Menos es más, o justo lo contrario

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No sé si por llevar la contraria de las tendencias o las mayorías, o a los tipos más inteligentes del momento, o porque soy raro, pero he llegado a la siguiente conclusión: las personas se afanan por conseguir muchas cosas en la vida, cuantas más mejor, y sin embargo, opino que no necesitamos más, sino menos.

Y no sólo me refiero a las cosas materiales que podrían fácilmente considerarse lujos, sino a muchas otras cosas, incluso las inmateriales.

Empecemos por algo verdaderamente provocador. Creo que necesitamos incluso menos estudios. Por ejemplo, los grandes avances en la historia de la tecnología se dieron cuando los inventores y cientificos no habían estudiado en ninguna facultad sino que eran personas verdaderamente creativas y habilidosas. Las primeras universidades eran de filosofía, medicina y leyes. La ciencia y las ingenierías vinieron mucho después; sin embargo hubo genuinos “ingenieros” mucho antes que escuelas de ingeniería.Y eso no es solo una cosa del inicio de la revolución industrial. En la revolución de internet participaron muchas personas que abandonaron las clases universitarias o ni llegaron a pisar la universidad. Y si acabaron no aplicaron apenas los conocimientos recibidos allí, porque de lo contrario no habrían avanzado tanto en campos nuevos.

La creatividad, sabiduría, la capacidad de ser feliz, son cosas que no se enseñan en las facultades, y los buenos sentimientos aún menos. Y la educación primaria, si bien más necesaria, no se libraría de la crítica, pues crea mercenarios, competitivos chicos solo preocupados por su cualificaciones

Menos energía. No es tanto cuestión de descubrir o desarrollar nuevas fuentes de energía, sino de aprender a utilizarlas con verdadero sentido común. No es cuestión ni tan sólo de ser aún más eficientes, sino de no empeñarnos en el consumo de cosas excesivas, inapropiadas o incluso inútiles.

En mi viaje por norteamérica me he fijado en varias obsesiones muy de moda. El tema del aire acondicionado, por ejemplo, del que a todas luces se abusa. Es ya como una droga de la cual necesitan cada vez más. Las casas son verdaderas neveras. Y no lo paran nunca, ni un momento. Aunque no haga apenas calor. Hablando de neveras, estas son gigantescas, y casi todo lo que se guarda en ellas es gigantesco (garrafas de leche de un galón, botes de margarina de medio galón, etc.). Y muchas de las neveras de aquí suelen tener un dispensador de hielo, porque a toda bebida se le pone mucho hielo.(menos al café, pues no tienen ni idea de lo que es un café con hielo).

Otra es el tema del automóvil, del que se abusa igualmente. Continuando con lo observado a este lado del Atlántico, aquí son muchos los necesitan, por algún extrano motivo, coches gigantescos. Los motores de gasolina de seis cilindros y 200 CV son la tónica. Por eso, con la gasolina a un precio en Florida de 2,80 $ por Galón (el precio actual) la gente se alarma de lo cara que es. Sin embargo, si lo pasamos a litros, como un galón equivale a 3,78 litros y un dólar a día de hoy son 0,91€: 2,80$ serían 2,54€, entonces estos 2,54 € entre 3,78 = 0,67 €/litro Pero la media aún es algo inferior según datos obtenidos en varias páginas de internet.

En España el precio medio a día hoy de la gasolina es de 1,28 €/litro, 1,47 en Alemania, 1,59 en Italia, 1,65 en Reino Unido.

Pero no por ello gastan menos en gasolina. Los coches son enormes, con ruedas enormes y las distancias aún más enormes. En ciudades como Miami, además, hay semáforos y atascos contínuos. Sin embargo la gente de clase trabajadora que vive aquí no puede (ni quiere) ni alquilar ni comprarse un apartamento en el centro. Actualmente estoy en una urbanización de Miami desde la cual llegar con transporte público al dowtown (centro) de Miami me toma una hora y media.

Hablando de excesos, muchas avenidas son de 4 y 5 carriles por cada sentido. Y sin embargo se llenan y hay atascos.

Pero, como ya dije, no todo lo que sobra es material. Creo que también sobran problemas creados artificialmente, debidos a un exceso de complicación en nuestras relaciones. Tanto aquí en Florida como en Curaçao me ha sorprendido lo comunes que son los abogados. Pareciera que cualquier cosa que uno haga requiera de los servicios de un abogado. Se anuncian en cualquier letrero, porla calle, en cualquier gacetilla, con mensajes bastante sensacionalistas.

Mirando para atrás, aparte de los servicios muy puntuales de una notaría, no recuerdo que en España y en la época de mis padres nadie contratara nunca a un abogado para demandar a nadie. Sin embargo aquí esto es hoy día algo frecuentísimo. ¿Te sirvieron la sopa demasiado caliente y te quemaste los labios? Demandas al restaurante por negligencia. No es de extrañar la psicosis que hay. La gente tiene pánico a que la demanden.

Los megacentros comerciales son otro ejemplo de exceso en el que no hay un poco de todo aunque hay demasiada oferta de cosas similares. Son grandes como hangares de aviación, pero no encuentras algunas de las cosas que tenía en el pequeño supermercado de barrio de tu ciudad en España. El precio depende del volumen, por lo que no pueden permitirse verdadera variedad. Para un español, acostumbrado a una gran variedad y calidad en los supermercados, es algo frustrante no encontrar -por ejemplo- más que una marca de chocolate negro (a precio desorbitado) o no encontrar un caldo de pescado con el que hacer algo parecido a una paella de marisco (tampoco es nada fácil encontrar gambas frescas, ni tan solo congeladas pero enteras). En productos frescos la variedad es menor que en los países “pobres” del Sur de Europa. Ah! Olvidaba el tema del pan, del que estaba acostumbrado a poder escoger entre una gran variedad de tamaños, tipos y formas. Con más o menos corteza, más o menos crujientes, recién hecho, etc. Aquí eliges entre pan de molde son semillas o sin semillas, de una marca o de otra, pero son casi iguales unos a otros. Y el precio, el doble. Sorpende un poco que siendo los impuestos mucho más bajos aquí, los precios finales son mucho más altos en la mayoría de productos y servicios de primera necesidad (especialmente alojamiento y alimentación).

Llegar a esta situación no ha sido un proceso rápido, sin embargo la buena noticia es que salir de ese circulo vicioso de consumo desmesurado sí puede ser rápido. Y claro, puede ser aún más rápido si es involuntario, pero ese es otro tema.

También en EE.UU. se dieron las primeras tendencias de reacción contraria al consumismo. Es el caso del downshifting, ahora llamado también austeridad voluntaria, o simplemente simplicidad. Los motivos para ello podían ser varios, pero en el caso de los downshifters eran ex-yuppies y profesionales bien cotizados que se habían hartado de su particular estilo de vida. Hay muchas tendencias que se oponen de un modo u otro al excesivo consumo, entre ellos los partidarios de la simplicidad, los del decrecimiento, e incluso los primitivistas, que van aún más allá, propugnando un retroceso en el desarrollo tecnológico.

Ultimamente trato de entender las posturas más encontradas; por ello creo que lo inteligente sería, una vez más, un punto a medio camino entre el desarrollismo y el decrecimiento, dejando de crecer en aquello que crea desigualdad y daña al medio ambiente, y creciendo en conocimiento y sabiduría, para crear un mundo más justo y feliz, y sin limitar la libertad individual más allá de lo razonable. La cuestión es, ¿cuanto es lo razonable?

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