces de digerir, también nos está envenenando. Las abundantes malas noticias, la inoculada impotencia, el victimismo campante, el “irracional razonamiento” político, los tóxicos contenidos en la prime time televisiva, las tertulias de (…), etc, etc., pueden acabar con nuestra salud mental antes de que la comida basura acabe con nuestra salud física.

Ante este panorama tan amenazador, ¿que podemos hacer? Además de comer más sano, quiero decir.

Lo más fácil, que suele ser también lo más inútil: quejarnos en privado, entre amigos y conocidos; votar a otros diferentes la próxima vez, hacer zaping, cambiar de diario…

Algo más costoso, pero también un poco menos inútil: discurrir sobre los problemas sociales y escribir las conclusiones en algún medio público (cartas al director, un blog, etc.), enviar un poco de dinero a una ong que nos seduzca, consumir con algo de criterio cívico y ecológico, no encender la tele en prime time, etc.

Mucho más comprometido, pero también mucho más eficaz: participar activamente en alguna asociación de las que pretende cambiar el mundo; trabajar en algo en lo que se cree (quizá no buscar el trabajo, sino más bien crearlo); comprometerse con cada acción, escrito y compra con unos principios propios. (No como Groucho Marx: “Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros”).

Respecto a esto de los principios, pese a la buena voluntad por sacrificarse por el bien común, podría haber un problema: hay que ir desarrollándolos lenta y penosamente, pues no se venden ya cocinados. Requiere tiempo y dedicación en forma de lecturas reflexivas y lucha contra los prejuicios. Y otro problema suele ser que pocas personas, ni aún los profesores de literatura, suelen aconsejar las lecturas más inspiradoras y adecuadas a los jasp, que son como esponjas de lo bueno y de lo malo.

Para empeorar el tema, no vivimos entre sabios; los más potentes medios de comunicación de masas no facilitan en absoluto que los sabios puedan expresarse. No parece interesar que la gente reflexione. Solo interesa manipular las intenciones de compra y de voto, y mantenernos ignorantes y temerosos. Incluso entre los que ya no ven tele, mucha gente se culturiza entre tuits y sloganes marketinianos de blog barato. Y los libros no siempre son mucho mejores que la tele. Los “buenos” no están entre los best sellers

La buena noticia es que probablemente ya sospechabas que algo no encajaba, que tu vida no tenía el sentido que se supone que debería tener, y que -como Neo- aún puedes elegir la píldora roja

Un campesino filósofo y sabio

sobriedad feliz

Unas escogidas frases de un libro muy especial, Hacia la sobriedad feliz, de Pierre Rabhi, un sabio filósofo que nació en Argelia en 1938, que aprendió a cuidar de la tierra, y que empezó a pensar en lo que hacemos con la Tierra, nuestro planeta:

¿Qué planeta vamos a dejar a nuestros hijos? ¿Qué hijos vamos a dejar a nuestro planeta?

El planeta Tierra es, hasta ahora el único oais de vida que conocemos en el seno de un inmeoso desierto sideral. Cuidarlo, respetar su integridad física y biológica, aprovechar sus recursos con moderación, instaurar en él la paz y la solidaridad entre los humanos, en el respeto  de toda forma de vida, es el proyecto más realista y magnífico que pueda haber.  

De la Introducción al Movimiento por la Tierra y el Humanismo

Para que los árboles y las plantas puedan florecer,

para que los animales que se alimentan de ellas crezcan,

para que los hombres vivan,

hay que honrar la tierra.

Si queremos garantizar la perennidad y el florecimiento de la especie humana en el planeta, debemos construir nuevos modelos de sociedad que pongan al ser humano y la naturaleza en el corazón de las prioridades. En primer lugar, esta sociedad perenne debe alimentar de forma sana a su población, preservar y regenerar el medio natural y volver a crear un vínculo entre los seres humanos y la naturaleza, con el interés que impone a nuestra conciencia, de la forma más rigurosa, la suerte de las generaciones futuras.

Pierre Rabhi

Vídeo

Un crimen legalizado

“Aburrir en clase de física es un crimen”. Desde la tarima de un aula de ciencia del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts) Walter Lewin, mediante vistosos y curiosos experimentos, no sólo dejará una huella indeleble en sus alumnos, sino que les despertará la fascinación que a todos nos debería producir el conocimiento científico.  “Muchos profesores piensan que lo principal es dar mucha materia en clase -subraya-. Es un error, porque poco de lo que te enseñan en el aula te sirve luego para la vida real”.  Ha grabado las clases y colgado los vídeos en el OpenCourseWare